Sabemos que por estos días los pensamientos y sentimientos están invadidos por la pelotita. Es el epicentro de las conversaciones, discusiones y reconciliaciones. La vida y el mundo unidos por un balón.
Más aún el fútbol está siendo el motor espiritual y corporal que mueve la existencia del país y su gente, luego de la gran victoria lograda ante Alemania.
Pero la vida debe continuar. Hay dramas, situaciones que deben ir superándose día a día, tareas impostergables, responsabilidades que deben cumplirse.
Por ello, estimado lector y estimada lectora, aprovechando el entretiempo entre partido y partido y la ansiedad que irá creciendo hasta llegar al punto de ebullición el sábado a las 18:00, le quitaré unos minutos de su tiempo para conversar sobre un tema muy importante.
Sí, seguro usted ya lo sabe: Estamos hablando del desafío que viene enfrentando cada semana y que ha representado una verdadera odisea: Conseguir las figuritas y, sobre todo, el álbum oficial del Mundial.
Así es, madres, padres, abuelos, tíos, padrinos, sujeto que quiere levantarse a la recién separada y todos quienes tengan cualquier vínculo filial con niños, niñas, preadolescentes e incluso de más edad, padecen de la némesis aparecida este año.
La tarea para completar el álbum, de 112 páginas con las 980 figuras, lleva a situaciones límites que harían sonrojar al mismísimo Kant, el filósofo alemán que si viviera ahora ya estaría también eliminado.
Largas filas de niños durante varias horas en los comercios, con la esperanza de conseguir el dichoso álbum de manera gratuita.
Peregrinaciones de padres y madres en distintos negocios tratando de adquirir el libro para pegar las figuritas, sobres de estos stickers cuyo precio compite con el alza de combustibles ha sido una postal habitual durante varias semanas.
El álbum sobre todo ha sido el objeto más preciado y buscado por todos los mayores, por expreso pedido-presión de los menores.
De esa manera, van sumándose a grupos que por sugerencia de otros que están tras el mismo objetivo en ese valle de lágrimas buscan dar con el sitio exacto en el cual realizar la correspondiente compra.
“En esa librería que está sobre Perú venden el álbum, a 50.000 está”. “No, ya no venden más, yo me fui y dicen que no saben cuándo va a tener otra vez”. “Su tía le compró de la cantina del colegio a 40.000”. “Dos nomás luego tenía y uno último ya vende a 80.000”. Datos van, datos vienen, pero los muchachos y chicas el álbúm no lo tienen.
No sé desde cuándo empezó a cobrarse por los sobres donde están los jugadores y los escudos de la Selección, pero en aquellos tiempos en que la tele era en blanco y negro, la adquisición era a través del canje de tapitas de una marca de gaseosas.
Ahora, quienes emprenden la aventura de conseguir el casi millar de figuritas deben de tener una paciencia casi monástica y tener la billetera lista.
Lograr completar el álbum estará directamente relacionado a la capacidad monetaria del propietario en cuestión o su familia. Existe el caso de un sujeto que cándidamente fue a uno de los pocos negocios que siempre cuenta con figuritas.
El X en cuestión fue con un determinado monto de dinero con la esperanza de adquirir una caja de sobres “seguro han de traer 10”, dijo para sí. Cuando llegó a la caja y le dijeron que el costo de la caja superaba el millón de guaraníes porque traía 104 sobres, quedó en un cuasiinfarto unos segundos, dijo ¡ah! y luego dio la media vuelta para irse con el sol cuando caía la tarde.
Mientras se marchaba, vio como otros niños y adolescentes con frenética verba negociadora realizaban el intercambio, munidos con verdaderos fajos de los stickers.
La escasez de figuritas y álbumes ha sido compensada por las siempre pertinaces soluciones en el Mercado 4, donde pueden encontrarse incluso sobres ya seleccionados con los equipos que compiten. Una solución práctica para los ansiosos.
Claro que eso no compensa la felicidad de que el azar traiga en el sobre que recién fue comprado, encontrar al jugador que tanto buscaba. Menos compensa esa alegría compartida de hijos y padres en haber llegado al objetivo, sobre todo en tiempos de separaciones digitales.