El papel lo aguanta todo, pero las rutas del Paraguay, lamentablemente, se siguen cobrando el precio de la inoperancia en vidas humanas. En los últimos días, hemos sido testigos de una de las contradicciones más dolorosas y cínicas que nos toca escuchar desde las oficinas del Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC).
Hace apenas un tiempo, cuando el escepticismo ciudadano –con justa razón histórica vinculada al fallido Metrobús– cuestionaba la viabilidad de megaproyectos como el tren de cercanías y la autopista elevada de Luque, desde la cartera estatal nos vendieron un relato tranquilizador. Representantes del Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC), nos aseguraron, que se habían vuelto verdaderos “expertos” en la liberación de franjas de dominio y en el despeje de zonas de obras. El eterno fantasma de las expropiaciones, según las autoridades, era cosa del pasado. La maquinaria estatal, nos dijeron, estaba aceitada, modernizada y lista para avanzar sin contratiempos hacia el futuro.
Sin embargo, el brutal choque en la bajada de Pedrozo, que arrebató la vida a seis compatriotas y dejó a un país consternado, desnudó de la manera más cruel la fragilidad de ese discurso. Ante la tragedia y la lógica exigencia ciudadana de respuestas por la falta de infraestructura de contención en una de las zonas más peligrosas del país, la excusa oficial cayó como un balde de agua fría. El paso a desnivel que debía construirse allí hace tiempo no avanzó por “problemas” con un puñado de propietarios ubicados en los accesos.
El viceministro de Obras Públicas, Hugo Arce, sostuvo que las obras que se venían desarrollando no avanzan por litigios relacionados con expropiaciones en la zona. Explicó que cuando no se llega a un acuerdo con el propietario, “lastimosamente se tiene que aplicar lo que establece la ley de expropiación, y ahí entrás en un campo judicial, interviene la Procuraduría, hasta que un juez dictamina”.
¿Cómo es posible sostener semejante contradicción frente a un país de luto? ¿Cómo el mismo Ministerio que se autoproclama experto en lidiar con kilómetros de complejos conflictos de dominio para un tren interurbano o una autopista de primer mundo, fracasa estrepitosamente al tener que negociar con un par de frentistas para construir una obra cuya única función es evitar que la gente muera?
La respuesta parece esconderse en la triste tradición de nuestra gestión pública. Es evidente que la prioridad del Estado no está en la urgencia ciudadana, sino en la vidriera política.
Para los megaproyectos de miles de millones que prometen cintas para cortar, discursos rimbombantes y portadas, el Estado se muestra como un león implacable, capaz de mover montañas jurídicas. Pero para resolver un nudo vial en Pedrozo, una trampa mortal conocida por todos los paraguayos que transitan la ruta PY02, el Estado se convierte en un ratón burocrático, paralizado ante un simple trámite de expropiación en un cruce.
No estamos hablando de un capricho estético, de un retraso de cronograma ni de una simple penalidad en un contrato. Estamos hablando de seis vidas truncadas, de familias destruidas y de un luto que mancha de sangre el asfalto que el propio MOPC debe administrar. Si la institución realmente tiene la alardeada “experticia” en la gestión de la franja de dominio, es momento de que la aplique donde más duele y donde más urge. Es inadmisible que la burocracia siga siendo la excusa de bolsillo para justificar la negligencia.
El aparato burocrático del MOPC debería enfocar sus recursos en las verdaderas urgencias de infraestructura y poner freno a la frivolidad comunicacional. Es imperativo suspender la maquinaria de propaganda que intenta erigir a la ministra Claudia Centurión como una suerte de influencer digital –paseándose para las cámaras en los nuevos buses y respondiendo consultas en redes sociales–, mientras las rutas del país exigen gestión técnica real y no puestas en escena
Los paraguayos no necesitamos expertos en marketing gubernamental ni ilusionistas de obras faraónicas futuras; necesitamos gestores eficaces que resuelvan las trampas mortales como las de Pedrozo.