19 jul. 2024

Corrupción y crimen organizado amenazan al Estado paraguayo

No solo la realidad que observamos a diario lo confirma, también numerosos informes internacionales traen con frecuencia la ratificación de que el Paraguay –para desgracia de su población mayoritaria– ha escalado en los últimos años a las mejores posiciones de las clasificaciones de países más corruptos y llegar a convertirse al mismo tiempo en el país con significativa presencia del crimen organizado. Estas dos condiciones van de la mano y suponen un grave peligro para la institucionalidad del país y su democracia.

Lo más reciente fue un titular de la BBC que anunciaba que Paraguay es el cuarto país con mayor criminalidad organizada en el mundo. De acuerdo con este reporte, la corrupción estatal, nuestra posición geográfica estratégica, la narcopolítica y el contrabando de cigarrillos serían algunos de los factores que nos han llevado a esta situación.

Las conclusiones se desprenden de una investigación del Índice Global de Crimen Organizado. La información es impactante: En 2021 estábamos en el 15 del ranking, pero fuimos escalando hasta convertirnos en un centro de criminalidad y delincuencia organizada. Paraguay se ubica por detrás de Colombia y México, superados por Myanmar, un país del sudeste asiático conocido también como Birmania.

Lamentablemente, no es la primera vez que se refieran al país en los reportes de delincuencia. Recordemos que en 1972, en plena dictadura colorado stronista, una publicación del diario Washington Post, denunciaba que el Gobierno de Alfredo Stroessner era cómplice del esquema de tráfico de heroína manejado por el francés Lucien Darguelles, quien se hacía llamar Auguste Ricord, y era un antiguo miembro de la policía secreta de la Alemania nazi durante la ocupación de Francia; también citaba nombres al general Andrés Rodríguez, general Patricio Colmán, Sabino Augusto Montanaro, Francisco Alcibiades Brítez Borges, Pastor Coronel y otros funcionarios de la dictadura. Como eran otros tiempos, el artículo en cuestión fue replicado por la revista Selecciones de Readers Digest, cuya edición fue censurada en nuestro país.

Más de cincuenta años después el problema, sin duda, ha crecido, pero no ha sido un efecto espontáneo. Según el informe publicado por la BBC, el auge del crimen organizado en Paraguay se da por cinco principales factores: La situación geográfica, y se refiera a las fronteras con grandes mercados como Argentina y Brasil, y a la vez la cercanía de grandes productores de cocaína como Bolivia o Perú. Otro de los factores que elevó nuestro estatus en el mundo criminal es la influencia de la narcopolítica, y la corrupción generalizada advertida numerosas veces por diversos organismos internacionales.

Otros factores son nuestra legislación favorable para la compra y venta de armas y la Triple Frontera como uno de los principales corredores para el tráfico ilegal de cigarrillos que, a su vez, financia otras actividades criminales. Por último, se menciona nuestra debilidad institucional y la fragilidad del Estado. Ese último punto explica perfecta y trágicamente la escasa protección a agentes como el fiscal Marcelo Pecci.

La situación de Paraguay también está muy comprometida por los elevados niveles de corrupción. Nuestro país sigue ubicado en los primeros puestos en el ranking de corrupción política, según un estudio basado en estimaciones de un grupo de expertos nucleados en la organización “Variedades de la Democracia” (V-Dem) de origen británico. Nos han ubicado en el segundo puesto en el ranking de corrupción, siendo superados solamente por Venezuela, y seguido por Perú y Bolivia, en la clasificación a nivel sudamericano. El estudio permite saber hasta qué punto el Ejecutivo, Legislativo, Judicial y la burocracia se dedican al soborno y el robo, pues como bien sabemos, la elaboración de leyes y su aplicación son susceptibles a la corrupción.

Nuestro sistema está en serio peligro de perder toda autonomía frente al narco y el crimen organizado, para ello, se debe combatir la corrupción, especialmente la pública que consume los recursos públicos, y a la vez se debe reforzar la institucionalidad, pues solo con instituciones fuertes, autoridades y funcionarios honestos podremos combatir al narcotráfico y el crimen organizado.

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