La Pascua es, para los cristianos, la celebración más importante, pues simboliza la esperanza y la promesa de una vida nueva. En este sentido, sería significativo que el mensaje pascual de la Iglesia paraguaya llegara, fundamentalmente, a la clase dirigente del país. Como explicó el cardenal
Adalberto Martínez, la Pascua implica “tener empatía cristiana con los ciudadanos, con renovados liderazgos en la política y en la economía”, y que estos liderazgos deben poner en el centro –y privilegiar desde ahí– la dignidad sagrada de la persona humana.
En la celebración más importante del cristianismo, tanto el cardenal Adalberto Martínez como los obispos lanzaron categóricos mensajes sobre la justicia, contra la corrupción e impunidad, sobre los feminicidios, las drogas y la guerra.
El cardenal sostuvo que la Pascua no es solamente una vez al año, y que implica tener empatía cristiana con los ciudadanos. “Los liderazgos deben poner en el centro y privilegiar desde ahí la sagrada dignidad de la persona humana”. Expresó que creer en la Resurrección significa contribuir a remover la piedra de los sepulcros que mantienen sepultadas las esperanzas de la gente a una vida digna y plena.
“Es combatir la corrupción, la impunidad, el crimen organizado, el atropello a los derechos humanos, la injusticia social, la inequidad y la indiferencia ante el clamor de los débiles, de los pobres, de los que padecen hambre y sed de justicia”, y apuntó asimismo que la fe en que Jesús venció a la muerte también significa ponerse del lado de los crucificados, donde está Dios: “No junto a los que, por su codicia y sin vergüenza, condenan y crucifican a inocentes, a los traficantes de la muerte por las drogas, por las armas, por la trata de personas”.
En su sermón, el cardenal instó a promover la vida y la defensa de la familia con empleos dignos, con seguridad y protección social para todos; con mayor y mejor inversión para el acceso universal a la salud y a una educación de calidad.
“Exhortamos a todos, pero en especial a los cristianos que ocupan cargos de responsabilidad en los sectores público y privado del país que revisen si su vida, su conducta, sus criterios, sus juicios y sus decisiones colaboran para remover las piedras de la corrupción y de la impunidad para dar paso a la vida”, reclamó.
Luego, en la homilía del Domingo de Pascua, Adalberto Martínez manifestó que el Señor asume todos nuestros dolores y se refirió a las realidades cotidianas que vive la población: “De las lágrimas derramadas por la pérdida de seres queridos, en medio de las enfermedades, los padecimientos de tantos feminicidios, homicidios, madres y padres que lloran por sus hijos, extraviados, desorientados o víctimas de las drogas, familias coronadas con espinas de seres queridos desaparecidos, víctimas de injusticias, engañadas y estafadas de falsas esperanzas. De niños a quienes se les ha negado el derecho a nacer, vidas que quieren nacer y no los permitimos”.
Por otra parte, desde el Chaco paraguayo llegó otro contundente cuan oportuno mensaje de parte de su obispo, monseñor Gabriel Escobar Ayala. El obispo del Vicariato Apostólico del Chaco, en varios pasajes, exhortó: “¡Basta ya!”, de falencias del sistema de salud pública, carencia de medicamentos, deficiente atención a los pacientes y casos de presunta mala praxis. El prelado cuestionó la falta de coherencia en las políticas públicas y criticó privilegios de sectores de poder mientras se pide sacrificio a la ciudadanía.
Monseñor Gabriel Escobar expresó asimismo su preocupación por hechos de corrupción y por las decisiones judiciales que generan desconfianza, así como por la situación económica de muchas familias paraguayas que enfrentan el aumento del costo de vida y la falta de oportunidades laborales.
Es importante que además de la sociedad y, en particular, los creyentes, estos mensajes lleguen a quienes gobiernan. Que las autoridades electas y los funcionarios públicos puedan escuchar los mensajes de la Pascua y que entiendan que la fe –que muchos dicen profesar– debe traducirse en acciones concretas, en la vida cotidiana, reflejando valores como la justicia, la solidaridad, el servicio y el amor al prójimo.