05 sept 2026

¿Dieta y ejercicio podrían complementar el tratamiento del cáncer? La ciencia lo investiga

La investigación del cáncer explora nuevas vías que no consideran al tumor algo aislado del resto del cuerpo, sino que tienen en cuenta la relación entre ambos, así como la influencia que puede tener en su aparición la obesidad o cómo dieta y ejercicio pueden complementar los tratamientos.

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A futuro, el tratamiento del cáncer además de la terapia farmacológica será apoyada por una cambio de estilo de vida que preste atención al ejercicio y la alimentación.

Foto ilustrativa (Unsplash).

El tumor interacciona con los demás órganos a través del metabolismo, se comunica con la grasa del cuerpo o con el sistema inmune y estos lo hacen con la célula tumoral; por tanto, hay que entender mejor esa comunicación para hacer tratamientos más holísticos.

Así lo explica a EFE Guadalupe Sabio, jefa del Grupo de interacciones metabólicas del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) y una de las organizadoras de un reciente congreso que reunió a más de 150 expertos internacionales para hablar de metabolismo y cáncer.

Sabio estima que, en un futuro, la forma de concebir los tratamientos cambiará. Seguirá en el centro una terapia farmacológica, pero apoyada por una cambio de estilo de vida que preste atención al ejercicio y la alimentación.

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Las personas con cáncer participarán en su tratamiento con hábitos ‘recetados’ médicamente fue la idea lanzada por Eileen White, del Instituto Oncológico de Rutgers (EEUU) durante las sesiones del Encuentro CNIO-CaixaResearch Frontier: “Metabolismo y cáncer, perspectivas desde la obesidad y más allá”.

Cada vez hay más evidencias de que en la aparición y el desarrollo del cáncer es esencial el metabolismo del paciente, que se sabe que está alterado. Esa alteración sería una de las primeras causas en la aparición del cáncer, más allá de la genética, explica a EFE la jefa del Grupo de Epidemiología y Genética Molecular del CNIO, Núria Malats.

Las nuevas investigaciones sobre cáncer ponen el foco en esa desregulación metabólica, que hay que considerar de forma global, pues el cáncer es una manifestación tardía de esa misma alteración metabólica.

Obesidad y cáncer

Uno de los temas centrales de las ponencias fue la obesidad, que se asocia con más riesgo de cánceres, como el de mama, el hepático o el de colón, y con más probabilidad de metástasis.

Sin embargo, no se conoce del todo qué factores influyen más en ese aumento del riesgo, aunque se sabe que la obesidad produce alteraciones en el sistema inmune y un cambio en el tejido adiposo.

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Aunque la mayoría de las personas cree que el tejido adiposo es una acumulación de grasa inerte, en realidad -precisa- es un órgano endocrino que determina el metabolismo de órganos como el hígado.

“El índice de masa corporal, que define la obesidad, es la medida que tenemos ahora, pero necesitamos más marcadores para determinar si el tejido adiposo es o no disfuncional”, lo que también puede darse en personas delgadas, igual que hay personas obesas saludables y hay que entender por qué.

Malats agrega que no todas las obesidades ni todas las diabetes son iguales, “es algo mucho más complejo”, hay que conocer su trayectoria, no es lo mismo que haya comenzado a los 20 que a los 50 años, si ha pasado por diferentes etapas con o sin sobrepeso, o los diferentes subtipos.

Además, hay factores externos que interactúan y modifican esta desregulación metabólica como la dieta y el ejercicio físico.

“Hasta ahora hemos hecho fotografías fijas de una forma muy simplista, considerando un índice de masa corporal superior a 30" como criterio de obesidad, cuando en realidad hay mucha complejidad.

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Y para despejarla -dice- hace falta investigación con grandes cohortes que permitan hacer ese seguimiento a lo largo de la vida, para caracterizar a la población utilizando marcadores a nivel genómico, metabólico o del microbioma.

Hablar de obesidad lleva a pensar en los medicamentos agonistas de GLP-1, concebidos para la diabetes y ahora usados para la pérdida de peso.

Malats indica que aún no se sabe si la reducción de peso que propician se puede traducir en una disminución también del riesgo asociado al peso o si son dos mecanismos diferentes.

En el último congreso de la Sociedad Americana de Oncología Clínica (ASCO), recuerda, se presentaron estudios clínicos preliminares, algunos con resultados prometedores, sobre si estos fármacos pueden ayudar a prevenir los cánceres ligados a la obesidad o influir en una mejor respuesta al tratamiento, aunque hace falta más investigación.

No hay una dieta anticáncer

El metabolismo está también relacionado con la dieta y el ejercicio físico, factores que sirven como prevención del cáncer y que ahora se estudia si pueden complementar los tratamientos, aunque las dos investigadoras coinciden: “no existe una dieta anticáncer”.

Hay estudios en ratones para ver si cambios en la alimentación “pueden ralentizar su progresión o que los tratamientos funcionen mejor” y algunos “tienen muy buena pinta”, señala Sabio, pero se necesitan más ensayos para ver si pasa lo mismo en las personas.

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Kivanç Birsoy, de la Universidad de Rockefeller (EE.UU.), expuso, durante el congreso del CNIO que “existe la tecnología para aprender a conectar la genética de cada paciente con nutrientes y tipos de cáncer concretos” y, aunque es necesaria más investigación básica, faltan “entre cinco y diez años para que la dieta pueda complementar el tratamiento del cáncer”.

Y junto a la dieta, el ejercicio, que en modelos animales ya se sabe que puede influir en que determinados tipos de tumor crezcan menos, pero en personas “aún no tenemos esa certeza” y ahora se están haciendo pruebas, señala Sabio.

La actividad física, añade, no va a reemplazar al tratamiento, pero va a hacer que el sistema inmune sea más fuerte y podría propiciar que el fármaco funcione mejor.

Malats agrega que estudios clínicos han evidenciado que los pacientes tienen mayor supervivencia y mejor calidad de vida si acompañan sus tratamientos con ejercicio físico.

Teniendo en cuenta todas estas intervenciones “controlaríamos mejor” la respuesta al tratamiento, indica Malats, quien llama la atención sobre que esas medidas son igualmente importantes para la prevención del cáncer y pone sobre la mesa el concepto de prevención personalizada.

Fuente: EFE.

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