El arzobispo de Asunción inició su mensaje con un saludo especial “con reconocimiento, afecto y gratitud” y recordando las palabras del papa Francisco: “Dios bendiga a la mujer paraguaya, la más gloriosa de América”. En 2026, señaló, el saludo se renueva “mirando con esperanza el caminar de nuestras comunidades en todo el Paraguay”, donde muchas mujeres sostienen la fe, la familia y la educación en contextos urbanos, rurales e indígenas.
El cardenal hizo también suya la carta a las mujeres de Juan Pablo II (1995) para agradecer la vocación femenina en sus múltiples dimensiones. “Gracias, mujer-madre… Gracias por ser defensora y protectora de la vida desde sus inicios”; “Gracias, mujer-esposa…”; “Gracias, mujer-trabajadora…, que participas en todos los ámbitos de la vida social, económica, cultural, educacional”, citó, resaltando el aporte silencioso y constante de millones de paraguayas.
También expresó gratitud hacia catequistas, maestras rurales, animadoras comunitarias y voluntarias pastorales que “con paciencia y valentía acompañan a los niños, adolescentes y familias heridas por la pobreza, la violencia y la migración”. Reconoció a la mujer consagrada que, “a ejemplo de la Madre de Cristo, se abre con docilidad y fidelidad al amor de Dios”.
No obstante, advirtió que “dar gracias no basta”. Heridas. El primado de la Iglesia local recordó que “somos herederos de una historia de enormes condicionamientos que han hecho difícil el camino de la mujer”. ‘‘Mujeres que por ser mujer han sido y son víctimas de abusos, violencias y feminicidios. Hoy, en todo nuestro Paraguay, vemos con dolor estas heridas, y pedimos un compromiso firme de toda la sociedad’’.
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Ante esta realidad, pidió “un compromiso firme de toda la sociedad –familias, escuelas, parroquias, autoridades y medios de comunicación– para educar en el respeto, prevenir la violencia y proteger la dignidad de cada mujer, especialmente de las niñas y adolescentes”.
En esa línea, destacó que “como a todos los ciudadanos y ciudadanas, el Estado paraguayo debe garantizar a las mujeres, sobre todo a las más vulnerables, el acceso a la educación, a la salud integral, al empleo digno y a condiciones que afirmen su dignidad”. Solicitó además atención especial para mujeres migrantes, indígenas y madres solas que luchan cada día por el pan y la educación de sus hijos en todos los rincones del país.
Por último, el purpurado alentó a universidades, colegios y comunidades eclesiales a “escuchar la voz de las mujeres y a promover su participación responsable en la vida eclesial y social, en espíritu de corresponsabilidad”. Encomendó a la mujer paraguaya a la protección de la Virgen de Caacupé y pidió que “fortalezca a cada mujer en la fe, la esperanza y la caridad”, para que su misión contribuya al servicio del Paraguay y la paz social.