Opinión

Hay que recurrir a Leonardo

Lo primero que llama la atención es que está todo demasiado a la vista. La sensación de anormalidad se hace evidente a los ojos de cualquiera que transite por la ruta Luque - San Bernardino.

Alfredo Boccia Paz Por Alfredo Boccia Paz

Pocos kilómetros antes de llegar a esta última ciudad, en una de las pocas zonas donde es posible observar el lago desde la ruta, maquinarias pesadas rellenan con toneladas de tierra una zona de humedales.

La escena parece chocante, pues uno tiene la impresión que esa debería ser un área protegida por las leyes ambientales, dado que los humedales son filtros naturales que mantienen la calidad del agua. Pero como uno no es experto en ese tema, mejor informarse. Felizmente existe allí un gran cartel con las indicaciones de todos los permisos ambientales obtenidos por la empresa que realiza el enorme movimiento de suelo.

Ese cartel es la prueba de que había muchos haciéndose las mismas preguntas que yo.

Pude averiguar que se carga el terreno porque desea construir un muelle flotante para los propietarios del barrio cerrado de enfrente y, además, algo que me pareció inaudito.

Se oponen a dicho proyecto la Municipalidad de la ciudad, el gobernador departamental, la Comisión Nacional de Gestión y Manejo del Lago Ypacaraí y su Cuenca (Conalaypa), la Comisión encargada del ambiente del Senado y organizaciones vecinales de San Bernardino. Sin embargo, no no pueden hacer nada pues un actor clave, el Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADES), apoya tozudamente el emprendimiento inmobiliario. Esto es así como lo lee. Todos están en contra, menos el Ministerio encargado de preservar nuestros recursos naturales.

Todo comenzó con una decisión aberrante. Parte del humedal empezó a ser vendido hace casi una década. En 2015, durante el gobierno municipal de Ramón “Tati” Zubizarreta, se autorizó el relleno y nivelación de la superficie del terreno porque supuestamente el mismo había quedado por debajo de la cota de la zona luego de la construcción de la ruta.

Se llevaron por delante la ley 5256 del año anterior que prohibía “todo cambio en el uso del suelo en el sistema de humedales del lago durante diez años o hasta que el cuerpo de agua se recupere”, algo que obviamente no había sucedido.

Las obras comenzaron enseguida, pero en el 2016 el nuevo intendente, Luis Aguilar, revocó dicho permiso. Allí la cuestión entró en un terreno farragoso, pues los dueños del inmueble recurrieron a la Justicia y, gracias al manejo negligente de esa misma administración municipal, el caso llegó hasta la Corte Suprema, la que les dio la razón. Según la interpretación del abogado Ezequiel Santagada, el artículo 6 de la ley 5256 fue sencillamente ignorado.

Hace unas semanas volvieron los camiones y tractores a arrojar rocas y arena que remangarán y secarán los humedales. Solo que ahora están munidos del patológico apoyo del MADES. Aunque ese relleno esté revestido de toda la legalidad otorgada por las autoridades paraguayas, sigue siendo un crimen contra la naturaleza. Son muchas las instituciones y personas que intentan frenar este desatino ecológico. Pero el MADES está en la vereda de enfrente.

El olor a corrupción no proviene de los coliformes fecales del lago.

Esto huele a dinero sucio. El MADES está ausente sin aviso ante las justas protestas de pobladores e instituciones. No hay mucho que esperar por ese lado. Pero, admitámoslo, nos falta articulación ciudadana. Ese relleno debería estar ocupado por banderas populares que detengan a los camiones tumbas.

Sin eso, seguiremos dependiendo de que en el Instagram de Leonardo DiCaprio aparezca una foto como aquella que cambió las cosas en la Laguna Cerro de Limpio, que se había vuelto roja de tanta contaminación. Estaría bien, pero sería humillante

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