Hoy recordamos a Eduardo Germán María Hughes Galeano, periodista y escritor uruguayo que nació en Montevideo. Fue considerado uno de los escritores y ensayistas latinoamericanos más influyentes de las últimas décadas.
En su juventud tuvo varios trabajos como obrero de fábrica, dibujante, pintor, mensajero, mecanógrafo y cajero de banco, entre otros. A los 14 años vendió su primera caricatura política al semanario El Sol, del Partido Socialista del Uruguay. La firmó como Giús.
A los 19 años intentó quitarse la vida. Permaneció varios días en coma y posteriormente decidió dedicarse a la escritura. Renunció al banco y se instaló en Buenos Aires. Fue entonces cuando comenzó a utilizar el apellido de su madre y adoptó Eduardo Galeano como nombre con el que sería conocido internacionalmente.
A comienzos de la década de 1960 inició su carrera periodística como secretario de redacción del semanario Marcha, fundado por Carlos Quijano, a quien consideró su “padre periodístico”. Años después empezó a trabajar como responsable del área de publicaciones de la Universidad de la República (Udelar). En esa época frecuentaba la casa del escritor uruguayo Juan Carlos Onetti, al que calificó como su “padre literario”. Su estilo despojado lo aprendió del mexicano Juan Rulfo, a quien calificó como su maestro.
En 1971 publicó Las venas abiertas de América Latina, su libro más famoso, que posteriormente sería censurado por las dictaduras de Uruguay, Argentina y Chile. Sobre el mismo dijo que escribió para difundir ideas ajenas y experiencias propias que quizás ayuden un poquito, en su realista medida, a despejar los interrogantes que nos persiguen desde siempre: ¿es América Latina una región del mundo condenada a la humillación y a la pobreza? (...) ¿No será la desgracia un producto de la historia, hecha por los hombres y que por los hombres puede, por lo tanto, ser deshecha?
En un documental dirigido por Graça Castanheira, Galeano mencionó que a él siempre le gustó escuchar las voces no escuchadas; buscarlas y escucharlas. “Por eso siempre fui muy andariego. Desde que era chico anduve caminando los caminos de América. Al principio sin nada, sin brújula, sin dinero. Esa fue mi educación y también el ejercicio del oído. Saber escuchar. Yo me formé mucho en los cafés de Montevideo que fueron mi universidad. Yo nunca tuve estudios formales”, añadió.
Galeano decía que no se sentía intelectual sino sentipensante. “Me enseñaron hace unos años ya, unos pescadores de la costa colombiana una noche inolvidable. Alguien dijo que era sentipensante y le dije que se lo iba a robar. Yo siento que soy sentipensante”, agregó.
En 1973, tras el golpe de Estado en Uruguay, Galeano fue preso y obligado a abandonar el país. Volvió a instalarse en Argentina, donde también hubo un golpe de Estado en 1976 y nuevamente tuvo que exiliarse, ocasión en que se fue a España. “Por no estar preso me tuve que ir de Uruguay. Por no estar muerto me tuve que ir de Argentina”, señaló.
Ese año conoció a Helena Villagra, que más adelante sería su tercera y última esposa. Se había casado dos veces; la primera con Silvia Brando, con quien tuvo una hija y después con Graciela Berro Rovira, con quien tuvo una hija y un hijo.
En 1985 pudo regresar a vivir en Montevideo. Junto a Mario Benedetti y otros más fundó Brecha, de cuyo consejo asesor siguió siendo integrante hasta su muerte.
En 2007 superó una operación para el tratamiento del cáncer de pulmón. La enfermedad lo había obligado a disminuir sus apariciones públicas en los últimos años. En 2015, tras permanecer una semana internado, falleció el 13 de abril.
Galeano y la música
Su relación con la música se manifestó a través de colaboraciones con artistas de diferentes nacionalidades, además de que sus textos sirvieron como inspiración para otros. En Paraguay, su voz también quedó registrada en la música.
En 2005, Ricardo Flecha contó con la colaboración de Galeano y su inconfundible voz para la apertura del proyecto discográfico, El canto de los Karai Vol. 1. El escritor uruguayo recitó “El lenguaje”, un relato tomado de Memoria del fuego, que abría el material. El proyecto buscaba tender puentes entre la literatura latinoamericana y el guaraní, y reunió a referentes de la música de la región.
En 2010, la banda uruguaya No Te Va Gustar le pidió colaborar con ellos para una canción lanzada acerca de la violencia contra las mujeres, titulada “Nunca más a mi lado”.
En 2014, participó en “Intro-El Viaje”, del álbum Multiviral de Calle 13, con una reflexión sobre la existencia.
Su visión de Paraguay
Galeano vio a Paraguay como un país marcado por profundas injusticias históricas, pero también por la resistencia heroica y la dignidad de su gente a través del idioma guaraní.
Habló de la Guerra de la Triple Alianza —o de la Triple Infamia, como también la llamó— y de sus consecuencias para Paraguay. En su interpretación, Paraguay fue arrasado durante la Guerra de la Triple Alianza y gran parte de su población masculina fue exterminada y una importante proporción de la femenina.
“A lo largo de 5 años de guerra por el delito de ser el único país de veras independiente de América Latina y el único que no estaba atado, hipotecado por las deudas a la banca británica. Tuvo el primer ferrocarril de América del Sur y era un ferrocarril público. Los paraguayos resistieron hasta el último”, expresó.
Al respecto, el ex titular de la Secretaría de Cultura, Ticio Escobar, amigo del uruguayo, había comentado que Galeano tenía un afecto muy grande hacia el Paraguay que venía desde su estudio sobre la guerra y que muchos de sus escritos hacen referencia sobre el país.
“A Galeano le interesaba mucho el país y en varios de sus escritos hace mención al Paraguay, sobre todo, temas relacionados a las comunidades indígenas, aspectos políticos e históricos”, había señalado.
La utopía
En varias ocasiones, Galeano habló sobre esta metáfora del horizonte y aclaró que la anécdota correspondía en realidad a su amigo, el cineasta argentino Fernando Birri, quien la había citado durante una conferencia en Colombia.
Aun así, la frase quedó profundamente asociada a Galeano:
“La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar”.