Los datos oficiales son preocupantes. Según el informe de la Dirección General de Vigilancia de la Salud, de todos los internados y fallecidos, ninguno de ellos estaba vacunado contra la influenza. Esta debe ser una alerta para el sistema de salud, para los funcionarios, pero también para toda la población, a fin de redoblar los cuidados y evitar la propagación de las enfermedades respiratorias.
De acuerdo con el informe de la Dirección General de Vigilancia de la Salud, las afecciones respiratorias están comenzando a afectar considerablemente a la población del país.
El dato que más debería preocupar a las autoridades de Salud Pública es el que revela que, de todos los internados y fallecidos, ninguno contaba con la vacunación contra la influenza.
Los datos de la Campaña Invierno 2026 son en ese sentido muy reveladores: hasta el momento la cobertura de las vacunas llega al 18% en menores de 2 años; en la franja mayor de 60 años, beneficiaria de las dosis contra la influenza, el 24% está inmunizado. Luego, en cuanto a las embarazadas, el porcentaje de vacunadas con la antigripal llega al 3%; el grupo de diabetes está cubierto en 0,7%; quienes padecen cardiopatías llegan a 0,9% y pacientes con otras comorbilidades en 1%. Pacientes con asma y EPOC están inmunizados en un 13,9%.
Esta información es bastante demostrativa, pues precisamente las cifras de personas inmunizadas en estos grupos son muy bajas, especialmente cuando se considera que estas personas representan a los segmentos de más vulnerabilidad.
La vacunación para prever las afecciones respiratorias en esta época del año es muy importante, pues, si bien no evitan la posibilidad del contagio, la vacuna previene el riesgo de hospitalizaciones, complicaciones graves y fallecimientos por enfermedades respiratorias, especialmente en los grupos más vulnerables.
Los informes oficiales señalan asimismo lo que se confirma en los hospitales y consultas del país: en las últimas tres semanas fueron notificadas 10.264 consultas por enfermedades respiratorias tipo influenza (ETI) en Centros Centinelas. Las consultas por las afecciones respiratorias llegaron a 39.823 en la última semana. Asimismo, en las últimas cuatro semanas, hubo 1.478 personas hospitalizadas por infecciones respiratorias agudas (IRAG), y de esos casos, el 15% precisó terapia intensiva.
Es fundamental que la población sea consciente de la necesidad de estar preparados para enfrentar enfermedades respiratorias de esta estación. Por eso, quienes todavía no hayan accedido a la vacuna contra la influenza, es necesario que sepan que aún pueden hacerlo en los vacunatorios públicos, y en los hospitales del sistema público.
Por otra parte, la Dirección de Vigilancia de la Salud recuerda que ante los primeros síntomas de enfermedades respiratorias, las personas deben acudir al médico; asimismo, se recomienda, especialmente a los padres de familia, no enviar a los niños a las instituciones educativas si padecen algún tipo de afección respiratoria.
Para las instituciones educativas, para las oficinas y las instituciones, este es el momento crucial en que se deben retomar todos los cuidados de higiene, y poner en práctica las medidas de higiene y los filtros correspondientes.
Quien presente síntomas de alguna afección respiratoria debe tomar todos los cuidados: usar tapabocas ante cuadros respiratorios, mantener el lavado frecuente de manos, ventilar los espacios cerrados, guardar distancia social y estornudar cubierto con el codo.
Cada temporada Salud Pública tiene disponibles las vacunas, y el hecho de que ninguno de los internados y fallecidos –que llegan a un total de 112– contaba con la vacunación contra la influenza resulta no solo preocupante, sino indignante. Esto nos lleva a la realidad de que se necesita una mejor campaña educativa, pero también mayor colaboración entre todas las instituciones del Estado, tanto del Gobierno Central como de los gobiernos locales y las gobernaciones que tienen presencia en todo el país.
Ciertamente la vacuna contra la influenza no evita la enfermedad como tal, pero sin duda puede reducir significativamente el riesgo de que la enfermedad sea grave para el paciente, puede evitar la hospitalización y el fallecimiento, especialmente en niños pequeños, embarazadas, personas mayores y personas con enfermedades crónicas. Asimismo, contribuye a disminuir la presión sobre los servicios de salud y evitar de esa forma una crisis en el sistema. Debemos retomar las buenas prácticas aprendidas durante los dos años que duró la terrible pandemia del Covid-19.