Recordó al líder indígena Antonio Carrillo y al docente Catalino Correa, quienes perdieron la vida el pasado 14 de agosto, y afirmó que sus muertes “reclaman verdad, justicia y una investigación responsable que esclarezca lo ocurrido”.
El arzobispo de Asunción extendió su preocupación a otras problemáticas sociales que, según señaló, tienen rostros concretos y no pueden ser ocultadas detrás de cifras.
Mencionó la pobreza, la malnutrición infantil, las enfermedades, la falta de medicamentos, las familias sin tierra y el despojo de pueblos indígenas. “Estas cruces no pueden quedar sepultadas bajo el silencio, la indiferencia o la impunidad”, advirtió.
También denunció la violencia contra niños, niñas y adolescentes y recordó el asesinato de Roselín Florentín Gómez, adolescente de 14 años de Caazapá.
Consideró su muerte “una herida abierta en nuestra sociedad” y un llamado urgente a proteger la vida y la dignidad de los menores. “No podemos callar” ante las víctimas de abuso, violencia y abandono, sostuvo.
Martínez Flores llamó además a prestar atención a los riesgos que enfrentan niños y adolescentes en las redes sociales, entre ellos el ciberacoso y las apuestas en línea.
Señaló que las familias, las escuelas, la Iglesia y la sociedad deben acompañarlos y enseñarles a utilizar las redes, las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial “con prudencia y responsabilidad”.
Lea también: La Fiscalía investigará operativo de la Senad que dejó dos muertos
En otro momento, el cardenal puso el foco en la situación de las mujeres y destacó el aporte de madres, abuelas, trabajadoras y cuidadoras. Al mismo tiempo, condenó la violencia, el abuso, la explotación, la trata y la discriminación. “Ninguna forma de maltrato puede ser justificada”, afirmó, y pidió que hogares, escuelas, parroquias e instituciones sean espacios seguros para mujeres, niñas y adolescentes.
El arzobispo exhortó a recuperar el diálogo, el respeto y la concordia como condiciones para construir el bien común. “Por encima de todo, revístanse del amor”, recordó, al insistir en que la fe no debe llevar a la indiferencia frente al sufrimiento.
Pidió que la celebración de Santa Elena impulse a “defender la dignidad de las mujeres, proteger a nuestros niños y jóvenes y no permanecer indiferentes ante las cruces sociales”.