Es decir, el microtráfico de drogas es una de las manifestaciones más visibles del negocio ilícito de venta de sustancias prohibidas, por lo que, al mismo tiempo, la colaboración de la ciudadanía es imprescindible para evitar los peligros que esta problemática acarrea a la comunidad.
Esto, teniendo en cuenta que el aumento del microtráfico en zonas urbanas de Asunción y Gran Asunción incide directamente con el aumento de los niveles de inseguridad que se experimenta en los barrios.
Desde la Secretaría Nacional Antidrogas (Senad) confirman que la delincuencia se agrava a nivel país, debido al aumento de personas adictas, que deben delinquir para conseguir sus dosis de droga.
En ese sentido, desde dicha institución dieron a conocer las cifras de las incautaciones de pequeñas dosis de drogas durante operativos en la lucha contra el microtráfico que se realizaron durante el año en todo el país, dentro del programa Sumar.
ALARMANTE. El informe dado a conocer por la Senad detalla que en los distintos operativos antidrogas contra microtraficantes se lograron importantes incautaciones, las que generaron millonarias pérdidas, que en cifras redondas dan la suma de 8,5 millones de dólares, a las organizaciones criminales y clanes.
El reporte resalta que 800.781 dosis de crac, una de las sustancias ilegales más fuertes y destructivas que afecta principalmente a niños y jóvenes, fueron sacadas de circulación; mientras que 572.985 dosis de cannabis fueron decomisadas del mercado negro en los barrios.
Asimismo, el informe también revela la incautación de 310.598 dosis de cocaína y 63.749 dosis de éxtasis.
En total, fueron desarticuladas 759 focos de distribución y comercialización de drogas ilegales al menudeo.
Estos operativos registraron la aprehensión de 608 microtraficantes. También destaca que se llevaron adelante 1.306 operativos de control y patrullas por parte de los agentes de la Senad, en lo que va del año, dentro del Plan Sumar.
¿QUÉ DICEN? Para las autoridades antidrogas, el crecimiento sostenido del microtráfico —la venta al menudeo de estupefacientes— convirtió a esta modalidad en una de las principales bases de operaciones del crimen organizado, con efectos directos sobre la seguridad, la salud pública y el tejido social de las comunidades.
Entretanto, el aumento año tras año de la comercialización de sustancias ilícitas muestra cómo el microtráfico dejó de ser un fenómeno ais- lado para convertirse en un fenómeno estructural, que va ganando territorio en Paraguay, con una marcada violencia entre clanes y pandillas que se disputan el dominio territorial y que se desatan en los barrios, especialmente en zonas ribereñas.
Sobre el punto, expertos en criminología coinciden en que el microtráfico funciona como la primera etapa del crimen organizado, una suerte de “escalón de entrada” que permite a las organizaciones criminales operar con bajo riesgo, altas ganancias y mayor control territorial.
Este modelo descentralizado permite a las bandas tercerizar funciones: distribución, vigilancia, acopio y venta se ejecutan a nivel barrial, utilizando principalmente a jóvenes en situación de vulnerabilidad como operadores logísticos, advierte el informe de la agencia antidrogas.
Una de las características más preocupantes del microtráfico es que captura a personas cada vez más jóvenes. Adolescentes y adultos jóvenes son utilizados como repartidores, “deliverys”, informantes o simplemente como protección del territorio. Estas tareas, muchas veces vistas como “trabajos fáciles” o “formas de sobrevivir”, los terminan insertando en un circuito que pocas veces tiene salida sin consecuencias graves.
Según informes de organismos internacionales, como la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), las estructuras criminales utilizan el microtráfico como herramienta de “normalización”, permitiendo que ciertas prácticas ilegales se vuelvan parte del día a día en los barrios, con promesas de dinero rápido, respeto y pertenencia.