27 sept 2026

Los guapitos se hacen los idiotas

Senadores de honor Colorado con Santiago Peña_66855601.jpg

“(Condena a Hernán Rivas) La ANR nunca ha caído tan bajo. El cartismo puede atribuirse este mérito”.

Nosotros cuando éramos diputados y le nombramos como representante ante el Jurado de Magistrados, teníamos la certeza de que él era abogado”, senador Derlis Maidana.

“En el ámbito privado le decíamos a él ‘sos o no sos abogado’ y respondía ‘claro que sí, soy’. Yo también me siento estafada porque también le creí que tenía un título verdadero”, senadora Lizarella Valiente.

“Hernan Rivas nos mintió y caímos casi todos”, senador Gustavo Leite.

Tales son las frases exactas de los legisladores cartistas tras la condena de 8 años de prisión de Rivas por el título falso de abogado. Los que lo encumbraron ante el Jurado de Magistrados.

Ya bastante se escribió sobre la larga historia de mentiras y fraudes del político colorado itapuense, a quien hoy sus correligionarios le atribuyen la genialidad de un prestidigitador porque los “engañó” durante seis años.

“Hernán Rivas no cursó ni aprobó la carrera de Derecho. La certeza del tribunal no nace del silencio del acusado, sino de lo que en juicio se demostró”, determinaron los jueces sin vacilar respaldados en la incuestionable acusación de los fiscales Patricia Sánchez, Luz Guerrero y Christian Benítez.

Desde el 2020, cuando era diputado y ya fue elegido miembro del JEM por la bancada colorada, hubo alertas institucionales sobre su título. Hay pruebas documentales. El ex senador y entonces titular del JEM, Enrique Bacchetta (ANR), envió una nota a la Cámara de Diputados el 4 de setiembre de 2020 para advertir que Rivas no era abogado y solicitó que se designara a otro representante en su lugar. Debe acotarse que para designarlo los colorados destituyeron inconstitucionalmente a su correligionario Ramón Romero Roa para forzar la vacancia.

Siendo senador y con las pruebas cada vez más contundentes sobre la falsedad de su título, el cartismo lo volvió a elegir para ser juez de jueces. Y aunque parezca insólito, los miembros del Jurado, abogados de renombre, ministros de Corte, miembros de la academia, lo eligieron presidente, en un acto de vejación institucional inexplicable.

METAMORFOSIS. Algunos compararon el caso Rivas con la tortuga en el poste. Es una verdad a medias. Al ver la escena de la tortuga, uno no entiende cómo llegó allí. En este caso se sabe: La bancada cartista lo puso allí. A diferencia de la tortuga que nada útil hace encima del poste, Rivas sí era eficiente para el sistema. Fue puesto allí para premiar a los fiscales y jueces corruptos y aplicar el garrote a quienes no se alineaban. Como titular del Jurado firmó 140 resoluciones: Destituciones, apercibimientos y absoluciones. En algunos casos, su voto fue el decisivo. No se sabe aún cómo se resolverá este caos institucional. Tampoco fueron sus correligionarios los que lo bajaron del poste, sino las valientes denuncias del diputado Raúl Benítez y la senadora Kattya González, que forzaron su renuncia y el proceso judicial. A González le costó la banca la osadía de revelar la estafa. Un tribunal presidido por María Fernanda García de Zúñiga e integrado por Juan Carlos Zárate y Yolanda Portillo, sentenciaron el final de una fábula. La tortuga debe ir a la cárcel.

El caso Rivas es probablemente el escándalo institucional más grave de toda la transición democrática. Porque es una estafa que involucra a todos los poderes del Estado y desnuda la decadencia de las universidades, un tema que se debate hace dos décadas, pero nada se hace para enderezar. Certifica además el daño irreparable que puede causar el poder cuasi absoluto, embebido de prepotencia y mediocridad. La ANR nunca ha caído tan bajo. El cartismo puede atribuirse este mérito.

Por eso es insultante la hipócrita reacción de los legisladores oficialistas que ahora pretenden convencer que “fueron estafados”. Los magos del robo del dinero público que hace décadas manejan el Estado a su antojo, con guantes blancos y guantes negros, que conviven con el crimen organizado como socios comerciales y manejan los hilos del país a su antojo, quieren convencer que son pobres idiotas, engañados por una mente brillante que no hila dos frases.

Los colorados y sus satélites, y especialmente el oficialismo, no pueden desconocer que fueron los principales responsables de este adefesio político-jurídico. Que encumbraron a Rivas a lo más alto del poste porque no les importa socavar los frágiles cimientos de las instituciones. Aunque pretendan el atajo fácil de la victimización, la sentencia judicial también los declara culpables. El tribunal concluyó que “las resoluciones de las cámaras (de Diputados y Senadores) revisten de carácter de instrumento público, que dieron plena fe de su idoneidad para integrar el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados”. No pueden lavarse las manos.

Rivas es el hijo sano de un sistema corrupto que tiene entrampado al país hace décadas. Es el epítome de la vulgar doctrina colorada revelada en lenguaje llano por Santiago Peña: “a los cargos se llegan gracias al Partido Colorado, no porque tienen la pared llena de títulos”.

Rivas compró su título de una oscura universidad garaje, y con ese único diploma y el apoyo incondicional de su bancada llegó a la punta del poste. Lamentablemente, este vergonzoso episodio no será un punto de inflexión para destruir las redes que minan la democracia. No será posible mientras los guapitos que están en el poder prefieran hacerse los idiotas para seguir esquilmando el país.

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