CIUDAD DEL ESTE
Unas 260 cámaras trampa seguirán el rastro del yaguareté en la frontera entre Brasil y Argentina hasta febrero de 2027, en el marco del XIV Censo Binacional de Yaguaretés, un operativo científico que busca actualizar la población de este felino en el Corredor Verde y determinar el estado de conservación de una de las especies más amenazadas de Sudamérica.
El monitoreo, iniciado en marzo pasado, se desarrolla en áreas estratégicas del Parque Nacional do Iguaçu, en Brasil, y el Parque Nacional Iguazú, en Argentina en la región de la Triple Frontera. Los equipos fueron instalados en puntos de paso de animales y funcionan mediante sensores de movimiento que activan automáticamente fotografías cuando un ejemplar se acerca.
Del total de dispositivos, 90 son utilizados en territorio brasileño y 170 en el lado argentino, permitiendo obtener una nueva radiografía de la población de yaguaretés que habitan este corredor biológico que une ambos países y que constituye uno de los últimos refugios del Bosque Atlántico.
Las imágenes captadas permitirán identificar individualmente a cada animal mediante el patrón único de manchas de su pelaje, una característica que funciona como una huella digital. Con esos datos, los investigadores podrán calcular la cantidad de ejemplares existentes, estimar la densidad poblacional, conocer sus desplazamientos y detectar posibles cambios en la población.
Cifras. El último censo, realizado en 2024, estimó que en la región existen entre unos 110 yaguaretés en la región. Los resultados del monitoreo permitirán comparar la situación actual con los estudios anteriores. Entre 2005 y 2018, los registros del Proyecto Onças do Iguaçu mostraron un aumento en la cantidad de felinos detectados en la zona. Sin embargo, los censos realizados en 2020 y 2022 indicaron una tendencia de estabilidad, una situación que ahora será analizada con nuevas herramientas de seguimiento.
El censo tiene como lema “Donde hay yaguareté, hay vida”, debido a que la presencia del felino es considerada un indicador de la calidad ambiental. Para sobrevivir, el yaguareté necesita bosques conservados, disponibilidad de presas y corredores naturales que permitan su desplazamiento.
Mientras las cámaras comienzan a registrar nuevos movimientos en la selva, un caso reciente volvió a poner al yaguareté en el centro de la atención regional. Se trata de Tape’y, el macho adulto rescatado en junio pasado luego de aparecer en calles del barrio Três Lagoas, en Foz de Yguazú. El animal, cuyo nombre significa “el que perdió el camino” en lengua tupí, fue capturado mediante un operativo conjunto y trasladado al Refugio Biológico Bela Vista de Itaipú.
El ejemplar, de aproximadamente cuatro a cinco años y 75 kilos, fue sometido a estudios veterinarios que confirmaron su buen estado de salud. Los especialistas detectaron únicamente una herida superficial en el lomo, posiblemente provocada por golpes contra cercas y portones durante su desplazamiento por la zona urbana.
Los análisis no encontraron señales de disparos ni lesiones graves, por lo que el Instituto Chico Mendes para la Conservación de la Biodiversidad (ICMBio) deberá definir su destino. Una de las posibilidades es su liberación nuevamente en la naturaleza, con la instalación de un collar de monitoreo para acompañar sus movimientos.
La coordinadora del Proyecto Onças do Iguaçu, Yara Barros, explicó que Tape’y no pertenece a ninguno de los yaguaretés ya identificados por el proyecto, por lo que se trata de un ejemplar desconocido para los equipos de conservación.
Los investigadores podrán calcular cantidad de ejemplares, densidad poblacional, desplazamientos y detectar posibles cambios en la población.
Cooperación clave
En Brasil participa del operativo binacional el Proyecto Onças do Iguaçu, una iniciativa del Instituto Chico Mendes para la Conservación de la Biodiversidad (ICMBio). En Argentina, el Proyecto Yaguareté, ejecutado por la Asociación Civil Centro de Investigaciones del Bosque Atlántico (CEIBA). La cooperación entre ambos países resulta fundamental porque los yaguaretés no reconocen fronteras y utilizan distintos sectores del corredor natural para alimentarse, reproducirse y desplazarse. Un reciente registro de una cámara instalada en el Parque Nacional Iguazú, en Argentina mostró además a otro ejemplar adulto recorriendo la selva en buenas condiciones físicas. Para los especialistas, estas imágenes confirman que las áreas protegidas de la región continúan funcionando como refugios para la especie.