Edición Impresa

Esa horrible sensación de déjà vu

Estela Ruiz Díaz

Estela Ruíz DíazPor Estela Ruíz Díaz

Mientras continúa la decadente novela de la silla senatorial que ha generado una crisis institucional sin precedentes en el Senado, los nuevos legisladores han asumido sus cargos hace una semana dando vida al nuevo quinquenio del Poder Legislativo.

No ha sido un inicio tranquilo. En Senado la pelea por la banca selló el primer día de sesión y sigue generando acontecimientos político-judiciales con final abierto. En Diputados fueron noticia los excesos de vanidad con pines de oro, maletines personalizados, nombramientos con olor a padrinazgos políticos y primeras rabonas. Nada nuevo bajo el sol, aunque esta vez se adelantaron bastante.

Más allá de los escándalos, se han tomado decisiones claves para la marcha institucional del país que afectan el sistema judicial. Ambas cámaras eligieron a sus representantes ante el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados (JEM) y el Consejo de la Magistratura (CM), organismos con bajísimos niveles de credibilidad por su sometimiento e incluso con comportamiento mafioso como se vio en el JEM de la época González Daher y Oviedo Matto, quienes volvieron triunfantes al Senado luego de ser expulsados el año pasado (uno perdió la investidura y el otro renunció antes de la sentencia), como prueba trágica de la incorregible política paraguaya.

En Senado, la elección para el JEM recayó en el llanista Fernando Silva Facetti y el colorado Enrique Bacchetta. El hermano de este, Claudio, integra el Consejo de la Magistratura por el gremio de los abogados. Los hermanos Bacchetta agigantan su poderío político-judicial, nada bueno en la pretendida marcha hacia la institucionalidad.

Siguiendo con el pacto llanocartoabdista, el senador liberal Ancho Ramírez, con fuertes nexos con el presidente Horacio Cartes, fue elegido para el CM, organismo seleccionador de los candidatos para ministros de Corte Suprema, jueces y fiscales.

En la Cámara de Diputados, fueron designados para el JEM el colorado ex cartista Ramón Romero Roa y el liberal Eusebio Alvarenga. Ante el CM, Roberto González, ex ministro nicanorista que volvió a la titularidad de la arena política como diputado de Cordillera.

La mayoría de los designados solo buscan influencia para tener fiscales y jueces a la medida.

Menuda tarea le espera al presidente electo, Mario Abdo Benítez, que se desgañitó en la campaña electoral prometiendo la reforma judicial y la recuperación de la institucionalidad perdida.

En breve se conocerán las ternas para llenar las dos vacancias en la Corte Suprema, y en días más dejará el cargo Miguel Bajac, salpicado por escándalo de coima estos días. Esta renovación natural implica una magnífica oportunidad para calibrar la diferencia entre el discurso y la acción. Por los legisladores designados, huele que habrá dura batalla por el cuoteo.

Telaraña. En tanto, Mario Abdo prefiere jugar a las escondidas para evitar una posición más clara con respecto a la crisis de las bancas en el Senado. No es fácil para Añetete resolver este entuerto. Están a favor de la jura de Nicanor Duarte Frutos, pero eso abre la puerta para la incorporación de Cartes en agosto. Existen los votos necesarios para forzar el juramento de acuerdo con la alianza llanocartoabdista, pero la telaraña judicial ha complicado la situación. La semana entrante será clave para la definición y todo apunta a que el ex presidente logrará desbancar a Mirtha Gusinky, repudiada públicamente por su líder, el ultracartista Zacarías Irún.

Abdo Benítez intentó desviar la atención mediática nombrando a su ministro de Agricultura. Apostó por el ex candidato a gobernador cordillerano y ex intendente de Arroyos y Esteros, Denis Lichi, pero el nombramiento generó interrogantes, por no ser del ámbito agrícola-ganadero. Y eso que aún le faltan ministerios claves como Educación, Obras Públicas y las binacionales, donde aparentemente primarán nombramientos políticos.

DE MAL EN PEOR. El camino hacia la asunción del nuevo gobierno cada vez tiene más espinas. La crisis en Senado está entrando en terreno peligroso que va más allá de la simple división colorada. Tanto Cartes como Nicanor demandaron a Fernando Lugo por “arrogarse funciones que no le competen”. Desafuero y cárcel es el pedido, recalentando el escenario político, soliviantando ánimos de la sociedad, polarizándola peligrosa e irresponsablemente. La querella clonada tiene peso político. Está impulsada por el presidente actual y un ex presidente patrocinado por el Gobierno electo. No es un dato menor para la Justicia, hasta hoy sometida y temerosa.

La crisis sigue allí y estallará en días más cuando los aliados en el Senado decidan incorporar a Nicanor a fuerza de votos.

Un escenario con sensaciones de déjù vú. Pero esta es una imagen real porque no solo ya se ha vivido antes, sino además se sabe que cuando se violentan los límites institucionales se abren las compuertas del infierno del caos jurídico con impredecibles consecuencias políticas.

Dejá tu comentario