20 may. 2026

Infancia y moralismo

La sociedad paraguaya está dividida sobre la situación de la niña de 10 años violada sexualmente y embarazada por su padrastro. La discusión no está centrada precisamente en el acto del que cometió el delito –o por lo menos lo es en menor relevancia– y sí en lo que constituye la consecuencia y cómo resolver ese hecho.

La vida de la niña corre peligro. Los propios médicos explican esta situación. Su cuerpo no está preparado ni su capacidad es suficiente para concluir la gestación. En este punto es donde se desata la polémica. Los grupos provida ejecutores de los dogmas católicos –como es esperable– y algunos curas que hablaron hasta ahora no reparan en qué vaya a ocurrir con la madre, sino con el feto, aunque elípticamente aluden que están por proteger también a la gestante. Los sectores que no adscriben a esta postura centran su atención en proteger la vida de la niña y que para ello deben articularse los mecanismos necesarios.

Lógicamente es un tema polarizante, en donde aparte de lo legal interfiere fuerte un moralismo maniqueo que vuelve conservadora toda postura individual o colectiva.

Mientras la discusión sube de intensidad, la niña está sumergida en un marasmo de desazón. Con 10 años es difícil que entienda mucho de lo que está pasando. Y como si eso fuera insuficiente, la separan de la madre. Más allá de lo que diga la Justicia, es el momento en que la hija más la necesita y ella sigue teniendo la patria potestad. La Fiscalía la culpa de alguna complicidad y un juez la manda a prisión. A su vez, esa misma Fiscalía no atendió la denuncia que la madre presentó en su momento, pero a los fiscales nadie acusa ni pide cuentas. Son quienes deben estar presos por incumplimiento del deber.

¿Alguien sabe qué dice la niña sobre su situación? ¿A alguien le importa lo que piensa la afectada en esta historia y de lo que sea de su vida? Están omitiendo y desoyendo posiblemente la única voz autorizada y la que debería definir la situación, tal vez con ayuda de su progenitora. Suficiente horror ya vivió como para que se la siga aterrorizando institucionalmente, por incumplimiento de los organismos del Estado que debieron actuar y se negaron.

Este debate no se resolverá ahora. Sin embargo, la niña de 10 años a lo mejor dará a luz, si no muere antes. Si muere, ¿culpa de quién será? y si no, ¿quién se ocupará de la criatura y de la situación física y sicológica de la madre?

Mientras, los casos de abuso sexual contra niñas seguirán bajo la mirada indiferente del Estado y la sociedad, porque todos estás dispuestos a opinar sobre las consecuencias, pero no a prevenirlas. Así como estamos, no solo es culpable el padrastro violador...

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