05 jun. 2026

Jati ’i

Hace unos años escribí en esta misma columna algo que enojó mucho al destinatario y sus seguidores. Había dicho que Payo Cubas era el susu’a de la democracia paraguaya y cuyo efecto no había sido percibido en su real dimensión hasta los últimos comicios en que el número de votantes conseguidos por su partido apoyó el triunfo del Partido Colorado. Le pregunté a varios destacados médicos la diferencia entre un susu’a (Cubas) y un jati’i (Chaqueñito) y el doctor Pablo Martínez, decano de la Facultad de Medicina y ex rector de la UNCA, me dijo: “El susu’a no tiene boca, no se prepara para sacar el pus que tiene adentro por lo que habría que esperar un tiempo hasta que construya su boca y ahí se convierte en jati’i que ocurre cuando se observa la zona purulenta que le rodea.

“La fase previa del jati’i es el susu’a y cuando se ve la zona tumefacta y purulenta es cuando toma su nombre”. La explicación médica me pareció completar la idea en torno al senador Vera que desde la venta de asaditos en el costado de la Ruta Transchaco y varios seguidores en Facebook alcanzó un curul después de que la lista se corriera porque a quien sustituyó –Mbururu– había sido condenado a prisión por haber abusado de una menor. Lo concreto es el que el nacido aunque tenga boca sigue mostrando su acumulación de bacterias para la que no se han aplicado aún los medicamentos correctivos.

El cuerpo social y político genera este tipo de enfermedades a las que no le damos la trascendencia debida y creemos que solo son hechos folclóricos que permiten matizar la aburrida y reiterada práctica política de personas, personajes y partidos. El interior del órgano social que genera la proliferación de susu’a y jati’i se deviene de un grado de descomposición de la práctica política que en los hechos de corrupción de sus protagonistas parece ser la norma y no la excepción. La impunidad de una Justicia entregada a los mismos vicios y generadora de similares bacterias ayuda a que padezcamos todos las consecuencias de este terrible mal que deja morir a muchos en los hospitales, mantiene en la ignorancia por millones y nos hunde en la economía de guerra y de sobrevivencia. Mientras los antibióticos de la decencia, la ética, la justicia y la moralidad no emerjan entre nosotros el susu’a y el jati’i seguirán haciéndonos padecer en el sobaco, las entrepiernas y otros lugares poco ortodoxos. Creemos tontamente que es un problema epidérmico y le aplicamos formulas cercanas al payé cuando son manifestaciones cutáneas de un problema endémico que no queremos admitir su presencia.

Paraguayo Cubas es una anomalía de la democracia paraguaya y él lo sabe disfrazándolo de locura al ver que institucionalmente no somos capaces de curarnos de nuestros males. Protagoniza un acting cotidiano para distraernos y nos metió un aluvión zoológico que no cesa de protagonizar escándalos. Los sacó del fondo del vertedero social y los trajo frente a todos disfrazados de diputados y de senadores para representar una farsa decadente que estimula el fin de la democracia. Lo que no comprende es que la enfermedad muere con la persona. Ella no la sobrevive. Es un acto de suicidio en sí mismo y no le importa porque su objetivo era solo recrear la decadencia y no pararla.

Estas presencias purulentas nos deben decir bastante en torno a la situación en la que nos encontramos y permitir corregir en el acto electoral lo que nos cuesta mucho en la acción cotidiana. Nos duele como sociedad, genera un malestar con la democracia y solo creemos que es una cuestión epidérmica cuando, en realidad, es una síntesis de ignorancia, pobreza, altanería, decadencia y corrupción. Los antibióticos deben generar cura a estos males, pero los anticuerpos están lejos de ser desarrollados. La educación sigue siendo muy mala y el robo descarado de 6 millones de dólares diarios alimenta la putrefacción de un cuerpo social que sabe lo que le molesta, pero no lo logra entender el porqué.

A los susu’a y a los jati’i con boca o sin ella no hay que apretarlos. Hay que intervenirlos cuando los antibióticos ya no surten efecto. Recuerden, esto no es un problema de la piel al que se cura echándole humo de tabaco sobre la boca como con el pique, esto muestra problemas serios en el organismo social y superarlos solo será posible con una acción colectiva valiente y generosa.

Más contenido de esta sección