13 abr. 2024

Gran Bretaña y la Guerra de la Triple Alianza: La tesis del ‘cuarto aliado’

Nuevas evidencias ponen bajo la lupa la tesis del ‘cuarto aliado’, tesis que sostiene que el Gobierno británico fue un actor crucial apuntalando las fuerzas de Argentina, Brasil y Uruguay que derrotaron a Paraguay en la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870).

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ENZO PERTILE

Andrew Nickson

Investigador

El debate se ha centrado en la participación británica en la génesis y financiamiento del esfuerzo bélico de los aliados. En contraste, se ha prestado mínima atención a la evidencia de la historia inmediata de posguerra de Paraguay. Si Gran Bretaña instigó y financió el esfuerzo bélico aliado, como la tesis sugiere, entonces se supondría que habría una fuerte intervención en la política y economía del Paraguay de posguerra por parte del imperialismo británico, en aquel entonces en el apogeo de su poderío global.
El papel del Gobierno británico en la guerra es un tema de controversia entre los historiadores. Durante las primeras décadas después de la guerra, el debate se centró en las respectivas responsabilidades de Francisco Solano López y las naciones aliadas. Un debate de Cecilio Báez con Juan O’Leary, en 1902-1903, dio origen a una tendencia revisionista que atribuyó la responsabilidad primordial de la guerra a Brasil y Argentina. Sin embargo, a lo largo de los 50 años siguientes, los extensos escritos de los exponentes de esta escuela revisionista no hicieron referencia al Gobierno británico.

En realidad, la tesis ‘del cuarto aliado’ se originó en Argentina, donde aparece por primera vez en una obra de 1954 escrita por un trotskista, y el término mismo se utilizó por primera vez recién en 1979. Desde entonces, la tesis ha echado raíces en Paraguay y Argentina, y hoy es quizás la explicación de la guerra más difundida entre la población de ambos países.

LOS GRANJEROS DE LINCOLNSHIRE
Los primeros años después de la catastrófica derrota fueron traumáticos para el Paraguay. La economía estaba postrada y la situación política era turbulenta. Era el peor momento imaginable para un programa de colonización extranjera al país. Sin embargo, los gobiernos de Cirilo Rivarola y Salvador Jovellanos, instalados en Asunción por los aliados vencedores, buscaban fondos para la reconstrucción mediante la emisión de bonos en el entonces floreciente mercado de capital londinense. En noviembre de 1871, Máximo Terrero, agente financiero del Gobierno en Londres, se confabuló con los banqueros Waring Brothers para lanzar bonos por un valor nominal de £1.000.000 y se contrató al corredor (bróker) Robinson, Fleming & Co. para comercializarlos. Esta empresa publicó un prospecto que presentaba a Paraguay en términos elogiosos, en total desacuerdo con el estado postrado de la economía y ocultó la imposibilidad de generar los ingresos necesarios para cubrir los pagos del servicio del préstamo. Para mantener el precio del bono, Waring realizó compras falsas para dar la impresión incorrecta de que la emisión había sido sobresuscrita, práctica común durante la burbuja especulativa de las emisiones de bonos latinoamericanos en ese entonces. Solo se enviaron al Paraguay £400.000 de los fondos de la emisión y esto pronto desapareció en los bolsillos de políticos corruptos. En marzo de 1872, Jovellanos aprobó una segunda emisión de £2.000.000 y el 1 de junio se publicó otro prospecto exagerado sobre Paraguay. Pero semanas después, estalló la burbuja especulativa para bonos latinoamericanos, ahuyentando a potenciales tenedores, y no se pudieron colocar más bonos de la emisión. Se estancó con un valor nominal de solo £562.200 y el monto recibido por Paraguay fue tan solo £410.406.

En respuesta a la crisis, Terrero y Robinson, Fleming & Co. vincularon la segunda emisión de bonos a un programa de emigración a Paraguay, desviando parte de los ingresos para financiarlo. Esperaban que la publicidad sobre el programa, al sugerir que Paraguay era un excelente destino para la colonización británica, alentara a una mayor venta de bonos y así mantuviera su precio en el mercado. A pesar del terrible estado de la economía, el 27 de junio de 1872, Robinson, Fleming & Co. publicó otro prospecto en el Times. A nombre de la “Agencia para la Emigración de la República del Paraguay” describió al país en términos muy exagerados. También se colocaron artículos en la prensa para sugerir que los colonos serían granjeros de Lincolnshire, una de las regiones agrícolas más prósperas de Inglaterra.

Entre octubre y diciembre de 1872, tres barcos partieron de Liverpool y Londres, transportando un total de 892 emigrantes a Paraguay, de lejos el programa de colonización más grande al Paraguay hasta la llegada de los menonitas al Chaco en 1926. El 46 por ciento (414) eran niños, proporción sorprendentemente alta para un programa de emigración rural. Aun cuando la mayoría eran ingleses, 178 eran ciudadanos alemanes. Las personas con experiencia agrícola probablemente no superaban el diez por ciento. Al llegar a Asunción fueron renegados por Jovellanos, quien afirmó no tener ninguna responsabilidad financiera por ellos. Se envió el primer grupo de 369 en tren hasta Paraguarí y después en carros de bueyes al pueblito de Itapé, donde se realizó un sorteo para distribuir las tierras entre ellos. El segundo grupo de 393 se quedó en Paraguarí durante varias semanas en camino a Itapé y el tercer grupo de 130 fue enviado al pueblito de Itá.

La situación de los colonos pronto se volvió desesperante. Se debilitaron por las enfermedades, sus cosechas fracasaron y no llegó la alimentación prometida por el Gobierno paraguayo. Además, se enfrentaban a peligro debido a la anarquía y la inseguridad reinante. Al final, la comunidad británica en Buenos Aires recolectó £1.800 para un fondo de rescate, y los sobrevivientes fueron evacuados a Buenos Aires y Rosario. Solo cinco familias y cuatro solteros quedaron en Paraguay. Una investigación reciente sugiere que entre 65-80 habían muerto. (1)

LOS GRANJEROS DE LINCOLNSHIRE Y LA TESIS DEL ‘CUARTO ALIADO’
El argumento central de la tesis es que el Gobierno británico apoyó a los aliados en la Guerra de la Triple Alianza para expandir su imperio informal en la parte sur de América Latina, destruyendo así el obstáculo presentado por el ‘mal ejemplo’ de una estrategia de desarrollo autónomo del Estado paraguayo. Hasta ahora, estudiosos de la tesis no han evaluado cómo la experiencia de los granjeros de Lincolnshire encajarían en estos supuestos objetivos.

El importante papel del ‘colonialismo de colonos’ (settler colonialism) en la expansión del imperio británico ha sido estudiado en el contexto de las colonias formales, desde Australia y Nueva Zelanda a Kenia y Sudáfrica y a los Estados Unidos y Canadá. Su papel en el imperio informal de América del Sur también ha atraído atención en los últimos años. Tales experiencias siempre se beneficiaron de un apoyo financiero y diplomático del Gobierno británico. Entonces, surge la pregunta: ¿En qué medida el comportamiento del Gobierno británico con respecto a los granjeros de Lincolnshire proporciona evidencia acerca de la tesis del ‘cuarto aliado’?

EL GOBIERNO BRITÁNICO ANTE LA PARTIDA DE LOS COLONOS
No hay evidencias de que el Gobierno británico promovió directamente o incluso alentó el programa. Al contrario, hay pruebas contundentes de que lo desalentó activamente. Hugh MacDonell, cónsul británico en Buenos Aires, envió cartas al Ministerio de Relaciones Exteriores advirtiendo de los peligros de un programa de colonización británica al Paraguay. El gobierno de William Gladstone se preocupó tanto por la propaganda tan exagerada acerca de la realidad paraguaya que en octubre de 1872 publicó una advertencia a posibles emigrantes en forma de carteleras publicitarias en zonas urbanas (ver imagen). En febrero de 1873, se publicó una segunda y aún más fuerte advertencia con la distribución de 15.000 ejemplares en Londres y otras ciudades. Eso puso fin al programa de emigración.

Aun así, varios interesados intentaron obtener apoyo oficial al programa, pero no lograron que el Gobierno británico nombrara un cónsul en Paraguay. Charles Waring escribió al Ministerio de Relaciones Exteriores con ese propósito, argumentando que los intereses británicos en Paraguay estaban aumentando gracias al programa de colonización. Robinson, Fleming & Co. intentó persuadir al Gobierno de la importancia de nombrar un cónsul “en interés de los súbditos británicos y sus propiedades”. Los funcionarios del programa que ya estaban en Asunción también presionaron. Según uno de ellos, Henry Cavendish Angelo, esto se hizo con la esperanza de que un cónsul alentaría a los capitalistas ingleses a invertir en Paraguay a través de una tercera emisión de bonos.

EL GOBIERNO BRITÁNICO TRAS LA LLEGADA DE LOS COLONOS
El Gobierno británico no cambió su actitud hacia el programa después de la llegada de los colonos a Paraguay. No hizo nada para promoverlo y continuó ignorando los pedidos de representación consular. En enero de 1873, William Stewart, escocés y líder de la comunidad británica en Paraguay que había encabezado el cuerpo médico del ejército durante la Guerra de la Triple Alianza, recalcó al ministro de Relaciones Exteriores, Lord Granville, la importancia de tener un cónsul británico en Asunción. Sin embargo, el nombramiento nunca llegó.

Al contrario, los desesperados colonos dependían totalmente de la buena voluntad de los representantes diplomáticos de Francia e Italia. El cónsul francés, vizconde Paul d’Abzac, se preocupó por sus crecientes dificultades y tras su expulsión del país, el conde Amelot du Chaillou, encargado de Negocios francés en Buenos Aires, visitó el país en febrero y marzo de 1873. En Patiño Cué se encontró con un grupo de colonos en camino a Itá e informó que nunca había visto tanta miseria. Cuando regresó a Buenos Aires, se reunió con el encargado de Negocios británico en Argentina, Frederick St. John, para transmitirle la gravedad de la situación. Amelot du Chaillou salió de Paraguay en abril y la salud de los colonos se deterioró bruscamente durante los siguientes meses de invierno. Sin embargo, el Gobierno británico no respondió a las urgentes llamadas de asistencia.

Ahora fue el turno del cónsul italiano, Rodrigo Assensio y Ximenes, de dar las alarmas. En junio escribió a Eugenio Martín Lanciarez, el ministro italiano en Buenos Aires, para que dijera a St. John que enviara un agente a Paraguay para hacer frente al empeoramiento de la situación de los colonos. En su carta, dijo que los colonos sufrieron tanto de fiebre que “las tumbas eran iguales al número de sus carpas”. La respuesta de St. John a su súplica es reveladora. En lugar de enviar un funcionario a Paraguay, simplemente le pidió a Assensio y Ximenes para cuidar ¡él mismo a los colonos!

A medida que las enfermedades y la desnutrición comenzaban a pasar factura en Itapé, una delegación de tres colonos buscó desesperadamente la ayuda de Assensio y Ximenes, quien recibió una semana después otra delegación de ocho colonos de Itá con una súplica similar de ayuda. En respuesta, prestó ayuda a varios colonos que habían llegado a Asunción y a principios de setiembre de 1873 fue el primer diplomático extranjero a visitar las colonias de Itá e Itapé. Para entonces, los colonos de Itapé ya estaban soportando condiciones atroces. Las familias indigentes abandonaron la colonia a medida que su situación empeoraba. Aguantaron una odisea para llegar a Asunción, donde mendigaban en las calles y vendían sus últimas posesiones para sobrevivir.

Después de que unos colonos jóvenes lograron llegar a Buenos Aires trabajando en vapores, sus relatos de primera mano acerca de la situación desesperante de sus compatriotas produjo una ola de simpatía en las comunidades británicas y alemanas. Sin embargo, St. John ya había expresado su oposición a que el Gobierno británico pague por el rescate de los colonos, “quienes por su propia voluntad abandonaron su suelo nativo para un lugar que ha demostrado ser en todos los sentidos tan inadecuado para ellos, y que ahora desean volver a abandonarlo para probar su fortuna en un nuevo país”.

CONCLUSIÓN
La responsabilidad por la Guerra de la Triple Alianza sigue siendo controvertida. Francisco Solano López es considerado como héroe nacional en Paraguay, mientras que el consenso de investigaciones académicas atribuye la culpa principal a él y/o a rivalidades geopolíticas regionales en el contexto de ‘nation-building’ en el periodo posindependencia. Mientras tanto, la tesis del ‘cuarto aliado’ ha recibido un creciente apoyo en Paraguay, extendiéndose desde su enfoque inicial de izquierda hasta llenar todo el espectro político, incorporando la profunda corriente del nacionalismo de extrema derecha en la sociedad paraguaya.

La ausencia total de representación diplomática británica en Paraguay después de la guerra plantea por sí misma serias dudas sobre la tesis del ‘cuarto aliado’. Desde principios de 1872, había un cónsul francés en Asunción (d’Azbac); el 4 de octubre había un cónsul italiano (Assensio y Ximenes) y el 9 de abril de 1873, un cónsul alemán (Heinrich Mangels). En contraste, no hubo presencia diplomática británica en el país sino hasta 1882, una década después, cuando el embajador británico en Argentina fue acreditado como ministro plenipotenciario ante Paraguay. Si el Gobierno británico realmente había obtenido una contundente victoria imperialista a través de la guerra, como sostiene la tesis, entonces es muy difícil entender su reiterada negativa a establecer una representación diplomática en el país.

De hecho, se vislumbró poco interés británico en Paraguay durante el periodo inmediato de posguerra, medido por la inversión extranjera y el comercio bilateral. Esta indiferencia se muestra más claramente por la actitud del Gobierno británico ante el fallido programa de colonización británica. Si se acepta el componente central de la tesis que el imperialismo británico fue la principal fuerza que financió el esfuerzo bélico y era un importante beneficiario de la guerra, entonces es también difícil entender por qué el Gobierno británico mostró una actitud tan negativa a este gran programa de ‘colonización de colonos’, tratando abiertamente de disuadir a los emigrantes potenciales de unirse antes de que comenzara y lavándose las manos a aquellos que lo hicieron una vez llegados al Paraguay. Tampoco ejerció presión sobre los muy débiles gobiernos de posguerra en Asunción para atender a las necesidades de los colonos. En cambio, ‘subcontrató’ esta responsabilidad —sin remuneración alguna— a los representantes diplomáticos de Francia e Italia. En la medida en que los colonos abandonados enfrentaban al hambre y a la muerte, el poder imperial del Royal Navy ni siquiera fue empleado para salvarlos.

La abierta hostilidad del Gobierno británico hacia el programa y su falta de preocupación por la difícil situación de los colonos sugieren que la Guerra de la Triple Alianza fue de poco interés para el imperialismo británico en general y para el ‘colonialismo de colonos’ en particular. En fin, levanta serias dudas acerca del argumento central de la tesis del ‘cuarto aliado’.

El artículo completo en inglés está disponible en:

Great Britain and the War of the Triple Alliance: The Lincolnshire Farmers Colonization Scheme to Paraguay and the Fourth Ally Thesis, Hispanic American Historical Review (2023)

https://read.dukeupress.edu/hahr/article/104/1/31/382649/Great-Britain-and-the-War-of-the-Triple-Alliance?guestAccessKey=b37f51eb-459a-4595-9695-9c71cb54c695

(1) Sobre la historia de los granjeros de Lincolnshire en Paraguay, ver el excelente artículo escrito por uno de sus descendientes, Mary Godward, en https://lfparaguay.wordpress.com/primeras-colonias-inglesas-en-paraguay-la-experiencia-de-los-granjeros-de-lincolnshire-en-sus-propias-palabras/

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Migrantes. Llegada a Asunción del primer grupo de colonos a bordo del Cisne, el 9 de noviembre de 1872.

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Cartel. La advertencia a colonos, el 24 de octubre de 1872; para disuadir a emigrantes potenciales.

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