Opinión

Festival de hipocresías

Es notable el festival de hipocresías que generó la publicación del informe de la secretaría que investiga el lavado de dinero, con respecto a las multimillonarias operaciones financieras del Grupo Cartes y la sospecha de que estas responden a un esquema de blanqueo. Desde las carpas de los afectados dijeron estar escandalizados porque se filtrasen datos confidenciales de una investigación en curso, y que esa acción –que calificaron de terrorismo de Estado– no fuera sino un capítulo más de las sangrientas internas coloradas.

Desde el oficialismo aseguraron que se trata de una pesquisa aséptica y que no son responsables de su publicación. Recordaron que el informe se encuentra ya en manos de la Fiscalía.

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Lo dicho, un verdadero festival de hipocresías. Por supuesto que las explosivas revelaciones aparecen hoy porque el partido que lleva casi un siglo en el poder inició su tradicional y salvaje interna, única ocasión en la que los sectores en pugna sacan a ventilar los trapos sucios de su contraparte. Si no se registraran estas riñas, jamás podríamos enterarnos de las barbaridades que se perpetran bajo la sombra protectora de un Estado inútil, amordazado, rentado o cómplice.

La indignación cartista por el uso de un informe confidencial es más falsa que un billete de tres mil. Hace apenas unos años repitieron hasta el vértigo en todos sus medios un documento secreto de la misma secretaría antilavado que perjudicaba al entonces presidente del Olimpia, Marco Trovato, con aspiraciones políticas y enemigo íntimo de Horacio Cartes.

Todas las acciones, de una y otra facción republicana responden al reparto colorado del aparato público. El oficialismo no tiene la menor confianza en el Ministerio Público, que carga con suficientes casos bochornosos en su haber como para creer que institucionalmente responde a las órdenes del tabacalero. Por su parte, el cartismo, que hizo lo que le vino en gana con Seprelad cuando la presidía Óscar Boidanich (quien pasó a ser oficialmente empleado del grupo al mes siguiente de abandonar el cargo) desconfía por obvias razones de lo que haga ahora esa misma dependencia a cargo de funcionarios leales al presidente Abdo.

El oficialismo está convencido de que solo la presión mediática puede forzar a la Fiscalía a investigar al tabacalero, por eso la revelación era obvia. Lo mismo cree el cartismo, por eso “esta” revelación sí le “indigna”. Son “indignaciones” públicas que no hacen sino confirmar quién maneja qué pedazo del aparato público.

En medio de esto se encuentra el ciudadano común, que tiene sobradas razones para desconfiar de ambos. Es la consecuencia atroz de esta disputa. Tampoco nosotros creemos que la Justicia vaya a hacer algo, salvo que se vea obligada por la contundencia de lo que se publica y su peso en la opinión pública. Con respecto al contenido del informe, es apenas la constatación con números de algo que resulta obvio a la vista. La cantidad astronómica de dinero (la mayor parte en efectivo) que maneja el imperio del ex presidente proviene del negocio del cigarrillo. Su producción multiplica hasta el absurdo lo que se puede consumir en el país y lo que exporta oficialmente. El grueso termina en el mercado brasileño, donde solo pudo ingresar de contrabando.

En puridad, si les vende a los brasileños en Paraguay y estos lo meten de contrabando a su país, no es su problema. El dinero que le pagan es legítimo y no tiene que blanquearlo. Esta es la versión rápida del cartismo.

Pero, si para garantizar la colocación final inventó una red de presuntos compradores que introducen la mercadería al mercado negro brasileño, cobran en efectivo (allí no hay facturas) y luego deben reintroducir ese dinero a nuestro sistema económico, necesita fabricar facturas y crear todo un esquema para ocultar el origen de los fondos.

Si fuese así, para sostener el negocio tendría que usar esas ingentes cantidades de dinero para comprar políticos, jueces, fiscales, policías, medios y periodistas, con lo que terminaría por pudrir todo el sistema democrático. Esta es la versión de sus detractores.

¿En cuál cree usted?

Yo, por supuesto, aguardaré confiado el resultado de la Fiscalía.

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