07 abr. 2026

Con megaoperativo, Brasil golpea a esquema que operaba con Paraguay

La red criminal no solo lavaba dinero producto del contrabando, sino que tenía a su disposición todo un grupo de servidores públicos que operaban con ellos. En transacciones se usaba criptomoneda.

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Fuente: Policía Federal del Brasil.

Al cabo de diez años de haberse consolidado una organización criminal dedicada al contrabando y lavado de dinero que operaba en la frontera entre Brasil y Paraguay, fue desmantelada mediante un megaoperativo conjunto entre la Receita Federal (Aduana ) y la Policía Federal, ambas instituciones del Brasil.
La operación fue denominada Anemia, la que permitió identificar y desarticular una red que movía grandes cantidades de mercancías ilegales y lavaba dinero a través de una compleja estructura de empresas y testaferros.

Según las investigaciones, la red criminal evadía grandes cantidades de impuestos, utilizando sofisticados métodos para lavar el dinero obtenido de sus actividades ilícitas.

La organización criminal importaba ilegalmente grandes cantidades de mercancías de origen extranjero, principalmente productos electrónicos, desde ciudades fronterizas de Paraguay (principalmente Ciudad del Este, Salto del Guairá y Pedro Juan Caballero) hacia Brasil.

“Durante las investigaciones se encontraron indicios de actividades ilícitas y lavado de dinero. Las cuentas bancarias relacionadas con los investigados recibieron fondos de personas con antecedentes criminales relacionados con la práctica de contrabando”, revela un informe divulgado ayer por la Receita Federal.

COOPERACIÓN. La estructura criminal estaba bien consolidada, ya que tenía la colaboración de una red de agentes públicos activos e inactivos del Brasil que facilitaban el ingreso de las mercaderías sin pasar por los controles aduaneros.

Una vez en Brasil, los productos eran distribuidos a clientes en grandes centros urbanos como San Pablo, Río de Janeiro, Río Grande do Sul, Goiás y el Distrito Federal, principalmente en mercados populares y tiendas especializadas en electrónica.

Todas las ganancias del contrabando eran lavadas a través de una compleja red de empresas nacionales e internacionales, incluyendo empresas offshore.

Además, utilizaban el mecanismo de evasión de divisas y el uso de criptomonedas.

“Se identificaron siete núcleos operativos, que actuaban de manera estructurada y caracterizados por la división de tareas: (1) núcleo de gestión, (2) núcleo de logística, (3) núcleo de financiadores, (4) núcleo de contadores, (5) núcleo de cambistas/operadores financieros, (6) núcleo de compradores y (7) núcleo de testaferros”, menciona el informe.

Además, se descubrió que, con el desarrollo de las actividades criminales promovidas por el grupo, estos empezaron a adquirir productos directamente de proveedores en Estados Unidos, China y Hong Kong, de modo que las ciudades paraguayas de la región fronteriza pasaron a servir solo como depósito físico.

“Para operar los pagos a los proveedores ubicados en estos países, la organización criminal habría estructurado una compleja red de empresas nacionales y en el extranjero (offshore) que, mediante el uso de criptomonedas, efectuaban la evasión de divisas y el lavado de dinero”, explicaron las autoridades.

Se tiene que solo en una de las empresas –constituida a nombre de una empleada– se movieron aproximadamente 700 millones de reales sin el correspondiente ingreso declarado.

Firmas fantasmas La organización utilizaba empresas ficticias, sin capacidad operativa aparente y con flujos contables simulados. Los criminales registraron ingresos ficticios, sin respaldo en documentos de ventas o servicios, para dar soporte a la distribución de ganancias entre los socios y disimular el origen ilícito de los recursos. Contaba con financistas, muchos de ellos servidores públicos, que invertían recursos y dividían ganancias de actividades con contadores que actúan para dar una apariencia legal.

Solo en una de las empresas, se transfirió más de 700 millones de reales. Los allanamientos se hicieron en los estados de Paraná, Santa Catarina, São Paulo y Río de Janeiro. El grupo criminal operaba desde 2014. Se constató que los proveedores eran Estados Unidos, China y Hong Kong. En cuanto a Paraguay, este servía como almacén de mercancías.

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