17 may. 2026

¿Cómo juzgaremos las elecciones municipales?

El presidente de la Cámara de Diputados, Raúl Latorre, estará más que pendiente de los resultados de las internas de la ANR en junio de 2026. No es para menos: Él se ha abanderado con la propuesta del movimiento Honor Colorado de impulsar a Camilo Pérez como precandidato a la Intendencia de Asunción. Su capital político está invertido en esa apuesta y, si resulta ganadora, Latorre quedará mejor posicionado para las elecciones nacionales de 2028, quizás incluso como precandidato a la Vicepresidencia de la República.

En paralelo, el gobernador de Caaguazú, Marcelo Soto, debe demostrar que sus fichas para las intendencias del departamento –en especial Elvio Castro, precandidato en Coronel Oviedo– serán las vencedoras. Ese resultado consolidaría su ascendencia política en el territorio, pese a los esfuerzos de su correligionario, el senador Beto Ovelar por disputarle ese liderazgo.

Las elecciones municipales previstas para octubre tienen, efectivamente, la particularidad de significar muchas cosas a la vez, sobre todo si se las observa en su doble dimensión: Primero las internas de junio y luego las generales de octubre. Los dos grandes frentes que podrían marcar una alternancia en los gobiernos municipales son la posible victoria de Soledad Núñez, candidata de la multipartidaria opositora Juntos por Asunción, en la capital, y la continuidad de Miguel Prieto y su movimiento Yo Creo en Ciudad del Este. A estos casos podrían sumarse Encarnación, si Carlos Pereira –hermano del gobernador liberal de Itapúa, Javier Pereira– logra la Intendencia, o el plan del gobernador liberal de Central, Ricardo Estigarribia, de aumentar de 10 a 13 los distritos del departamento controlados por el PLRA.

Al mismo tiempo, el movimiento Nuevo Liberalismo se juega su aura de fuerza interna dominante en las elecciones de autoridades del PLRA, que coincidirán con las internas partidarias para definir candidaturas. Su aspirante a la presidencia del partido, Alcides Riveros, enfrenta un momento decisivo.

Sin embargo, llegado octubre, la discusión se ampliará hacia quién gana o pierde en un sentido más general. Allí entrarán en juego los resultados por partido en las elecciones municipales. Al menos tres ángulos serán inevitables: a) la cantidad de distritos ganados por cada partido; b) la cantidad de capitales departamentales conquistadas; c) la cantidad total de votos obtenidos a nivel nacional. Esta última será, sin duda, la más contundente y deberá ser leída como un antecedente directo para las elecciones generales de 2028. Pero no conviene perder de vista la naturaleza de los municipios ganados: Si son los más poblados, los de mayor complejidad urbana o los de estructura socioeconómica más diversa. De los 263 distritos del país, unos 129 emiten menos de 5.000 votos, y administrar esos municipios no tiene el mismo peso político que gobernar los de mayor envergadura.

Finalmente, quedará la reflexión comparada: ¿Volveremos a ver un predominio del Partido Colorado?, ¿se manifestará una competencia bipartidista más equilibrada en un mayor número de distritos?, ¿o las apuestas de alternancia impulsadas por alianzas y nuevos actores lograrán ocupar el espacio que buscan? Mucho dependerá de si continúa lo que podríamos llamar la “inelasticidad del voto colorado”: Ese comportamiento electoral según el cual, sin importar el estado del producto ofrecido –más desgastado, más cuestionado o más ineficiente–, una parte del electorado lo sigue llevando a casa.

Más contenido de esta sección