27 feb. 2024

Crisis

En menos de 100 días el gobierno de Peña ha enfrentado severas pruebas de estrés donde no ha conseguido demostrar que él más que nadie tiene el control del gobierno. Con los reclamos judiciales en Paraguay, Brasil, EEUU y Colombia a su mentor y con los problemas internos y externos, ya lleva menos de dos meses demostrando que cualquier oportunidad de salirse de los líos viajando o una cantinflada es su mejor opción.

La de él claro está, porque se lo nota rebasado y sin capacidad de articular capacidades de liderazgo a la altura de las necesidades.

Las crisis debieran ser el pretexto para que suelte la mano de Cartes reafirmando con ello algo que no es percibido: su autonomía de gestión. Sostener a Barchini en el motín de Tacumbú ha sido un error desde su nombramiento, pero la manera como el ministro de prisiones administró la crisis del penal era el momento para sustituirlo y con eso demostrar que todo secretario de Estado es un fusible y expuesto a las demandas ciudadanas, como lo insinuó tímidamente a sus ministros cuando inició su presidencia. Ahora, con lo que pasó con Barchini, sus operadores de gestión ni le temerán ni respetarán. Las contradicciones entre ministros y el intento de salir con algo de simpatía de la crisis muestran que el trabajo de articulación interna no existe y que el ritmo del Gobierno lo marcan desde afuera.

Es lo mismo que acontece con el caso que involucra a Cartes con respecto al crimen de Pecci en Colombia y que ha supuesto la intervención de las autoridades de ese país, ante las afirmaciones de su testigo estrella que involucra directamente al ex presidente como quien ordenó matar a Pecci en las playas de Barú. El presidente del congreso, Ovelar, que decía cosas peores cuando era su opositor, ahora no tuvo mejor idea que culpar a un atribulado Biden de estar detrás de las acusaciones contra Cartes de un sicario. El mandatario americano tiene toda su atención puesta en Israel y en Hamás, pero nuestro senador ovetense cree que en el Situation Room de la Casa Blanca están pergeñando las acusaciones contra Cartes. Ahora se vienen las declaraciones de otros actores del crimen, pero aquí, en vez de investigar el caso a fondo, todos coinciden en que el Ministerio Público, en el peor de los casos, acabará imputando al ex presidente con tobillera incluida para que nadie pueda pedir su extradición.

Ha sido un duro golpe lo de Colombia. Lo único que falta es que alguno de Hezbollah confirme las acusaciones en su contra en pleno ataque desde la frontera israelí con el Líbano.

Las cosas no están bien y las crisis internas tienen repercusión en la gestión incluso, en las compras de combustible por valor superior a los 50 millones de dólares por parte de una empresa que solo vendía antes alfombras. Sigue la misma fórmula que usaba aquella empresa de entierros para operar en otros rubros con la cementera Vallemí. La inseguridad crece y no se resuelve el entredicho por la hidrovía, se echa a nombrados de Itaipú, pero nada se sabe con respecto a la negociación del Anexo C. A este ritmo, el desastre de Marito será un dechado de virtudes envuelto en la nostalgia de su gobierno que se fue. Para huir de todo eso solo queda marcharse a ver el partido de Paraguay en Buenos Aires, comerse un bife de chorizo y retornar al día siguiente a este valle de lágrimas para seguir gimiendo y llorando.

Hay que darle un golpe de timón al gobierno si no se quiere acabar encallado y superado por la menor de las crisis. Tiene tiempo aún, pero no mucho si no se deshace de sus lastres y se anima a ser presidente de todos los paraguayos.

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