Paraguay experimenta lo que la literatura económica denomina el bono demográfico. Este fenómeno ocurre cuando la población en edad de trabajar supera a la población dependiente (niños, niñas, adolescentes y personas mayores). Esta etapa es potencialmente positiva porque actúa como un impulsor del crecimiento económico debido al gran número de personas dispuestas a trabajar.
Sin embargo el dividendo no es automático, se requiere que el mercado laboral absorba de manera productiva la creciente oferta de mano de obra. En Paraguay, la incapacidad estructural para generar empleo formal y de calidad derivó en una alta proporción de población ocupada en el sector informal o emigrada. Al no capitalizarse este dividendo mediante empleos de alta productividad, el país se encamina hacia una transición sin haber acumulado la riqueza necesaria para sostener las siguientes fases.
A medida que la transición demográfica avance en las próximas décadas, Paraguay experimentará un rápido incremento del envejecimiento poblacional, lo que tendrá un impacto macroeconómico importante porque mientras el consumo aumenta, se reducen las oportunidades de producción. El último censo ya evidencia la rápida caída de la fecundidad junto con el aumento de la población de 60 años o más.
El envejecimiento poblacional ejerce una presión directa sobre las finanzas públicas, ya que exige más recursos para financiar los sistemas de jubilaciones y de salud. Este panorama es crítico debido a la fragilidad ya convertida en crisis de los principales subsistemas de seguridad social, el Instituto de Previsión Social y la Caja Fiscal.
La baja cobertura jubilatoria obliga al Estado a asumir un mayor gasto público en pensiones no contributivas, como ya lo está haciendo a través del programa de pensión alimentaria para personas mayores y en servicios de salud pública de alta complejidad que actualmente sufre fuerte desabastecimiento y baja calidad de la atención.
Esto generará presión sobre las personas en edad de trabajar. Los trabajadores de edades medias no solo tendrán que financiar el consumo de sus hijos, sino que absorberán los altos costos fiscales y familiares del cuidado de los adultos mayores, limitando su capacidad de ahorro, inversión y bienestar personal. Para mitigar los efectos contractivos del envejecimiento, la economía paraguaya debe transitar hacia la creación de un segundo dividendo demográfico. A diferencia del primero, el segundo dividendo no depende de la cantidad de trabajadores, sino de la acumulación de capital financiero y humano y del aumento de la productividad.
Para que Paraguay se beneficie de este segundo dividendo resultan indispensables cambios estructurales en sus políticas públicas. En primer lugar, Paraguay debe aprovechar la reducción paulatina de la población infantil para elevar sustancialmente la calidad de la educación pública y la formación técnica, compensando la futura escasez de trabajadores con mano de obra altamente cualificada e innovadora. Para eso requiere al menos triplicar la inversión en educación y mejorar sustancialmente la calidad de la oferta educativa.
En segundo lugar, la reforma de los sistemas de seguridad social contributiva de manera a también triplicar su cobertura y los aportes a la seguridad social a la vez de crear mecanismo de ahorro a largo plazo. La acumulación de fondos de jubilación gestionados de manera transparente y eficiente puede transformarse en una fuente de inversión a la vez de contribuir a la sostenibilidad financiera del sistema.
El cambio demográfico constituye una variable macroeconómica que afectará de manera irreversible a la economía paraguaya. La transición desde una sociedad joven hacia una población en proceso de envejecimiento plantea desafíos para la sostenibilidad fiscal, la equidad y solidaridad intergeneracional, el crecimiento del Producto Interno Bruto y, en definitiva, el desarrollo.
A pesar de su relevancia, el país no cuenta con políticas que enfrenten el cierre del primer bono demográfico debido a deudas en formalización laboral y empleo juvenil. Tampoco se observan políticas que sienten las bases para impulsar el segundo dividiendo. Al contrario, las restricciones fiscales derivadas del endeudamiento público a largo plazo plantean un futuro sin espacio fiscal para financiar las políticas que exige la transición demográfica. La sociedad paraguaya debe impulsar un profundo debate en el marco de un diálogo abierto, colectivo y basado en evidencia para construir mejores políticas.