CIUDAD DEL ESTE
Una impresionante acumulación de basura quedó al descubierto en los cauces de los arroyos Acaraymí en Ciudad del Este y Saltito en Presidente Franco, en medio de las inundaciones que afectan a sectores ribereños. Botellas de plástico, bolsas, envases y desperdicios de todo tipo forman una extensa capa sobre el agua, arrastrados por la corriente y las intensas lluvias que azotan la región de las Tres Fronteras.
En la zona baja de los barrios San Rafael y San Agustín, en la capital departamental, el desborde del arroyo Acaraymí dejó calles anegadas y viviendas rodeadas de residuos flotantes. La misma situación se observa en el arroyo Saltito, en el límite entre Ciudad del Este y Presidente Franco, donde la basura se acumuló en grandes cantidades y cubre buena parte de la superficie del cauce. Desde el puente que cruza este último arroyo se observa la magnitud del problema, con desperdicios de distintos tamaños y colores, que se extienden a lo largo del canal natural.
La escena refleja una problemática ambiental que se vuelve más evidente durante cada episodio de lluvias intensas. Una parte de los residuos llegan a los arroyos a través de las calles y los raudales, que arrastran todo lo que encuentran a su paso. Bolsas depositadas en espacios públicos, envases descartados y otros desperdicios terminan en los cauces hídricos, desde donde son transportados hacia zonas más bajas.
Con la corriente. A esta situación se suma la inundación de terrenos donde se acumulan materiales reciclables de manera informal. Con la subida del nivel del agua, parte de esos elementos queda a merced de la corriente y se dispersa por los alrededores. Los plásticos y otros objetos livianos flotan con facilidad, mientras que el aumento del caudal los desplaza hasta sectores donde terminan amontonados, formando verdaderos tapones de basura.
En el arroyo Saltito, la crecida del Paraná también dificulta el escurrimiento del agua hacia su desembocadura, ubicada en el sector del muelle del barrio Remansito. El fenómeno genera un efecto de remanso que reduce la capacidad de desagüe y favorece la acumulación de los desperdicios. De esta manera, los residuos que normalmente serían arrastrados por la corriente quedan retenidos en determinados puntos, donde se concentran hasta formar una extensa alfombra de contaminación.
El problema va mucho más allá del impacto visual. La acumulación de desechos sólidos puede obstruir los conductos pluviales y los canales naturales de drenaje, dificultando la evacuación del agua cuando las condiciones hidrológicas comienzan a mejorar. Los residuos también pueden quedar atrapados entre vegetación, estructuras y otros obstáculos, lo que complica las tareas de limpieza y prolonga las consecuencias de las inundaciones.
RIESGO SANITARIO. La presencia de basura en las inmediaciones de las viviendas representa, además, un riesgo sanitario para las familias afectadas. En los sectores inundados, numerosos pobladores tuvieron que abandonar sus casas y buscar refugio temporal bajo carpas instaladas a orillas de las calles o trasladarse a lugares más seguros. En esas condiciones, la proximidad de los desperdicios, el agua estancada y el barro incrementa la preocupación por la higiene y la exposición a posibles focos de contaminación, especialmente para niños y adultos mayores.
La crecida también plantea interrogantes sobre el destino final de los residuos. Cuando el nivel del Paraná comience a descender y se restablezca el escurrimiento, existe el riesgo de que buena parte de los desperdicios acumulados sea arrastrada hacia el cauce principal del río, que marca la frontera entre Paraguay y Brasil. De ocurrir esto, la contaminación no quedaría limitada a los barrios afectados, sino que podría extenderse aguas abajo.
La situación deja una imagen preocupante en una región cuya vida cotidiana, actividad comercial y atractivo turístico están estrechamente vinculados con los ríos y arroyos. La acumulación de basura en los cauces fronterizos también perjudica el entorno natural y evidencia las consecuencias de convertir los espacios públicos y los cursos de agua en vertederos improvisados.
El Paraná empieza a bajar
En medio de este escenario, las previsiones de la Comisión Especial de Crecidas de Itaipú indican que el nivel del Paraná comenzaría a descender, ante la disminución de las precipitaciones prevista para la región. El pronóstico contempla una tregua de las lluvias desde este viernes.
Esta semana el Paraná superó la cota de 120 metros sobre el nivel del mar. El incremento respondió a precipitaciones superiores a las previstas en la cuenca incremental, el embalse de Itaipú y la cuenca del río Iguazú.
La situación obligó a reforzar las tareas de asistencia y evacuación preventiva en los sectores ribereños de Ciudad del Este. Unas 300 familias del barrio San Rafael, San Agustin y otros sectores, habían sido trasladadas a lugares seguros, de acuerdo con los datos. En la margen brasileña también se reportaron viviendas alcanzadas por el agua y familias que debieron abandonar sus hogares.
En cuanto a la operación de la represa, Itaipú mantiene el monitoreo permanente de las condiciones hidrometeorológicas y regula las descargas de acuerdo con los procedimientos técnicos establecidos. Tras la apertura de dos canaletas del vertedero el martes, una fue cerrada esa misma noche, mientras la descarga se mantenía en un promedio de nueve millones de litros por segundo.
Aunque el eventual descenso del río representa una perspectiva favorable para las familias afectadas, la retirada del agua también podría dejar al descubierto la magnitud de los residuos acumulados en las zonas inundadas. La limpieza de los cauces y la disposición adecuada de los desperdicios serán fundamentales para evitar que la emergencia deje como consecuencia adicional una mayor contaminación de los arroyos y del propio río Paraná.