La lideresa comunitaria Verónica Fernández denunció que el consultorio ambulatorio local, pese a contar con personal solo funciona de lunes a miércoles, de 07:00 a 19:00. La razón no es la falta de profesionales, sino limitaciones presupuestarias que restringen el contrato de la licenciada en Enfermería encargada del servicio.
“Desde el jueves hasta el domingo, la comunidad queda totalmente desprotegida ante cualquier emergencia”, señaló Fernández.
La situación se agrava debido a que el puesto de salud no cuenta con capacidad de internación ante cuadros graves, los pacientes deben ser trasladados hasta la ciudad de Concepción a varios kilómetros de distancia por la ruta Pozo Colorado.
El traslado, sin embargo, está lejos de ser una solución rápida, los caminos en mal estado, sumados a la distancia, convierten cada derivación en una carrera contrarreloj que puede poner en riesgo la vida de los pacientes.
“Salir de la comunidad puede llevar horas. No siempre hay condiciones para trasladar a alguien enfermo, menos en situaciones urgentes”, explican los nativos.
La problemática sanitaria en Yakye Axa no es nueva, se inscribe en un contexto más amplio de incumplimientos por parte del Estado paraguayo, a más de dos décadas de la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en el caso Yakye Axa vs. Paraguay.
En ese fallo, emitido hace 21 años, el Estado fue condenado por violaciones a los derechos humanos de la comunidad, incluyendo el acceso a condiciones dignas de vida, lo que abarca salud, agua potable, territorio y vías de comunicación.
Si bien se han registrado algunos avances, desde la comunidad sostienen que las medidas son insuficientes.
“No basta con un consultorio de primeros auxilios, necesitamos un sistema de salud permanente, caminos transitables, acceso al agua y la titulación de nuestras tierras”, remarcó Fernández.
La situación de Yakye Axa evidencia una realidad que se repite en varias comunidades indígenas del Chaco en cuanto a servicios básicos intermitentes que no responden a las necesidades reales de la población.
El acceso a la salud, consagrado como un derecho fundamental, se vuelve en la práctica un privilegio condicionado por el calendario y la disponibilidad presupuestaria.
Mientras tanto, en Yakye Axa, la incertidumbre comienza cada miércoles al caer la tarde, porque en este lugar enfermarse un jueves puede significar no tener a dónde acudir.