30 ago. 2025

Asunción “…qué distantes tus recuerdos”

Asunción recuerda su cuadringentésimo octogésimo octavo aniversario de fundación. Restan 12 años para llegar a los quinientos. Pero casi nadie memoriza estas impresionantes cifras, sino, la basura en todos los rincones de la ciudad, la falta de transporte público, la congestión vehicular en las calles, el aire viciado por la emisión de gases, la polución visual y sonora, las aceras en mal estado, el abandono del Centro Histórico y la falta de cuidado en calzadas y espacios verdes … ¿falta algo?

Aunque el panorama podía resultar de otra manera dado el desinterés de las autoridades que no fuera la ubicación de sus compañeros de la “causa partidaria” en las planillas de sueldo de la Municipalidad. Para que allí cuenten con un salario “por pertenecer sin cuestionar”, no por hacer algo útil que justifique el susodicho pago. Siempre y cuando exista una idea, un propósito, para hacer lo que haya que hacer en beneficio de los ciudadanos, y para que la ciudad “abandone el abandono” en el que se ha sumido desde hace ya mucho tiempo.

Entonces y por más interés que hubiera en conmemorar tan importante aniversario, no hay motivaciones para hacerlo. Y tampoco lugares para dar lugar al homenaje, las emociones que tengan que compartirse entre todos. Porque la ciudad y sus ciudadanos deben nutrirse de ceremonias, de motivos para el contacto, para la celebración.

Por algo, José Ortega y Gasset había establecido que “conmemorar es recordar solemne y públicamente”. Definición que nos revela que la misma debe ser pública, que no será un simple festejo a hacerse en un recinto cualquiera, en la intimidad, con la poca gente asistente. Deberá ser un acontecimiento masivo, para lo cual se vuelve necesario contar con lugares apropiados. Dotados de lo indispensable para promover la solemnidad, la emoción, con los recursos sociales correspondientes, de manera a hacer que en cada reunión, se renueve el orgullo de ser, como mentaba Manuel Domínguez.

Es decir, de aquello que fundamenta el valor de la pertenencia y nos otorgue algún sentido de responsabilidad social y colectiva.

Una ciudad antigua cuenta generalmente con muchos atractivos. Asunción no tiene tantos años de existencia como muchas ciudades de Europa. Y aunque es una de las más longevas de América y la primera en el cono sur americano, a lo largo de los años sus autoridades han hecho efectivamente lo posible –y parte de lo imposible– para que sus atractivos y esplendores de antaño dejaran de producir los destellos necesarios para que finalmente quedaran sumidas en el olvido. Sumergidas por la falta de interés en destacarlas, junto a la ausencia de elementos artísticos o simbólicos que suelen ser los antídotos para combatir la indolencia para el recuerdo.

Hubo algo hecho en las primeras décadas del siglo XX, mientras duraron las irradiaciones emotivas del Primer Centenario de la Independencia. Pero nunca más después, porque las discordias entre paraguayos nos brindaron en reemplazo, otros “entretenimientos”, en todos los recovecos del siglo XX.

Y aunque tuvimos una nueva oportunidad para la conmemoración durante el reciente Bicentenario, nos pasamos de “Vy’a guasu” en “Ka’u guasu” y con la euforia alcoholizada y tras los efluvios fiesteros, se nos olvidó lo que estábamos festejando. Por lo que el renacido patriotismo de entonces fue postergado para otra ocasión. Puede que sea esta. La del próximo Quinto Centenario de la ciudad, acontecimiento para el que tenemos poco tiempo y mucho que hacer.

Empezando por concretar en primer lugar las reformas electorales necesarias para que podamos elegir a las mejores autoridades posibles. Haciendo que los malos ni siquiera tengan alguna chance de ser candidatos. Lo que llevaría a reducir el lote entre aquellos que no tengan otra opción que ser buenas autoridades.

Después, será cuestión de consensuar gente apropiada para planificar, organizar, dirigir y hacer posible –junto a los festejos– el resurgimiento de Asunción. Queda poco tiempo y como siempre en nuestro país sobra mala voluntad para arruinar la fiesta del más pintado.

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