07 ago 2026

Cuando las apariencias se vuelven inspiración

A propósito del estreno de El diablo viste a la moda 2, que pasó por salas locales, no pude evitar notar las diferencias entre esta nueva película y los libros que continuaron el universo creado por la escritora Lauren Weisberger: Revenge Wears Prada y When Life Gives You Lululemons.

Mientras la nueva cinta parece apostar nuevamente por el glamour, la nostalgia y el reencuentro emocional con personajes icónicos como Miranda Priestly y Andy Sachs, las continuaciones literarias de Lauren Weisberger tomaron un camino más introspectivo, humano y socialmente crítico. Especialmente en When Life Gives You Lululemons, tercer libro de la saga que inicia con The Devil Wears Prada, donde el mundo de la moda queda casi en segundo plano para enfocarse en las tensiones emocionales de la vida adulta, las apariencias sociales, la maternidad, la presión por sostener una imagen perfecta y el desgaste psicológico detrás del éxito.

Leyendo la historia de la editora millonaria, la ex modelo casada con un senador o la asesora de imagen obsesionada con el control, no pude evitar pensar en tantas personas que, como ellas, de cara al mundo parecen mujeres invencibles, exitosas, empoderadas, pero en la intimidad es otra la historia.

Fuera de los reflectores, son seres humanos –como cualquiera de nosotros– atravesados por inseguridades, pérdidas, ansiedad, ambición, soledad y necesidad de validación.

Uno de los personajes que más me llamaron la atención fue el de Emily Charlton, un personaje que aparenta ser frío, resolutivo y extremadamente eficiente. Pero a medida que avanza la historia uno comienza a percibir que esa dureza tal vez se deba a una forma de supervivencia emocional.

¿Cuántas veces juzgamos la apariencia sin saber qué vulnerabilidades esconde ese ser aparentemente inaccesible?

Lauren deja ver cómo, lamentablemente, ciertos ambientes terminan “premiando” la desconexión emocional y la obsesión por la perfección.

Aquí me detengo para observar las importantes diferencias entre la cinta y los libros segundo y tercero, sobre todo, el tercero con respecto al personaje de Emily.

Muchos lectores probablemente esperaban encontrar en esta nueva producción una continuación más cercana a la profundidad psicológica y social que Lauren Weisberger desarrolla en los libros posteriores a la primera historia.

Pero Hollywood apostó por otro tipo de entrega: una comedia dramática elegante, satisfactoria a nivel emocional y algo nostálgica, centrada más en la dinámica relacional entre Miranda Priestly y Andrea Sachs.

Y eso no está mal. El cine y la literatura no funcionan bajo las mismas reglas. También lo vimos recientemente en Narciso, donde Marcelo Martinessi se tomó importantes licencias creativas inspirado en el libro de Guido Rodríguez Alcalá.

Siguiendo con lo que aporta ese tercer libro –y no está en la película–, la oscura y dramática historia de Karolina Hartwell y el senador Graham Hartwell que expone con crudeza cómo muchas veces la mujer termina reducida a una extensión estética, política o social de un hombre poderoso.

La reflexión que me dejó: cuántas mujeres dejan de lado su vida para adecuarse, adaptarse o ser más convenientes para su pareja, para luego, ser descartadas por una versión más joven y fácil de manipular.

Y en ese momento recordé cómo otra producción artística, en este caso una serie, House of Cards, también nos presentó una relación tóxica similar, la de Frank y Claire Underwood. En ella, Claire sacrifica aspectos personales, emocionales e incluso éticos para sostener el proyecto de poder del despiadado político.

Quizás uno de los aspectos más contemporáneos de la novela o de esa serie es cómo abordan la construcción de la imagen pública.

Emily, trabajando como estratega de reputación, deja en claro algo que vemos diariamente en las redes sociales y medios de comunicación: muchas veces importa más la percepción de la verdad que la verdad misma. Una pena que esto no se vea en la película. Para profundizar, elijo las novelas de Weisberger. Allí el universo del lujo y la moda deja de ser entretenimiento para convertirse en reflexión sobre la cosificación femenina, la presión estética y el costo psicológico de una vida basada en apariencias.

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