Investigador
El libro, El padre César Alonso en la cultura paraguaya y la Revolución de 1947, como toda obra del padre Alonso, es de gran significado por el alto nivel creativo y para más, en este caso, hace referencia a la gravosa Guerra Civil de 1947. Hasta hoy sobre este hecho hay una contradicción entre las fuerzas y las ideas que se han escrito en algunos libros, pero, en este caso, es una edición muy especial porque se trata de un Diario de esos meses difíciles, desde la óptica de un sacerdote, que veía los hechos con la emoción que ello le producía, porque muchos de los que enfrentaban eran como hijos (ex alumnos del Colegio San José), que desde el año 1904 llevaban ya impartiendo fe y cultura.
EL VALOR INTELECTUAL DEL PADRE ALONSO
El padre César Alonso de las Heras, argentino e ibero, formado como sacerdote en España, aunque en esa época la Congregación del Sagrado Corazón de Jesús (o padres bayoneses o betharramitas), como era más conocida, llamada hasta los años 50 del siglo XX Colegio Francés porque sus miembros eran en su mayoría vascofranceses, y la óptica cultural se imponía de preferencia en dicha formación, y la editorial FVD que produjo valiosos libros escolares entre 1930-1950, es de alto valor pedagógico-cultural.
El mundo de ese universo cultural en el colegio fue su muy valiosa biblioteca con libros universales, muchos de ellos mencionados en el “índex” de la Iglesia Católica, pero que abría sin problemas a los alumnos del colegio, con nivel para ello. Vale la pena mencionar que 1911, es decir cuando el colegio apenas tenía 7 años de vida, se forma su actual Academia Literaria, que en forma inalterable funcionó desde ese año a nuestros días y hasta 1941, con el padre Marcelino Noutz que tanto influyó en la mística nacional y desde ese último año, en los alumnos del colegio, y coetáneos de los mismos y aprendieron a coexistir en el mundo del pensamiento y a hacer más alcanzable la paz, por obra del intelecto. Es suya la mágica expresión: “La redención del Paraguay a través de la cultura”.
Así, 1947, en medio de la controversia de ese año lóbrego en nuestra historia, intelectuales de opiniones diferentes se reunían y compartían la historia y hechos del país durante doce años. Creo que la llamada generación del 50 que yo la llamaría “Academia Universitaria del Paraguay” tuvo el maestrazgo del padre Alonso y en ella participaron no solo alumnos del San José, sino de todo el país y lo hicieron también mujeres y artistas plásticos.
El padre Alonso me hizo entrega al igual que Adriano Irala Burgos de toda la documentación que poseían sobre dicho instituto, tema sobre el que versó mi charla de ingreso a la Sociedad Científica del Paraguay, así como artículos publicados en la prensa nacional. El padre Alonso, me facilitó, otras carpetas de materia inédita y de gran valor cultural, que será publicada oportunamente.
Justamente, su obra en dicha Academia Universitaria motivó que el Gobierno, de ese entonces, aprovechara el término de las funciones como director del colegio, en 1958, para sugerir el abandono de su labor en dicho Instituto Cultural; así, en marzo de 1959 lo vi partir desde el Aeropuerto Silvio Pettirossi, lugar donde estuve nuevamente en 1967 para recibirlo y fortalecer aún más, una larga amistad que perdura hasta hoy a pesar de su partida.
La Academia Universitaria del Paraguay, al retirarse el padre Alonso, dejó de funcionar. Algunos de sus miembros, sin dejar de ser de vasta cultura, pasaron a militar en el Partido Colorado, el Partido Liberal y muchos a la Democracia Cristiana que entre 1959/61 participarían de su formación.
LA GUERRA CIVIL DE 1947
Esta guerra fue la más dramática que tuvo el Paraguay; no, desde luego, la más larga en tiempo, pero sí la que produjo, en efecto, el quiebre y el divisionismo al crear ideas muy dispares “entre los vencidos y vencedores”, aunque, como bien lo dijo el gran poeta Herib Campos Cervera, en su libro Ceniza redimida, 1950, en su poema, “Regresaran un día, y decir: Por los caídos, por la libertad de mi patria y para los que viven para servirla esta constancia”.
Iniciada en marzo de 1947 en Asunción, concluye tras el traslado de su centro de acción a Concepción hasta concluir en agosto del mismo año, en las puertas de Asunción, en tanto asumió una partición del espíritu nacional como tantas cosas, que no vienen al caso exponer más allá de lo dicho en las líneas anteriores.
EL DIARIO DEL PADRE CÉSAR ALONSO DURANTE LA GUERRA CIVIL DE 1947
Cuando hace unos años, me hablaron de este Diario, hoy publicado, ya leí varias de sus páginas, ocasión en que solicité a la Asociación de Ex Alumnos del Colegio, autorización para publicarlo. Pedido que no obtuve respuesta.
Aunque me emocionó ver que el mismo, tuvo al final su merecida edición.
El padre Alonso era un hombre de cultura, intensamente vinculado a la creatividad. Esta milagrosa elección permite constatar cómo veía un sacerdote, con escasos 34 años, quien había visto las penurias de la Guerra Civil en España (1936-39). Si bien participó en parte de esa guerra, como sacerdote, llegar a este país, fue adoptar esta nueva patria como propia y desde que llegó en 1940 hasta su fallecimiento en el 2004; es decir, durante 64 años, fue autor de una obra valiosa, además de la dación de su saber entre alumnos, ex alumnos y ¿por qué no?, del país entero.
Así se puede ver cómo transmite con palabras fáciles su descripción desde Asunción marzo 1947, lo que él veía, como civil –aunque sacerdote–, sin formar parte de partido político alguno. Creo que uno de los aportes más valiosos de este libro de memorias sería, para mí, desde la torre, que sería, una forma de narrar con sinceridad y aporte interpretativo de ese penoso suceso zonal-político.
Es extraño cómo este aún joven intelectual podría observar esta contradicción de armas e ideas, él que era un hombre de cultura y paz.
El libro del padre Alonso sorprende por su sinceridad de lo que ocurría y citar nombres muy conocidos, a la descripción rígida del padre Alonso.
Él no se fanatizó en nada, sufrió esta contraposición de armas, de una y otra parte, y en medio de ella, dar clases de moral, presidir sesiones de la Academia Literaria y ayudar a crear la ya casi entrante Academia Universitaria e incluso recibir a escritores también bien conocidos, que le llevaban sus “compuestos” y obras culturales a consulta.
Realmente, le asigno valor muy pronunciado a este diario de guerra civil por ser un aporte valioso e imparcial de un momento de nuestra historia y hecho por un civil.
Si bien conocí muy bien al padre Alonso, me sorprende positivamente, esta obra, que el autor expone el valor rápido de su prosa y la sinceridad cómo describe hechos y personas.
Recomiendo la lectura de una visión buena e imparcial de un significativo episodio histórico.