Silvana Rial Banti
Bailarina y audiovisualista
silrial@gmail.com
Imagino una sala repleta de gente elegantemente vestida al estilo parisino de 1913. Imagino la expectativa al abrirse el telón del Teatro de Champs Élysées, y en medio del silencio profundo el sonido de un fagot... cien años atrás, un 29 de mayo, el día del estreno de La consagración de la primavera.
Con música de Igor Stravinsky, coreografía de Vaslav Nijinsky, producción ejecutiva de Serguéi Diáguilev y la escenografía y vestuario de Nicolái Roerich, quizás fue una alineación de estrellas o simplemente el curso de las cosas, pero estas personas se juntaron y dieron a luz algo que marcaría un antes y un después en la historia de las artes.
Una visión
En 1910, el compositor Igor Stravinsky dijo haber tenido una visión: “Vi en mi imaginación un rito pagano solemne: los ancianos sabios, sentados en un círculo, observando a una muchacha que baila hasta morir. La están sacrificando para propiciar al Dios de la Primavera”. Fue alentado por su amigo artista plástico, escritor y arqueólogo Nicolái Roerich, quien quería montar algo que reflejara la esencia de la Rusia primitiva. Así Stravinsky empezó a trabajar en la música de su Imágenes de la Rusia pagana. El resultado fue una música única de melodías simples y ritmo inesperadamente cambiante.
Por otro lado, y con ojo clínico para los negocios del arte, Serguéi Diáguilev venía coleccionando éxitos con Los Ballets Rusos, una compañía de danza compuesta por los mejores bailarines rusos, que hacían gala de su mejorada técnica clásica, y a la cual se sumaron grandes bailarines de otras partes del mundo, que muchas veces cambiaban sus nombres por otros de estilo “arrusado”, para pertenecer a dicha compañía.
Los Ballets Rusos habían repuesto obras como Giselle, El lago de los cisnes, y con Michel Fokine como coreógrafo habían creado El espectro de la rosa, Petrushka y El pájaro de fuego, con música de Igor Stravinsky. Se habían presentado en París, Montecarlo, Bruselas, Roma. Entre sus bailarines estaban Anna Pávlova y el llamado Dios de la Danza: Vaslav Nijinsky.
Sin dejarse intimidar por los escándalos, Diáguilev escuchó la idea de Stravinsky y apostó por la coreografía de Nijinsky. Por supuesto, la escenografía y los vestuarios serían de Roerich. El proyecto era La consagración de la primavera.
Hasta el final, ¡pase lo que pase!
La obra, ya con algunos incidentes, se venía montando a lo largo de 120 ensayos, los cuales se hacían pesados por lo difícil que era para los bailarines contar los cambiantes ritmos de Stravinsky, quien también se había ocupado de acotar al margen de sus partituras momentos coreográficos específicos y que se encargó de que Nijinsky los respetara.
Con la ayuda de Marie Rambert, los ensayos fueron tomando mejor color. Era bailarina y maestra, seguidora de Isadora Duncan; había sido contratada por Diáguilev para ayudar con las formas sencillas de la coreografía de Nijinsky, pero diametralmente opuestas a las del ballet. Marie fue de gran importancia, ya que hacía de puente entre las indicaciones de su amigo Nijinsky y los bailarines, quienes no estaban contentos. En la coreografía de Vaslav no habría ninguna demostración de virtuosismo, ni siquiera una primera posición de pies. A todo esto se sumaría el hecho de que Stravinsky, quien también asistía a los ensayos, exigió que la música sea tocada como él la había concebido, lo que obligó tanto a músicos como a bailarines a acelerar sus tiempos.
La noche del 29 de mayo, el Teatro de los Campos Elíseos estaba repleto, con un público ansioso por ver el estreno. Un público acostumbrado a los argumentos románticos, a los tutús y las zapatillas de punta. Se hizo un breve silencio. La calma que precede a la tormenta.
El sonido de un solitario fagot. Se daba inicio a la nueva composición de Igor, con la dirección de Pierre Monteux y una orquesta con 100 músicos, quienes tenían la orden de Diáguilev de “tocar hasta el final, pase lo que pase”. Él podía presentir el efecto que causaría la que no sería solo una puesta más de ballet.
Para muchos el tema era difícil de digerir. La recreación de un rito pagano inspirado en las danzas folklóricas antiguas. Un círculo en el que se elegía a una joven virgen para danzar hasta morir y así garantizar el retorno de la primavera. La obra fue dividida en dos partes: “La adoración de la tierra” y “El sacrificio”.
Entre el variado público, se encontraban personajes importantes de la intelectualidad y del arte de la época. Los músicos Camille Saint-Saëns y Florent Schmitt; el primero se retiraría antes de que concluyera el estreno. También estaban Pablo Picasso, Cocó Chanel y el artista Jean Cocteau, con su grupo de bohemios amigos; también Romola Pulsky, quien ese mismo año se casaría con Nijinsky, por lo cual este sería echado de Los Ballets Rusos, pero esa es otra historia.
Al abrir el telón, empezaron a hacerse escuchar los comentarios y silbidos de quienes se sentían engañados, ya que no veían ningún blanco tutú. No se hicieron esperar los siseos de quienes pretendían escuchar y ver con tranquilidad una obra inaudita hasta el momento. Las cosas empeoraron, a tal punto que Vaslav, parado sobre una silla al costado del escenario, contaba a gritos los tiempos musicales para que los bailarines pudieran seguir, ya que no se escuchaba la orquesta del bullicio provocado por el excitado auditorio.
Pase lo que pase, La consagración de la primavera se estrenó. Fueron unos muy largos 45 minutos. Serguéi Diáguilev sabía que la historia de las artes no sería la misma. Algunos frustrados y otros satisfechos se dirigieron al Bosque de Boulogne a pasar la noche, luego del revolucionario evento.
Y después...
Esa temporada, La consagración... fue representada solo tres veces en París, y luego del escándalo del estreno tuvo una tibia acogida. También se representó unas siete veces en Londres, y se sacó del repertorio de Los Ballets Rusos.
“Ojalá quienquiera que escuche esta música, jamás experimente la burla a que fue sometida y de la cual fui testigo en París, en la primavera de 1913", escribió Stravinsky en el margen de las partituras originales, cuando en 1963 le fueron devueltas.
Aunque la música se siguió tocando con éxito en grandes orquestas, la coreografía fue reconstruida con bastante posterioridad. En la actualidad, ya fue repuesta muchas veces y versioneada maravillosamente otras tantas, por magníficos coreógrafos como Maurice Bejart, Pina Bausch, Angelin Preljocaj, solo por citar algunos. Este 2013, muchas compañías de ballet de todo el mundo están rindiendo tributo a esta revolucionaria obra.
La consagración de la primavera cumple 100 años y, probablemente, a estas alturas ni la música ni la coreografía nos puedan sorprender, pero su magia aún sigue encantando.
Breve perfil
Igor Stravinsky nació el 17 de junio de 1882 en Oranienbaum (hoy Lomonosov), Rusia. El conocido compositor ruso Nikolái Rimski-Kórsakov fue quien dirigió sus primeras composiciones musicales.
En 1908, el empresario ruso Serguéi Diáguilev le propone que componga para Los Ballets Rusos. El pájaro de fuego (1910) y Petrushka (1911) fueron las exitosas obras que el compositor dio a conocer. El estreno de La consagración de la primavera (1913) supuso el rechazo inicial del público, no familiarizado con las disonancias y los ritmos asimétricos.
Otras obras suyas del mismo periodo son Historia del soldado (1918), para 7 instrumentistas, 3 actores y una bailarina; Ragtime (1918), para 11 instrumentos, y Piano ragmusic (1919).
En 1920 empieza otra etapa con su marcha a París. Allí compone sus Sinfonías de instrumentos de viento (1920), la ópera cómica Mavra (1922) y el ballet-cantata La boda.
Resalta la ópera-oratorio Edipo rey (1927), con un texto en latín, versión de J. Danielou, sobre un texto de Jean Cocteau, inspirado en Sófocles. Perséfone (1934) llevaba texto de André Gide.
En 1967, con 80 años y con una salud débil, dirigió su última grabación. Igor Stravinsky falleció el 6 de abril de 1971, en Nueva York, y fue enterrado en Venecia.
Estreno mundial de nueva obra
de Diego Sánchez Haase en Londres
Se estrena en Gran Bretaña Dos piezas paraguayas, la más reciente obra del director y compositor. Una entrevista al autor y a la intérprete Valentina Díaz Frenot.
Por Antonio Pecci
Periodista
apecci@uhora.com.py
El próximo jueves 6 de junio, la pianista argentina Valentina Díaz Frenot realizará el estreno mundial de la nueva composición del compositor compatriota Diego Sánchez Haase, en Londres, Inglaterra, en un concierto organizado por la prestigiosa Iberoamerican and Latin American Music Society (ILAMS), a llevarse a cabo en la recientemente inaugurada sala de conciertos The Forge, que cuenta con un nuevo piano Steinway and Sons. Ante este trascendental acontecimiento para la música del Paraguay, conversamos con los artistas, tanto con la intérprete como con el compositor.
--Maestra Valentina Díaz Frenot, ¿qué representa para usted estrenar una obra ante un público como el de Londres?
--Siempre es un gran compromiso presentar una obra nueva, pero en el caso de Londres, y en particular la Asociación ILAMS, organizadora de este recital, me ha solicitado presentar obras del Paraguay, pues el público londinense no conoce mayormente las obras pianísticas de los compositores paraguayos, tradicionales o contemporáneos. La Iberoamerican and Latino American Music Society es una asociación de mucho prestigio en Londres, que se ocupa y promociona el repertorio español y latinoamericano.
--¿Qué sensación le causa la obra y qué dificultades presenta para su ejecución?
--¡Me encanta que un compositor me dedique una de sus obras! Evidentemente, la pieza presenta dificultades técnicas, principalmente en la segunda danza, ya que implica tocar siempre con las manos cruzadas; eso requiere una buena dosis de concentración y coordinación; pero el hecho de haber podido ver con el compositor los detalles de la interpretación, es también muy importante.
--¿Interpreta habitualmente obras de compositores contemporáneos?
--Sí, desde mi época de alumna del Conservatorio Nacional de Música de Argentina, cuando interpretaba obras de mis compañeros de estudio, de aquellos que habían elegido la carrera de composición. Las obras se interpretaban en los conciertos que organizaba el mismo Conservatorio, en su local y en otras salas. También tengo grabado un cedé: Resonancias, con el flautista chileno Alejandro Lavanderos, que incluye específicamente obras de compositores chilenos contemporáneos para flauta y piano. Y ahora estoy preparando una obra del maestro Jorge Fontenla: Divertimento para piano y orquesta, que tocaré en Tucumán (25 de octubre) y en Paraná (8 de noviembre).
Homenaje a Emilio Bigi
--Maestro Sánchez Haase, ¿cómo surge esta nueva composición?
--La idea de escribir una obra para Valentina Díaz Frenot surge a mediados del año pasado, cuando ella me encarga la composición de la pieza, luego de ser confirmado su concierto en Londres, para el cual la organización (ILAMS) le solicitaba incluir obras de compositores paraguayos. En enero pasado he viajado a Roma por unas semanas, donde he empezado a idear y a trabajar la pieza. A mí Roma siempre me inspira. Allí también compuse mi primera sinfonía.
--¿Cuál es la extensión de la misma?
--La obra tiene dos partes: la primera se titula “Bigi apoháicha” (“A la manera de Bigi”, 1910-1969), que es un homenaje a Emilio Bigi, uno de los compositores compatriotas que más admiro. La segunda pieza se denomina “Gua’i al revés”, en la cual el pianista toca la pieza totalmente con los brazos cruzados. Es un homenaje a los guaireños, que tenemos la fama de “hacer las cosas al revés”, como se dice. En total, la pieza dura unos diez minutos.
--¿A qué corriente pertenece la obra?
--La pieza está escrita en lenguaje atonal, con algunos destellos de pasajes tonales y combinando los ritmos de la música popular del Paraguay con la armonía moderna. Es un lenguaje que utilizo desde mis primeras composiciones y con el cual me siento muy cómodo, lo que me permite expresar mis ideas con soltura.
Obras de su autoría
En karumbe, estrenada en Washington, Premio Nacional de Música 2003.
El viejo Daniel, concertino para clavecín y orquesta, estrenada en Brasil y en Alemania.
El luisón del Yvytyrusu, concierto para violoncello y orquesta, estrenado en los Estados Unidos.
Variaciones guaireñas, para guitarra y cuarteto de cuerdas, estrenada en Italia.
Suite de danzas paraguayas, para clavecín, estrenada en los Estados Unidos.
Sinfonía n.º 1 In memoriam Fernando de la Mora, estrenada en Asunción y en Buenos Aires, con motivo del Bicentenario paraguayo, entre otras.