Un viejo cuento que corría por los países de la Cortina de Hierro era uno que relataba la historia de una persona que con carretilla cargada de arena cruzaba todos los días la aduana de un país a otro. El aduanero revisaba entre la arena que era lo que llevaba de contrabando. Lo había hecho una y otra vez sin encontrar nada hasta que cansado le dijo al hombre que introducía de manera ilegal reiteradamente. Le prometió que no lo castigaría. El afectado por los controles le dijo: Lo qué ingreso de forma ilegal es la carretilla. Viene esta historia a la apertura de uno contenedores en el IPS que estaban en el patio desde hace años supuestamente con equipamientos quirúrgicos que no se usaban porque no se había preparado el lugar. El titular del IPS decidió abrirlos y para la sorpresa de todos, nada encontraron. Lo que parecía un escándalo más de los tantos del IPS, este por más de 20 millones de dólares tuvo explicaciones surrealistas. Desde el punto artístico esta podría ser una instalación corrupta en el predio de la previsional que se mantuvo en el sitio por más de 4 años para graficar el constante negociado de bienes y servicios.
En el país tenemos varios contenedores de características simbólicas y costosas. El predio portuario asunceno convertido en edificios de ministerios nunca pudo ocuparse plenamente porque no había dinero para trasladar a los empleados a un hermoso sitio con vista al río. El negocio, en realidad, era mantener el lucro de los alquileres que solo al Ministerio de Educación le significa unos buenos millones de dólares de nuestros impuestos pagados a quien sabe que carretillero de arena. El ex edificio del Ministerio sobre la calle Chile está abandonado desde hace tiempo mientras se pagan nuevos alquileres para sostener el negocio de los contenedores vacíos o llenos. La vieja estación de ferrocarril sin movimiento desde hace más de 24 años tiene en apariencia en su interior a unos cuantos empleados que cobran religiosamente su salario sin haber escuchado en sus vidas un pitido de las locomotoras. No hay agua, no hay leña, no hay vapor y no hay tren, pero existe la cáscara. Hay muchos sitios iguales repartidos en todo el país en forma de hospitales, escuelas o dependencias abandonadas por un Estado costoso y ladrón. Nos cuesta solo en ese rubro unos 6 millones de dólares diarios de robo cotidiano mientras los agradecidos votantes siguen sosteniendo el esquema que los mata y los empobrece.
No ha habido ni interés ni deseos de reformar el Estado que tenemos. A pesar de que el Ejecutivo en su informe al Congreso reconozca que no están a la altura de la gente y sus demandas nunca deja de sorprendernos la caradurez con que se argumenta el país que vivimos. Se construyen puentes, pero no se habilitan rutas ni centros aduaneros. En conclusión, hay que pedirle de rodillas al ensombrerado Lula para que por piedad lo habilite. El otro puente sobre el río Paraguay en el Chaco está a punto de unirse, pero quién sabe cuántos años pasarán hasta que se convierta en un modo de comunicación que conecte ambos océanos. Argentina con Milei no muestra ningún interés de completar la labor en su territorio y menos construir el puente en Pozo Hondo. Hay que prepararse de nuevo rogar a los hermanos del Mercosur que lo hagan a pesar de las advertencias en contrario de Trump que ve en el proyecto algo que favorece a China. Vivimos en un contenedor vacío de vínculos reales de integración y ya vamos casi por la Cumbre número 70 de un proyecto que ha completado 35 años desde su firma.
El contenedor ha pasado ha ser todo un símbolo del país. Hay personas que construyen casas con esos elementos del comercio mundial. Aquí y en el exterior hay gente feliz viviendo en un contenedor a pesar de las duras condiciones de nuestro largo verano. Hay de los que dicen que son prácticos y baratos. Hay otros que afirman que es chic, pero en realidad es todo un contenido simbólico del país que vivimos. No importa que estén vacíos o llenos, lo que importa es que sean contenedores de un desorden que en lo público nos cuesta millones y si sumamos los que llevan y traen drogas o productos que ingresan “en frío” por nuestras aduanas podemos casi pensar en incluir al contenedor como parte de nuestro escudo patrio. El negocio es el contenedor y como la carretilla no importa lo que el esconda.