14 jul 2026

Dudas

EL TSJE es un organismo muy costoso para nuestra democracia. Trabaja poco, cuesta mucho, tiene demasiados funcionarios y está rodeado en su gestión de desconfianzas y dudas. Se lo ha ganado a pulso a lo largo de este tortuoso camino hacia la democracia. Sus posiciones en torno a quienes podían ser candidatos para un cargo sin necesariamente poder ocuparlos le ha conferido el cariz de sirvienta funcional del poder político de turno. Duarte Frutos no podía ser presidente de los colorados mientras era presidente de la República, pero le autorizaron igual, lo mismo cuando pretendió ser senador con voz y voto al igual que Cartes.

El desastre que esto generó fue inmenso y las soluciones que se tomaron estuvieron al filo de la legalidad. Con las máquinas electrónicas de votaciones confirmaron lo peor.

Se resistieron a constatar si los votos de las mesas coincidían con los números contenidos en el sobre 4. Dijeron que eso no figuraba en la legalidad y con ello terminaron de contaminar todo el proceso que eligió a Peña y sembraron las dudas en torno a sí realmente obtuvo los votos que lo hicieron presidente. Si por lo menos de manera aleatoria hubieran podido confirmar que los números eran iguales hubieran cerrado la boca a los que denunciaron el fraude y estaban convencidos.

La contratación de una empresa argentina que a las apuradas sacó las máquinas antes de que fueran auditadas en los últimos comicios y su relación con un banco del que el presidente actual era accionista acabó por contaminar todo el horizonte en el que se encuentran hoy los comicios por venir. Especialistas afirman que el sistema puede ser fácilmente hackeado y los votos alterados.

La duda es tan grande que los propios colorados disidentes piden una auditoría a las máquinas que tendrá lugar esta semana porque creen que no garantizan los resultados reales.

Algunos en medio de la desconfianza generalizada instalada creen que esta situación favorece el status quo porque desalienta a los votantes disidentes.

Con el voto cautivo del Partido Colorado y su estructura administrativa a su servicio, el que se desconfíe del proceso les favorece porque muchos de sus opositores no irían a votar porque están seguros de que los comicios son fraudulentos.

La conclusión real es que esto perjudica a la democracia.

Le saca legitimidad y, probablemente, legalidad porque hay muchos que afirman que este escrutinio no es lo que manda la Constitución para las elecciones. Que los números deben ser contados por personas y no por máquinas. Suizos y alemanes por esas razones han decidido votar con papeletas como varios otros países desarrollados que afirman que la única manera de sacarse las dudas de encima que aunque sea más lento es contar los votos que han sido depositados en el papel.

El incendio del local del TSJE que destruyó máquinas a poco tiempo de los comicios ralentizó el proceso y sumado a la complejidad del manejo por un gran sector de la población hizo que hoy se concluya que votar electrónicamente es solo un mecanismo orientado hacia el fraude, el desaliento, la manipulación y la elección de malos candidatos.

El mismo hecho de que sean los colorados asustados por esta situación es más que elocuente que las cosas no se manejan bien en términos electorales.

Algunos dirán que quien pierde siempre habla de fraudes, pero cuando el árbitro (TSJE) se empeña en que se concluya que el proceso está viciado y nada hace para levantar las sospechas, la conclusión no puede ser otra que las dudas instaladas sobre los comicios y requieren soluciones de fondo.

Claridad, transparencia y volver a las papeletas son acciones enderezadas a sepultar las dudas.

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