Arte y Espectáculos

Fredi Casco: "Los coleccionistas deberían interesarse en obras que les hagan pensar y que cuestionen"

El artista y curador de arte Fredi Casco, con varias décadas en el ámbito cultural, habla sobre sus inicios, se refiere a la situación actual de las artes visuales en el país y critica aspectos del poder dentro del sector artístico.

Sergio NoePor Sergio Noe

Desde los noventa, Fredi Casco (50) se vinculó y transitó los caminos culturales desde su faceta de fotógrafo, artista visual y curador de arte, con varias exposiciones individuales y colectivas hechas en el país y el extranjero. Con esta experiencia a cuestas, conversó con ÚH y habló sobre su tramo recorrido y de la situación actual del arte en el país.

La carrera de Derecho fue su punto de inicio por una tradición familiar, aunque en ese ámbito surgió su interés por el arte, una vocación por la cual se declinó el resto de su vida.

“Siempre me interesó el arte. Mi familia tenía una pequeña colección de obras de artistas paraguayos y crecí en ese ambiente”, cuenta.

Años después de culminar la universidad, acudió al Centro de Estudios Brasileños para tomar cursos de historia del arte y la literatura, y el taller de línea y color, dirigido por Luis Alberto Boh.

“En ese contexto, conocí a personas como Claudia Casarino, quien me estimuló a lanzarme a la práctica artística, y a mostrar mis experimentaciones con la imagen”, dice.

Insiste que su inicio no fue “de la noche a la mañana”, sino que se dio lentamente, “sobre todo en un país que estimula muy poco la práctica artística y aún menos la de un arte crítico”.

En cuanto a las temáticas que aborda, Casco se interesa en trabajar con “imágenes y discursos del poder”. “En ese sentido, los archivos de las dictaduras latinoamericanas, en especial la stronista, son una mina de oro. Mi obra está muy influenciada también por la cultura popular local”, indica.

ACTUALIDAD. Con una cierta mirada irreverente hacia el arte en general, cree que en Asunción se está gestando una nueva generación de artistas que practica un “arte crítico potente, que es esperanzador”.

“La fotografía despertó en la última década una gran atención, debido a la aparición de nuevas escenas ligadas a esta disciplina. Además, considero que un punto potente de la producción simbólica en Paraguay está en el arte popular e indígena. Ceramistas como Julia Isídrez o Ediltrudis Noguera; dibujantes y pintores indígenas, como Esteban Klassen, Osvaldo Pitoé, Clemente Juliuz o Marcos Ortiz, crean imaginarios y obras que no dejan de sorprenderme”, explica, ahondando sobre la producción actual.

Casco manifiesta que se necesita de fondos y una política cultural exterior por parte del Estado, que brinde más valor a la producción artística y fomente la aparición de espacios de producción y difusión. “Uno de los grandes problemas con que tropieza un artista local es el gran desconocimiento del país, y eso genera poco interés en la escena internacional”, apunta.

Asimismo, considera que se debe apostar por un “coleccionismo más arriesgado”, superando el criterio de la compra por un asunto “decorativo” o porque “hay que apoyar”. “Los coleccionistas deberían interesarse en obras que les hagan pensar y que cuestionen”, reconoce.

Consultado sobre la posible existencia de un “círculo cerrado” de artistas, cree que es una suerte de mito urbano que discurre entre lo ficcional y lo real.

“No creo que haya hoy un círculo cerrado. O ¿dónde están encerrados? ¿En el Museo del Barro? Si fuera así, ¿no existen acaso otros espacios de promoción de artistas, con mayor difusión e intercambio internacional como el Juan de Salazar?”, refiere con ironía.

Aclara que ese espacio fue clave en sus inicios como artista, para décadas después, trabajar allí como tutor y curador de un proyecto, donde pudo conocer a artistas “de los cuales se hablará en los próximos años”.

“No niego la existencia de espacios donde se construye hegemonía cultural. Pero ocurre acá y en todos lados. Incluso, en otros países, donde la relación con el mercado es más fuerte, estos círculos cerrados aparecen más claramente”, expresa, asegurando que “es justo y es saludable” realizar críticas a los espacios de poder, dejando atrás los mitos sobre el tema.

Recomienda a los nuevos artistas a construir “su propio espacio simbólico de modo independiente”, cerca o lejos de esos círculos de arte existentes.

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