Conspirar: Unirse contra su superior o soberano; o contra un particular para hacerle daño.
Farsa: Enredo, trama o tramoya para aparentar o engañar.
Hipocresía: Fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan.
Terco: Pertinaz, obstinado e irreducible.
Estas cuatro palabras, con sus significados -según la Real Academia Española (RAE)-, tienen mucho que ver con el escenario que se vive actualmente en el país. Veamos por qué:
El evidente deseo que tienen algunos grupos de volver a manejar el Poder Ejecutivo y el dinero del Estado -que es lo que aparentemente más les importa-, les hace pergeñar una conspiración con la intención de derrocar por la vía del juicio político a Fernando Lugo y detrás de él a todos sus colaboradores.
Los detractores del mandatario dicen que hay motivos para el citado procedimiento constitucional, y otros señalan que no existen hechos que lo ameriten -cada uno puede sacar conclusiones-, pero llama la atención que uno de los que más insisten con el juicio político sea alguien que se quedó con mucho menos poder para el tráfico de influencias al que estaba acostumbrado con su partido, que ahora está en la llanura.
Entonces, la sospecha lógica que surge es que su interés en el mencionado planteamiento no es sincero. No quiere echar a Lugo y a sus séquitos por considerar que hacen mal su trabajo o defraudan al Estado, sino que solo quiere venganza contra los que lo desalojaron y además tener la posibilidad de alcanzar de nuevo el poder del manejo de los fondos públicos.
La farsa es notoria, pero hay ciudadanos que tal vez crean en los mensajes interesados.
En cuanto a la terquedad, es este término el que mejor le queda al presidente de la República, porque a pesar de las críticas -muchas de ellas justificadas- que reciben él y algunos de sus colaboradores, no lleva a cabo las correcciones reclamadas.
Las quejas sobre los errores de los responsables del Indert o de Yacyretá (entre otros), por ejemplo, no hicieron mella en el jefe de Estado. Se mantuvo firme y sigue así, y lo más probable es que eso, en un futuro cercano o no, le cueste más caro de lo que cree.
El ex obispo tiene una gran responsabilidad que debe asumir con mayor seriedad, para no terminar su mandato con el único mérito que tiene hasta ahora, que es el haber encabezado una alianza que derrocó a la ultracuestionable ANR.
Entre las tareas que tiene que apurar, sin perder tiempo, están el acueducto para el Chaco -plan que en anteriores gobiernos solo sirvió para gastar en “consultorías"-, las obras viales adjudicadas o planificadas, para que por fin se concluyan, etc. Todavía es poco lo que hizo; ¿seguirá así?