27 abr. 2026

El eterno bucle colorado

Alliana con Cartes

Una de las tantas razones esgrimidas para explicar la permanencia del Partido Colorado en el poder por 8 décadas, que se cumplirá en el 2028, es su estrategia repetida pero siempre eficaz de ser oficialismo y oposición al mismo tiempo. Que más allá de sus diferencias y sangrientas disputas internas, logran reunificarse para ganar las elecciones. El problema y la solución. Así ganó Mario Abdo con apoyo cartista y así ganó Santiago Peña con apoyo abdista. Simples, predecibles, transparentes. No hay secretos ni estrategias mágicas de campaña. Esta dinámica es un ciclo natural y se reduce al “abrazo republicano”.

La ANR ha tenido sus matices a la hora de gobernar. El presidente designado por el establisment responde a la coyuntura o a los accidentes políticos, como González Macchi. Un militar, dos empresarios, políticos dirigieron el país. Ahora, un economista. Diferentes en carácter y gestión. Ninguno salió del molde de la república colorada construida a golpes de corrupción, clientelismo, prebendarismo, crimen organizado, las herencias incólumes y perennes del stronismo. Sin grandes reformas, excepto ajustes para que el país siga entre el status quo y una lenta marcha que le sirve para sobrevivir, sin generar el salto al desarrollo hacia una sociedad más equitativa, la ANR retiene el poder gracias a la telaraña que perfecciona cada gobierno y mantiene entrampada a la sociedad.

Así transcurrieron los gobiernos colorados, en su envase natural, con previsibilidad y cierto respeto a las diferencias políticas, hasta que otean la posibilidad de perder el poder. Allí aplican la guadaña y sin disimulo destruyen al adversario sin el más mínimo reparo a las reglas democráticas. Así fue con Fernando Lugo, Kattya González, Miguel Prieto y otros.

El 2023 marca otro hito: la profundización del autoritarismo. Desde el inicio de campaña electoral el cartismo decidió, bajo su falsa moral de “Dios, Patria y Familia”, atacar a sus adversarios utilizando su imponente poder económico y un poder mediático cuyo único objetivo es mancillar a quienes osen cuestionarlos a base de insultos y mentiras.

El retorno al poder de Cartes con Peña marca un punto de inflexión en ese peligroso retorno al autoritarismo y la profundización de la destrucción institucional. Junto a sus aliados venales han traspasado todos los límites posibles de la decencia, ya que defienden sin ambages a sus delincuentes, torciendo preceptos constitucionales.

Esa es una diferencia importante con gobiernos colorados anteriores que tenían ciertos límites o mostraban cierto pudor cuando la corrupción era intolerable.

Hay una degradación institucional nunca antes vista

El escandaloso permiso a Hernán Rivas, un abogado mau, según la Fiscalía, es la protección a la mafia de las universidades garaje que pone de rodillas a los que se benefician con la industria de los títulos falsos. Un tema transversal que involucra al Congreso, el Poder Judicial y la Academia. Rivas es apenas la punta del ovillo de un sistema pestilente que tiene a los más altos funcionarios como sus protectores.

¿Cómo no interpretar el blindaje al senador Erico Galeano, condenado a 13 años de prisión por vínculos con el narcotráfico, como una protección al negocio que sostiene a gran parte de la política? La narcopolítica es una de las fuentes más importantes de la política hasta convertirse hoy, a fuerza de dinero, en árbitro institucional gracias al sometimiento de políticos, fiscales, jueces, empresarios.

O a Nenecho, al que renunciaron para no destituirlo por haber destruido la capital.

La maquinaria sigue bien aceitada alimentando la angurria política. Si Fonacide enriqueció intendentes, Hambre Cero enriquece a los gobernadores. Por qué no sería así, si Peña, que se ufanaba de no tener casa propia siendo candidato, con apenas un año de gestión ya ostentaba una mansión veraniega del millón de dólares. El ejemplo tiene efecto cascada.

El poder hegemónico, absoluto, el copamiento sin límites borró la delgada línea roja de los escrúpulos, porque no existen contrapesos institucionales. El Poder Judicial es una caricatura, la sociedad está anestesiada y la oposición desarticulada, sin capacidad aún de superar sus pequeñas miserias.

EL TEATRO

Por eso no hay que dejarse engañar por las trifulcas del poder, como la disputa por la chapa oficialista para el 2028. Como Cartes ya definió el 2028 eligiendo como sucesor a Pedro Alliana, la dirigencia de base se pelea por el hueso de la Vicepresidencia.

El segundo tiempo de Peña se adelantó. Está más debilitado dentro del partido, más fantasmal para el resto de la sociedad, sin dinero y sin confianza. Solo con el hueco discurso de su Paraguay gigante que ni siquiera paga sus deudas internas. Un segundo tiempo más duro que pagarán las eternas víctimas del viejo sistema, mientras destrozan el Estado.

Este ciclo colorado se replica indefinidamente, más allá de los protagonistas. El punto no es quién será el candidato en el 2028, sino la peligrosa continuidad de un modelo político, económico y social agotado.

El desafío es no sucumbir una vez más en ese bucle.

“El poder hegemónico, absoluto, el copamiento sin límites borró la delgada línea roja de los escrúpulos”.

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Seguidamente, se reproduce (con algunas adaptaciones) el texto de la ponencia presentada por el abogado Ricardo Daniel Sasiain Sosa en el marco del IX Seminario Internacional de Ética en el Gerenciamiento de la Salud realizada en la Ciudad del Vaticano. Ricardo Daniel Sasiain Sosa es abogado, docente universitario y comunicador paraguayo, con una reconocida trayectoria en los ámbitos jurídicos, empresariales y sociales. Se desempeña como docente en la Universidad Americana y, actualmente, es miembro suplente del Consejo de la Magistratura en representación de las universidades privadas.