13 abr. 2024

Detalles

Suele decirse que el diablo está en los detalles para dejar entender que las grandes cosas surgen de muchos pequeños elementos que acaban por destrozar los mayores y sólidos argumentos y propósitos. La ilegal pérdida de investidura de la senadora Kattya González se parece al intento de reelección de Cartes en el 2017, cuando, a pesar de que se tenían los votos suficientes para convocar a una reunión del Senado, se autoconvocaron una siesta en una sala contigua al pleno para a mano alzada decir que daban vía libre a la violación constitucional.

Lo que vino después ya se conoce. Quema del Congreso, represión, heridos y asesinato de Rodrigo Quintana. No les importó que ese mismo día el BID hacía su asamblea en Asunción y se inauguraba con bombos y platillos el viaducto camino al aeropuerto. Fueron detalles los que llevados por la ira descontrolada hicieron descarrilar el tren reeleccionario. Peña era ministro de Hacienda y Fernández Valdovinos presidente del BCP, y ambos se creen muy listos, pero parece que no aprendieron nada.

Pasó algo igual cuando asumió Cubas y el general Oviedo detenido en la Infantería lo conminó por la fuerza a que lo liberara pasando por encima una condena judicial. Lo que vino después en marzo de 1999 es bien conocido: el asesinato de Argaña y la muerte de nueve jóvenes en la plaza.

Los propios opositores le habían ofrecido que no lo hiciera y que podía cumplir su condena en la División de Caballería, donde de facto podría ejercer la misma autoridad que hoy desde el quincho ejecuta Cartes sobre Peña. No. Oviedo no admitía semejante humillación. Él no quería estar preso y así le fue. Ocho meses después deambulaba por la Argentina acosado por las órdenes de arresto y el saqueo del que fue objeto parte de personeros del gobierno anfitrión de la época.

Es imposible que una Corte Suprema que juzga los actos de los demás poderes e interpreta la Constitución no le dé la razón a Kattya González. Se requerían 30 votos para sacarla porque los mismos cartistas pelearon y pusieron para que fuera así. El secretario del Senado frente a todos les recordó. Pero no. No tenían los 30 votos y la presión del quincho fue insoportable y atropellaron su propio reglamento y cargaron contra la Constitución.

Conociendo la pusilanimidad histórica de la Corte es probable que encuentren maneras de evadir su responsabilidad, pero la petición caerá en la Corte Interamericana de Justicia en San José de Costa Rica, que terminará dándole la razón a Kattya González y tendremos que pagar todos los contribuyentes el mbareteato de los cartistas como antes pagamos por lo mismo realizado por Duarte Frutos y el Congreso que acabaron con la carrera de Bonifacio Ríos y Fernández Gadea en la Corte Suprema. Nos costó eso más del millón de dólares. Los torpes no terminan nunca de hacer bien las cosas y como los ladrones de poca monta dejan sus huellas digitales hasta en la pared.

Es lógica la preocupación de todos los sectores. Piensan que si pueden hacer todo eso a plena luz del día y con una senadora, nadie puede estar seguro de que no lo hagan de la misma forma contra ellos y sus negocios. Tienen miedo y con razón.

El gerente de la República, que fue anfitrión del encuentro con el comando, quedará eternamente pegado al acto ilegal y artero. No podrá decir que no lo sabía y deberá decirnos alguna vez por qué no tuvo el coraje de oponerse en su casa a algo que hirió de muerte a su gobierno.

Finalmente, como Cubas, será el que cargará las culpas y las consecuencias, aunque diga que no tuvo carácter ni valentía para oponerse. Los detalles son fundamentales. Si hubiera sido invitado al quincho de Galaverna o Cartes por lo menos podría simular algo.

Los detalles son percibidos en democracia por gente con conocimiento e inteligencia y todo eso no abunda entre los 23 de la piara que votaron y los del quincho que le ordenaron. Lo que se viene, será buscar culpables en los otros, como esos niños que nunca terminan de madurar.

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