| Domingo, 25 de Enero de 2009
| lbareiro@uhora.com.py
Se me acabaron las vacaciones. Perdonen la burguesa introducción, pero era necesaria para que comprendan mi turbación ante algunos hechos acaecidos en la semana.
Verán. Apenas regresé, cometí la imprudencia de informarme sin pasar antes por un periodo de aclimatación.
El impacto fue tremendo. Ciertas contradicciones que, por lo general, son rutina en el debate público, se me presentaron así como síntomas inequívocos de locura colectiva.
Doy ejemplos.
El presidente de la República se reunió con la diputada Desirée Masi y otros connotados políticos, y manifestó su apoyo incondicional a la campaña que pretende eliminar el cuoteo político en la conformación de la Corte.
Lugo se declaró un ferviente detractor del cuoteo.
Horas después, convocó al Senado para elegir al reemplazante de Wildo Rienzi de una terna confeccionada en tiempos de Duarte Frutos, casi un epílogo del cuoteo que Nicanor orquestó bajo su gobierno.
Como si no fuera suficiente, el presidente dejó claras instrucciones de que el elegido fuera Emiliano Rolón, candidato del castiglionismo.
Ergo, Lugo aprueba una cuota para la ex disidencia colorada.
Obviamente, la incoherencia presidencial causó roncha. Senadores liberales, aliados políticos suyos, criticaron su actitud y le comunicaron que apoyarían a Rolón, pero solo si el Gobierno se comprometía a respaldar la reconfirmación de los ministros liberales de la Corte. O sea, más cuoteo.
Por su parte, los colorados nicanoristas y los oviedistas denunciaron un evidente pacto entre luguistas y castiglionistas para montar una Corte a su medida; un pacto similar al que arribaron ellos en el pasado para montar la actual Corte; la que liberó a Oviedo de culpas y penas, y permitió a Nicanor ocupar la ANR y luego disputar una banca sin dejar de ser presidente.
No hubo quórum y la movida de Lugo se convirtió en su primer fracaso. Ese mismo día, la senadora Masi celebró que no se realizara la sesión y calificó el hecho como una victoria del frente anticuoteo, que en teoría lidera el propio Lugo.
Minutos después, un vocero del Gobierno lamentó que no se realizara la sesión e hizo pública la decepción del presidente. El vocero era nada menos que el correligionario de Masi y su mayor socio político, el ministro Rafael Filizzola, su marido.
Para completar, escuché a Roberto Paredes, periodista devenido en consejero de Yacyretá y a quien siempre supuse partidario de la izquierda, pontificando sobre la necesidad de apoyar al sector privado y aplicar tecnología para enfrentar la crisis.
Al parecer, Lugo también le escuchó, y optó por lo último: aplicar tecnología. Tomó su celular y le envió un escueto mensaje de texto pidiéndole la renuncia. Aparentemente, Paredes andaba reuniéndose con alguna gente para escribir un libro. Con Lino Oviedo, por ejemplo.
En fin, si algo debo rescatar es que solo faltan 365 días para mis próximas vacaciones.