Para acabar con este saqueo, que no se limita a los loros silvestres, sino que afecta a muchas especies de los bosques de México, un equipo de científicos ha desarrollado una plataforma interactiva que permite identificar en tiempo real y con precisión geográfica, las zonas críticas y los corredores ocultos de este tráfico ilegal.
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Con el objeto de desarrollar la herramienta, el equipo, formado por científicos de la Universidad Estatal de Arizona (ASU), Estados Unidos, y la Universidad Nacional de Australia (ANU), examinó la situación del comercio ilegal entre 1997 y 2024.
Tras analizar más de 6.000 registros de confiscaciones hechos en esas tres décadas, descubrieron que desde 1993 ninguna de las 20 especies de loros nativos de México analizadas en el estudio ha mejorado su estado de conservación, sino todo lo contrario, la mitad de estas especies está en peligro de extinción.
Según el estudio, las redes criminales buscan preferentemente especies de gran tamaño y atractivo visual, como las guacamayas y los loros amazónicos, que se cazan a un ritmo completamente insostenible para la viabilidad de sus poblaciones.
Rutas ocultas
Para visualizar cómo se trasladan los loros desde los bosques a los mercados urbanos, el equipo de investigación empleó una herramienta de modelado que se utiliza habitualmente para estudiar el movimiento de la fauna silvestre.
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Simularon que el terreno del país era una red eléctrica, en la que las poblaciones de loros silvestres actuaban como fuentes de electricidad y los lugares de confiscación como puntos finales; de esta manera calcularon por dónde fluiría la mayor “corriente” del tráfico ilegal, revelando los corredores de transporte ocultos que probablemente utilizan los traficantes.
Así, tras analizar casi treinta años de datos descubrieron que las redes traficantes han adaptado su actividad a las leyes actuales, como la prohibición del comercio de loros nativos decretada por México en 2008, convirtiendo un sistema de capturas “oportunista en áreas rurales” en “cadenas de suministro cada vez más sofisticadas e impulsadas por la demanda urbana”, explica el autor principal, George Olah, de la ANU.
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Asimismo, el estudio reveló que este tráfico ilícito se concentra claramente a lo largo de una red de corredores de alto riesgo situados, sobre todo en el sureste de México y la península de Yucatán.
Una herramienta para la policía
Los científicos han volcado esta información en una plataforma digital interactiva de acceso restringido a agentes de seguridad y autoridades ambientales que permite examinar detalladamente el terreno, predecir dónde es más probable que actúen los traficantes y tratar de