04 abr. 2026

Comunidades indígenas del Chaco viven en el desamparo

Una seria crisis humanitaria se desarrolla en el Chaco paraguayo. Se trata de la comunidad indígena Colonia 96, que pertenece a la comunidad Payseyamexyempa’a del pueblo Enxet. Este pueblo está enfrentando una grave crisis debido a la escasez de agua y al aislamiento territorial. Esta situación está poniendo en riesgo la salud, la educación y la subsistencia de decenas de familias. Como en otras comunidades de la región, la falta de lluvias en los últimos meses está agravando su precaria subsistencia.

Como publicaba este diario recientemente, la comunidad indígena Colonia 96, perteneciente a la comunidad Payseyamexyempa’a del pueblo Enxet, está afrontando una grave crisis debido a la escasez de agua y al aislamiento territorial. Según la denuncia de la comunidad, por la falta de lluvias en los últimos meses se volvió muy precaria la existencia y la escasa disponibilidad de agua obliga a las familias a sobrevivir en condiciones extremas.

Esta comunidad tiene en común con las demás comunidades de la zona el hecho de que los caminos se encuentran en muy mal estado, lo que agrava el aislamiento y, por lo tanto, el acceso a salud, a educación y otros servicios básicos.

La comunidad está ubicada a unos 50 kilómetros de la ruta que une Pozo Colorado con Concepción. Según un relevamiento de la Coordinadora de Líderes Indígenas del Bajo Chaco, en la zona habría más de 50 comunidades indígenas, y todas padecen la misma carencia de agua potable y caminos en buen estado que ya no los mantengan aislados del resto del país.

Actualmente, existe un recurso de amparo judicial que compromete al Estado a brindar asistencia humanitaria a la comunidad, debido a la sequía que afecta al Chaco. Sin embargo, la respuesta de las instituciones no ha sido satisfactoria. La comunidad ha agotado las instancias y no ha tenido respuestas.

La comunidad ha venido reiterando el pedido de construcción de caminos, mejores servicios de salud y educación, entre otras cosas, pero siguen abandonados a su suerte, según sus pobladores. Para ellos, la necesidad más acuciante es la del agua potable, ya que afecta a todos y con demasiada frecuencia se ven obligados a consumir agua no apta el consumo.

La Comunidad Payseyamexyempa’a, del pueblo Enxet, está compuesta por las aldeas que integran Colonia 96, Buena Vista y Ana Victoria en las que viven aproximadamente 60 familias.

Las comunidades indígenas del Chaco padecen históricamente todos los eventos climatológicos. Les afectan los incendios forestales y la densa humareda que intoxica, y en la misma época les afecta la sequía que les deja sin agua potable. Cuando llega esta extrema situación también llegan las enfermedades, pues se ven obligados a consumir agua la mayor de las veces turbia, mezclada con barro.

Este problema no es reciente, pues desde hace tres décadas lo vienen padeciendo, las familias Enxet reclaman soluciones de fondo como sistemas de captación y almacenamiento de agua, perforaciones para pozos profundos, mantenimiento de caminos y presencia estatal sostenida.

El aislamiento de estas comunidades es la consecuencia del abandono por parte del Estado paraguayo a la región y por la desidia carecen de vías de comunicación, pero sobre todo de la vigencia de sus derechos básicos como salud y educación, acceso al agua potable, energía eléctrica e insumos básicos.

Siempre debemos recordar que la Constitución Nacional, que en 1992 reconoció por fin los derechos de los pueblos indígenas, garantiza su derecho a preservar y desarrollar su identidad étnica en el respectivo hábitat.

Sin embargo, pese a las garantías que ofrece la Constitución, las comunidades indígenas del Paraguay y, en particular, las familias que subsisten en el Chaco, se encuentran olvidadas y abandonadas por el estado.

Es urgente que llegue la asistencia para esta zona del país, los indígenas de las comunidades del Chaco paraguayo necesitan la provisión de agua potable, alimentos y asistencia sanitaria; el Estado tiene la obligación de resolver los reclamos de los pueblos originarios.

Más contenido de esta sección
Las comunidades del Chaco continúan soportando el injusto abandono por parte del Estado. No solamente son ignorados sus reclamos por el Gobierno Central, sino también por gobernaciones y municipalidades. El principal motivo de demanda es el difícil acceso a servicios públicos eficientes, como es el derecho a agua potable y provisión de energía eléctrica; sin embargo, a estos se suman los pedidos constantes de mejores caminos y rutas de acceso en todo tiempo. La desidia y el abandono a la población del Chaco son inaceptables.
Cada 1 de agosto el país revive el dolor, la rabia y la indignación al rememorar el día de la tragedia del Ycuá Bolaños, y el recuerdo de las 400 personas fallecidas, los más de 500 heridos y 6 desaparecidos. Un supermercado ubicado en un populoso barrio de Asunción, que un domingo en la mañana se presentaba colmado de clientes, familias enteras que recorrían sus pasillos, cuando se desató el infierno con una explosión. 21 años después los recuerdos siguen doliendo, lo mismo que reconocer que no aprendimos la lección.
En las últimas semanas se han compartido testimonios de madres de personas adictas relatando desgarradoras historias que describen con realismo la situación que genera el extendido consumo de drogas. Paraguay tiene una limitada infraestructura para la rehabilitación, pero no se debe reducir la problemática a una de las víctimas –los adictos–. En la cima del organigrama de esta nefasta cadena dominan los traficantes de las drogas, que explotan a niños y jóvenes con el consumo, pero también usándolos en el negocio.
Sin una verdadera Justicia, la corrupción pública en el Paraguay no solamente seguirá gozando de impunidad, sino que además va a extenderse como un incurable cáncer. Este es el grave riesgo que corre el país de continuar el actual esquema en el que el sistema de Justicia otorga un trato especial a autoridades que habían sido electas para administrar la cosa pública y que luego fueron condenadas por hechos de corrupción. Sin embargo, lejos de ser un ejemplo, estos terminan siendo beneficiados con medidas de privilegio.
Son muchos años de funcionamiento del esquema de estafas conocido como la mafia de los pagarés. En todo este tiempo, los delincuentes han dejando un verdadero reguero de víctimas, y estas ya no pueden seguir aguardando a que las instituciones les ofrezcan una solución, pues está en juego nada menos que su subsistencia. La denominada mafia de los pagarés no deja de causar daño a trabajadores que se ven perjudicados al tener embargados sus salarios o pensiones. La Justicia debe dar respuestas y soluciones.