10 oct 2026

Desarrollan una herramienta digital para combatir la caza furtiva de loros en México

En las últimas décadas, los cazadores furtivos han capturado y vendido ilegalmente cientos de miles de loros silvestres de las selvas mexicanas y, pese a las leyes internacionales de protección de la vida silvestre, este comercio ilegal sigue siendo su mayor amenaza, más que la deforestación y la expansión agrícola.

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Redes criminales buscan loros preferentemente de gran tamaño y atractivo visual.

Foto ilustrativa (Pixabay).

Para acabar con este saqueo, que no se limita a los loros silvestres, sino que afecta a muchas especies de los bosques de México, un equipo de científicos ha desarrollado una plataforma interactiva que permite identificar en tiempo real y con precisión geográfica, las zonas críticas y los corredores ocultos de este tráfico ilegal.

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Con el objeto de desarrollar la herramienta, el equipo, formado por científicos de la Universidad Estatal de Arizona (ASU), Estados Unidos, y la Universidad Nacional de Australia (ANU), examinó la situación del comercio ilegal entre 1997 y 2024.

Tras analizar más de 6.000 registros de confiscaciones hechos en esas tres décadas, descubrieron que desde 1993 ninguna de las 20 especies de loros nativos de México analizadas en el estudio ha mejorado su estado de conservación, sino todo lo contrario, la mitad de estas especies está en peligro de extinción.

Según el estudio, las redes criminales buscan preferentemente especies de gran tamaño y atractivo visual, como las guacamayas y los loros amazónicos, que se cazan a un ritmo completamente insostenible para la viabilidad de sus poblaciones.

Rutas ocultas

Para visualizar cómo se trasladan los loros desde los bosques a los mercados urbanos, el equipo de investigación empleó una herramienta de modelado que se utiliza habitualmente para estudiar el movimiento de la fauna silvestre.

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Simularon que el terreno del país era una red eléctrica, en la que las poblaciones de loros silvestres actuaban como fuentes de electricidad y los lugares de confiscación como puntos finales; de esta manera calcularon por dónde fluiría la mayor “corriente” del tráfico ilegal, revelando los corredores de transporte ocultos que probablemente utilizan los traficantes.

Así, tras analizar casi treinta años de datos descubrieron que las redes traficantes han adaptado su actividad a las leyes actuales, como la prohibición del comercio de loros nativos decretada por México en 2008, convirtiendo un sistema de capturas “oportunista en áreas rurales” en “cadenas de suministro cada vez más sofisticadas e impulsadas por la demanda urbana”, explica el autor principal, George Olah, de la ANU.

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Asimismo, el estudio reveló que este tráfico ilícito se concentra claramente a lo largo de una red de corredores de alto riesgo situados, sobre todo en el sureste de México y la península de Yucatán.

Una herramienta para la policía

Los científicos han volcado esta información en una plataforma digital interactiva de acceso restringido a agentes de seguridad y autoridades ambientales que permite examinar detalladamente el terreno, predecir dónde es más probable que actúen los traficantes y tratar de interceptarles.

Además, los autores defienden que esta herramienta podría adaptarse y utilizarse mucho más allá de la protección de la avifauna y vigilar el tráfico de madera o fauna marina y de otras formas de delincuencia organizada.

Y es que las organizaciones delictivas no suelen diversificar sus rutas de transporte, sino que “emplean los mismos corredores automotores y logísticos para mover distintos tipos de mercancía ilegal”, comenta Olah.

De hecho, el equipo descubrió que las confiscaciones se producían cada vez con mayor frecuencia a cientos de kilómetros de los hábitats naturales de los loros, (a menudo en grandes ciudades como Ciudad de México), lo que indica la existencia de una red de tráfico de larga distancia altamente organizada, en lugar de la caza furtiva aislada y local.

“Al integrar la teoría criminológica con la ciencia del paisaje, estamos proporcionando un nuevo arsenal de herramientas basadas en datos que pueden fortalecer la conservación de la biodiversidad y, al mismo tiempo, apoyar los esfuerzos transnacionales para combatir el crimen organizado”, afirma Olah.

“Nuestro método de seguimiento geoespacial, altamente aplicado, respalda tanto la formulación de políticas a nivel estratégico como la aplicación de la ley a nivel táctico. La ciencia y las tecnologías que estamos desarrollando ahora dificultarán la caza furtiva de animales salvajes para los perpetradores en el futuro”, concluye Asner.

Fuente: EFE.

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