En octubre del 2023, el entonces senador colorado cartista Hernán Rivas defendía a capa y espada, ante la presión de los medios de comunicación, su supuesta condición de abogado, en medio de una polémica de sospechas que ya comenzaba a convertirse en la bola de nieve que creció y terminó en su condena en primera instancia a ocho años de cárcel por los delitos de producción mediata de documentos públicos de contenido falso y uso de documentos públicos de contenido falso.
“Yo puedo decir que Beto Ovelar no es hombre, pero es hombre”, fue quizá el más hilarante argumento utilizado por Rivas, entre las pocas palabras que dirigió a los periodistas en aquel tiempo, intentando argumentar que los medios podían decir que él no era abogado, pero que sí lo era, según él.
Ahora que lo condenaron, más allá de quedar picando la tan poco afortunada frase, comprometiendo el sexo de su colega, pero queda en duda la legalidad de los 1.311 votos que emitió como miembro del Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados (JEM), la responsabilidad de los que avalaron dicho título falso y de los que lo colocaron como representante, primero de Diputados y luego del Senado, y hasta como presidente del órgano juzgador de jueces, fiscales y defensores públicos.
Y acá viene la gran pregunta: ¿Cómo una persona de las condiciones intelectuales de Hernán Rivas logró convertirse en juez de jueces con el apoyo de toda la bancada oficialista del Congreso? ¿A quién se le ocurrió proponerlo y convencer a todo el cartismo de que era la persona idónea para el cargo? ¿Con qué criterio mínimo? Porque convengamos que es un cargo sumamente delicado y requiere conocimientos legales muy amplios, y el Partido Colorado cuenta con varios legisladores abogados de probada calidad, como lo fue en su momento el hoy fallecido ex diputado Ramón Romero Roa, a quien Rivas, con ayuda de todo el cartismo, usurpó su cargo en el JEM, el 3 de junio del 2020.
La primera denuncia contra Hernán Rivas en la que se lo acusó de usar un título falso para estar en el JEM fue presentada una semana después, el 11 de junio de 2020, por el abogado Federico Campos López Moreira. Esta denuncia ocurrió dos días después de que el título del entonces legislador fuera registrado oficialmente en el Ministerio de Educación y Ciencias (MEC); es decir, la Cámara Baja lo eligió juez de jueces y él no tenía su “título” registrado.
Para peor, Rivas nunca antes “ejerció” como “abogado”, y recién juró como “letrado” ante la Corte Suprema el 7 de julio del año 2021 ante la entonces ministra Gladys Bareiro de Módica.
La limitada capacidad de lectura de Rivas se hizo abiertamente evidente el 8 de julio de 2020, durante una de sus primeras intervenciones en una sesión pública del JEM. Aún así, fue ratificado por la Cámara de Diputados como representante ante el JEM el 1 de junio del 2021.
“Y la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido”, diría Joaquín Sabina, y Rivas fue electo senador; el 6 de julio de 2023 fue electo representante de la Cámara Alta ante el JEM, y el 10 de julio de 2023 fue encumbrado por unanimidad como presidente de dicha institución.
Sin embargo, la evidente condición intelectual precaria de Rivas generó cuestionamientos y el 1 de agosto de ese año terminó renunciando a la presidencia del JEM y salió pidiendo permiso.
Ese mismo mes, el diputado Raúl Benítez iniciaba un pedido de informes a la Aneaes, Cones, MEC y la Corte Suprema sobre la Universidad Sudamericana, buscando los registros de egresados para auditar la legitimidad del título de Rivas.
El 18 de octubre de ese mismo año, Benítez y la senadora Kattya González formularon la segunda denuncia ante la Fiscalía contra Rivas por supuesto título falso, y en diciembre piden la pérdida de su investidura, que terminó siendo un búmeran contra la legisladora, expulsada en febrero de 2024.
Tras seis años de la primera denuncia contra Rivas, la Justicia lo condenó, y ahora “los muertos se asustan del degollado”, y dicen sentirse “estafados”, pero lo cierto y concreto es que fueron “humillados” por tener que obedecer una orden de arriba y sostener a un impresentable abogado mau.