Los resultados ya están. Sea en las municipales del Paraguay y en las nacionales del Brasil, el cómo se llega a ellos, en ambas, se tienen algunos secretos. En primer lugar, estamos ante la irrupción de las redes sociales y de internet como principales campos de disputa. Cuando el 1 de octubre la poderosa TV abierta, la rede Globo del Brasil, apagó las luces de su estudio, cancelando el último debate por inasistencia de los candidatos, y porque el público en el horario marcado para el debate multitudinario se mudó a ver una entrevista en modo pódcast llamada Flow, en streaming —con Lula en lenguaje coloquial en zapatos deportivos y sin medias, cómodamente en su casa—, se terminó la era de la televisión como árbitro electoral. En Asunción tampoco hubo TV convencional que pudiera convencer para ir a los famosos debates. En segundo lugar, recuerdo que en el 2023 conversé con la ex directora de Ibope Marcia Cavallari en Brasil. Ella dice que encuestas de intención de votos solo miden actitudes de los electores ante los candidatos en un momento dado, una foto, lo que puede cambiar muy rápidamente. No miden el comportamiento. Y este, la decisión del voto, en su experiencia en Brasil, tiene al 43% de la gente que lo define en la semana de las elecciones, y al 11% de los electores que elige a su candidato solo el día D de la votación. El resto es voto duro, comprado o fraguado algorítmicamente. Además, por fuera de las encuestas mentirosas que solo son pura propaganda electoral, en las encuestas verdaderas, el grado de veracidad de las actitudes ante las ofertas electorales que se reflejan en las encuestas previas a las elecciones, depende de la distribución geográfica y demográfica de la muestra, entre otros elementos. Esto equivale a decir que el sabor verdadero de una sopa, por ejemplo, del vorí, depende de la consistencia uniforme del caldo en cuestión, y de en qué parte de la olla uno metió el cucharón para extraer la muestra que se quiere probar. En otras palabras, todos los que quieren un cargo electivo ya debían haber estado participando de la campaña para cumplir la receta democrática. En tercer lugar, en el caso de las bocas de urnas, la mayoría es propaganda engañosa. Pocas son las fidedignas. Puede haber, o no, el voto vergonzante, que aparece cuando un candidato perdió en la boca de urna, pero ganó en el conteo del TREP. Es que el elector dijo al encuestador de boca de urna que votó por tal o cual candidato por vergüenza o por miedo por depender económicamente, por ejemplo, del oficialismo, pero votó por un opositor.
El Ethos, te conozco, es una cuestión clave. El dinamismo de las elecciones va cambiando el nivel de conocimiento de los candidatos que participan. No existe un conocimiento homogéneo de los mismos.
El Pathos, te admiro y me emociono. Es una cuestión del grado de profundidad del conocimiento de la oferta electoral. Hay candidatos más o menos conocidos, más o menos impactantes. La intensidad cambia con el transcurrir de la campaña.
No te admiro. El potencial de crecimiento de la intención de votos depende fundamentalmente de cuánto rechazo tiene tal o cual candidato. La suma algebraica de los porcentajes de aceptación versus los de rechazo, que aparecen en las encuestas, te señala cuánto puedes crecer, para ganar o perder en las elecciones.
El sistema y el padrón electoral paraguayo no son confiables. El INE tampoco. La trampa es fácil. Había tantos electores habilitados muy cerca de la totalidad de la población del país. Las franjas etarias no son consistentes. Hay electores centenarios que probablemente ya deberían estar muertos. Y, según Matías Insaurralde y Lucho Benítez, expertos en ciberseguridad, en el Paraguay nada es seguro, las bases de datos de Estado ya fueron hackeadas y las máquinas de votación tampoco son de fiar. Incluso pudo haber papeletas de voto con el chip pregrabado en manos de delincuentes que votaron por “electores que no asistieron” en mesas compradas.
Ganan elecciones los que encarnan el rostro de una tendencia, que está en el ambiente y que debe ser investigada, porque las falacias narrativas son fáciles de ser creíbles. Por ejemplo, “empresario exitoso” —para uno de los secuaces de la plata pública que organiza eventos deportivos— fue un relato mentiroso que apareció ayer en falsas bocas de urnas para desalentar el voto hacia una supuesta “haragana” que le competía. El aspiracional emocional de quien vota en el día de las elecciones es el de un adolescente de quince años que elige con sus hormonas. Puede ser muy irracional en un momento dado. La narrativa que se impone gana.
Entre los no comprados ni fraguados, hay tres tipos de votos: voto contra, voto esperanza y voto miedo. Finalmente, la plata es fundamental. En países con alta corrupción, el manejo de recursos públicos determina los resultados. Además, siendo la política la principal actividad privada con fines de lucro en el Paraguay, los que están en el poder no están compitiendo por el bien común, están peleando por la captura del Estado, sea nacional o subnacional-municipal, por la cantidad de dinero que les va a rendir en el ejercicio del poder en los próximos cinco años. Saludos cordiales.