Opinión

Asunción, en manos de un amigo de la opacidad

Susana Oviedo Por Susana Oviedo

Qué situación desalentadora es que alguien llegue a un cargo electivo no por propio mérito, ni por popularidad ganada por sus actos y obras, sino gracias a una maquinaria electoral interesada en perpetuar un sistema que privilegia a un número determinado de funcionarios ingresados a la institución por clientelismo político, y que está organizado para oscuros negociados que involucran a un puñado de partidarios o padrinos políticos que financian campañas electorales.

Pero más lamentable aún es que habiendo tenido un tiempo de prueba de un año y diez meses para lucirse y demostrar —aunque sea en ese corto tiempo— que tiene capacidad para el cargo y que puede realizar una gestión intachable y altamente reconocida por eficiente y eficaz, termine realizando una sospechada y dudosa administración en la que saltan compras sobrefacturadas y alimentando a la voraz maquinaria de corrupción que se activa desde dentro de la Municipalidad.

Encima, que se niegue a dar información, como todo funcionario que rehúye de la transparencia porque hay cuestiones que les comprometen y sobre las que rendir cuentas equivale a exponer la trastienda.

Alguien que aún presentando un amparo judicial y le ordene un juzgado proveer los documentos probatorios de cómo se utilizaron los fondos de emergencia en la Municipalidad, se limitó a dar solo una parte de la información.

Visto de otro modo, alguien con cero predisposición a favor del derecho a conocer de qué manera los gobiernos administran el dinero público. Si esta es la actitud que caracteriza a quien administró menos de dos años la Municipalidad de Asunción, reemplazando al intendente Mario Ferreiro que renunció en 2019, es comprensible que a los asuncenos les salten las dudas y el temor con respecto a lo que ocurrirá en los próximos cinco años en que Nenecho Rodríguez se desempeñará como intendente de Asunción.

Será quien administre los problemas y busque o provea soluciones a una ciudad capital que se encuentra en total abandono en su casco histórico, que no está planificada, que no cuenta con un sistema de desagüe pluvial y cloacal, que se caracteriza por sus calles rotas o con pérdidas de agua, la que se convierte en trampa mortal apenas caen unas gotas de lluvia.

La ciudad del tráfico caótico e insufrible, la que está sucia en su rostro añejo, la que es insegura, la de la basura en las calles y plazas deslucidas, la que no tiene jardines, la que padece un pésimo servicio de transporte público, la que es refugio del campo desesperanzado, la que tiene colapsado el único vertedero de desechos domiciliarios y no se anima a resolver este problema.

La que no cuenta con servicios sociales para atender a las poblaciones desfavorecidas que forman el cinturón de pobreza o se halla en situación de calle. La que ha visto desfilar al frente de su gobierno local a intendentes y concejales ineptos y/o corruptos sin que llegue el conjuro para sacudirse de esta suerte de maldición.

Es Asunción tan “a río revuelto, ganancia de pescadores” que parece ya no sorprender a nadie que en su gobierno local continúe alguien con credenciales como las que ha presentado Nenecho.

Muchos asuncenos y miles de ciudadanos de otros municipios, que desarrollan sus actividades en la capital, seguro no esperan cambios, sino sienten decepción de un intendente bajo sospecha, que no rinde cuentas y que ahora tendrá todo un periodo al frente del Ejecutivo municipal, al obtener el 48,92% de los votos en las elecciones del pasado 10 de octubre. Tiene carta blanca, pese a la efímera indignación que produjo saber que bajo su administración se compraron detergente desinfectante a G. 393.800 el litro y saturómetros a G. 885.000 la unidad.

Es el mal conocido de quien no se puede esperar sino más de lo mismo y alguna que otra obra cosmética en la ciudad de cuyo costo seguramente se sabrá solo recurriendo a la Ley 5282.

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