24 abr. 2024

El coronel y el Tío Rico: Una ¿extraña? relación

SOBRE EL PUNTO

¿Qué más podría sorprendernos en el Paraguay?

El fin de semana último nos enteramos de lo que un coronel, nada menos que miembro del Comando de las Fuerzas Armadas y el Estado Mayor, intentó hacer, pero terminó detenido tras ofrecer reiteradas veces dinero a uno de los encargados de la seguridad del penal militar de Viñas Cué. Su intención era hacer llegar un teléfono móvil al narcotraficante allí recluido, de nombre Miguel Ángel Insfrán, alias Tío Rico.

En la tramoya para proveer de dicho dispositivo al líder de una banda criminal, recientemente extraditado del Brasil, el militar también involucró a su esposa. En estos momentos, ambos ya están detenidos.

El caso nos empuja a pensar que evidentemente hay vínculos y lealtades muy comprometidas del coronel con Insfrán. De lo contrario, cómo explicar que haya arriesgado a tal punto una carrera aparentemente sin manchas y que además haya implicado a su mujer en la trama para suministrar un teléfono celular al recluido narcotraficante, echando mano al soborno y sin importarle enredar a personal de inferior graduación. ¡Qué gran ejemplo de un oficial superior!

Es importante detenerse en el tema del teléfono. Insfrán logró a través de su abogado que una jueza le autorizara el acceso a un teléfono entre las 10:00 y las 12:00, todos los días, pero solo por 15 minutos, y bajo control estricto de un personal militar. Supuestamente para comunicarse exclusivamente con familiares y su abogado. Aunque así fuere, igual es un privilegio.

Además, quedó claro que el hombre no es precisamente con familiares y su defensor que busca comunicarse, por eso, precisaba urgente un teléfono metido de contrabando y sobre el que el personal penitenciario no estuviera en conocimiento.

Otro punto que resaltar es que para moverse a sus anchas por todo el territorio nacional, el narcotráfico necesita blindarse y contar con el respaldo de instituciones como las Fuerzas Armadas que tienen presencia en toda la geografía nacional. Claro, además de asegurarse aliados en la Policía Nacional, la Fiscalía y el Poder Judicial. El blindaje que busca debe ser amplio y seguro.

En tal sentido, en Paraguay ya nos hemos curado de espanto, ya que vimos que otras autoridades como diputados, gobernadores, intendentes y concejales estaban operando directa y abiertamente en el negocio del tráfico de drogas y lavado de dinero.

Por eso ya asumimos conceptos como narcopolítica, que el Operativo a Ultranza reconfirmó y amplió, ya que a los lazos políticos del narcotráfico y lavado de dinero se sumaron exitosos empresarios, pastores evangélicos y otras figuras.

Así que, si no es problema cooptar a miembros de la cúpula militar, qué tanto ha de costar comprar a los soldados de menor jerarquía como, de hecho, intentó hacer el coronel Luis María Belotto para asistir a su ¿amigo? ¿compadre?, ¿ex compañero?, ¿vecino? o ¿jefe?, el Tío Rico, Insfrán.

Solo que no le fue bien, porque siempre es factible toparse con personas íntegras en cualquier ámbito, por más podrida que este la institución en la que uno se desempeñe. O que la misma sociedad, imperturbable, consienta prácticas mafiosas.

Si no hubiese sido por la actitud del militar de rango inferior al que intentó sobornar el coronel, que se animó a denunciar el hecho, Belotto hubiese seguido siendo un hombre libre de sospechas, honorable y respetable.

Estamos en una etapa de nuestra historia en que hay demasiadas caretas, una profunda doble moral y absoluta falta de liderazgos potables, auténticos y positivos. Impera una fuerte sensación de que los bandidos ganaron todos los frentes y ya no queda sino sobrevivir ante semejante derrota. Pero no, la persona que no aceptó el soborno del alto jefe militar y se animó a denunciarlo, nos muestra de que no todo está perdido. Hay una tenue esperanza para no darse por vencidos.

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