11 abr. 2026

El que se picha, pierde

El espectáculo de luces, desplegado en la gala de apertura de los II Juegos Panamericanos Junior Asunción 2025, del sábado 9 de agosto en el Defensores del Chaco, y el show de música y bailes terminaron casi aplastados por una demostración de expresión ciudadana.

Hubo gente muy enojada por eso, y ese suele ser el problema de aquellos que tienen dificultades para aceptar la democracia, los derechos y las libertades. Es lo que le pasa a cierta gente que, en ciertas circunstancias, no pueden evitar mostrar aquello que la italiana Oriana Fallaci llamaba “el enano fascista que llevamos dentro”.

A nuestro presidente le encantan los grandes eventos. Está mayormente ausente de nuestras vidas, pero cuando hay que sonreír para la foto, seguro que podemos contar con él. Y claro que no se iba a perder la apertura de los Panamericanos.

El estadio Defensores del Chaco vistió sus mejores galas, como se dice, para vivir una noche que quedará para la historia. Como parte del programa oficial, el ministro de Deportes, César el Tigre Ramírez, inició su discurso nombrando a las autoridades presentes, una a una, incluidas las esposas.

Al ser nombradas las autoridades presentes quedó establecida –con mayor rigor que una encuesta de opinión– la popularidad de los presentes. El excelentísimo señor presidente de la República, Santiago Peña recibió abucheos, pero ese montón de búuuuuuuuuuuus, perdió por goleada contra el abucheo y silbatina al presidente de la Cámara de Senadores, Basilio Núñez; contra el director paraguayo de la Itaipú, Javier Zacarías Irún, y contra Robert Harrison, presidente de la Asociación Paraguaya de Fútbol. Este último es quizá el más acostumbrado a las silbatinas. Seguramente no sea imparcial en esto, pero creo que hubo un empate técnico en el escrache al presidente del Congreso y al señor Zacarías de Itaipú.

Eso sí, se entendió demasiado bien que al único que aclamaron sinceramente fue al presidente del Comité Olímpico paraguayo, Camilo Pérez López Moreira.

Es fácil de entender el entusiasmo de la gente. Recordemos aquellos juegos Odesur de hace dos años y a Tiríka. Porque resulta que apoyando estos deportes no están solo los familiares de los y las atletas y sus amigos, está la gente que gusta de los deportes, más allá del fútbol.

Estos deportes –creo que los llaman olímpicos– están lejos de tener apoyos y patrocinios como otros, como fútbol o tenis. En realidad, en Paraguay el único que es popular y tiene apoyos e infraestructura es el fútbol masculino como sabemos. Para practicar estos deportes que en estos días están compitiendo en este Panamericano hay que tener no solo condiciones físicas y talento, hay que tener mucha garra porque la mayoría de estos atletas paraguayos (y muchos de ellos ganaron medallas de oro) son estudiantes y trabajadores.

Santiago Peña se pichó, como se picharon el director de Itaipú y el presidente del Congreso, y también se picharon mucho sus defensores mediáticos. Pero lo que tienen que entender todos es simple.

Apoyar el deporte no es solo hacerse una foto con Joshua cuando gana una carrera, o ir hasta el Carde para sacarse una foto con el profe Alfaro. Apoyar el deporte sería dotar a las escuelas y colegios públicos de infraestructura para la práctica de deportes. ¿Cuántas medallas olímpicas tendríamos si el Gobierno apoyara de verdad los deportes?

La otra cuestión es, en serio... ¿qué esperás? Si viajás más que un piloto de aerolínea, mientras la gente forma horas de humillante fila para comprar un poco de carne más barata.

Si los paraguayos vivimos de agravio en agravio: en los hospitales públicos, en el transporte público, al ser asaltados por motochorros dos veces por semana, y cuando vemos cómo llenan el Congreso con sus hijitos bachilleres, sus esposas y amigas, por eso el abucheo se convierte en un derecho y casi una obligación ciudadana.

Además, como se dice por ahí, “el que se picha, pierde”.

Más contenido de esta sección