Nacido en Loreto, pero residente actual de San Antonio Sapucái (Yby Yaú), don Miguel fue agasajado por hijos, nietos, sobrinos y vecinos.
Su buen estado de salud y lucidez sorprendieron a todos, permitiéndole revivir historias de vida y compartir reflexiones profundas.
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“Soy feliz y estoy bien cuidado por mi familia”, expresó con serenidad. También dejó un mensaje claro: “No hay que olvidarse de Dios, porque él es el único que puede dar la verdadera felicidad al hombre”.
Según sus hijos, este centenario no solo celebró la vida, sino también el legado de fe, sabiduría y amor que don Miguel sigue transmitiendo a las nuevas generaciones.