Distintas denominaciones, un mismo fin: “franeleros” en México, “gorrillas” en España, “trapitos” en Argentina. Tienen un espacio ganado en las calles de las grandes capitales del mundo y son tema recurrente en noticieros y primeras planas.
En el país azteca incluso, formaron un sindicato y hasta cerraron calles en protesta a la instalación de parquímetros en el Distrito Federal (DF).
Al igual que en nuestro país, la disyuntiva es la misma: Las constantes quejas de automovilistas quienes se sienten amenazados, y para evitar malos ratos, deciden dar su “colaboración”. Y por si fuera poco, la misma respuesta de los cuidadores cuando son abordados por los medios de comunicación: “El pago es a voluntad”.
Sin dudas se trata de un problema social, más que una cuestión meramente coyuntural. Lo cierto es que varias ciudades del mundo continúan debatiendo una solución de fondo que aún no llega.
Y usted: ¿Pensó que otras ciudades se librarían de los cuidacoches?