30 may. 2026

Aislamiento y desempleo: Así se vive en el distrito más pobre del país

- Paso Barreto. De una población de 4.200 habitantes, el 53,3% vive en pobreza.

- Vy’a Renda. Una comunidad de 200 personas atrapadas en una economía sin mercado.

Paso Barreto Pobreza

Una comunidad de 200 personas atrapadas en una economía sin mercado.

Foto: Ylda Rodríguez.

En la semana en que el presidente de la República, Santiago Peña, dijo que en Paraguay “no hay distritos pobres, solo algunos que están corriendo desde atrás”, Digno Benítez, su pareja y sus dos hijos comieron una sola vez en el día, durmieron en una casa de madera, sin electricidad, y trabajaron en la chacra extensas horas bajo el sol.

Digno es uno de los 4.200 habitantes de Paso Barreto, Departamento de Concepción, el distrito más pobre del país según el Mapa de Pobreza Monetaria Distrital del Instituto Nacional de Estadísticas.

Digno Benítez Paso Barreto.

Digno Benítez.

Foto: Ylda Rodríguez.

En Paso Barreto la pobreza no es solo falta de ingresos, es distancia y precariedad. Se encuentra a casi 500 kilómetros de Asunción, tiene tres caminos de acceso, pero todos de tierra. Luego de hora y media de viaje desde la ciudad de Concepción, a orillas del río Aquidabán, Última Hora llegó al casco urbano del pueblo considerado el más pobre del país.

Tiene al 53,3% de su población en pobreza, encabezando la lista nacional. Es un distrito joven con apenas 13 años de creación, sumergido en un profundo silencio, donde la lluvia puede cortar el acceso y aislar a toda la población.

Su intendente, Milciades Arce, describe la realidad de la comunidad marcada por el aislamiento, la falta de empleo formal y servicios básicos limitados, que condicionan las oportunidades de desarrollo de la población.

“No tenemos camino de todo tiempo. Con lluvias importantes el distrito queda prácticamente incomunicado”, comentó. La falta de una ruta asfaltada que conecte con Loreto y otras localidades limita tanto la movilidad de los habitantes como la llegada de comercios o empresas al lugar.

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Sin caminos.

Foto: Ylda Rodríguez.

La economía local se sostiene en la agricultura de subsistencia, pequeñas huertas y algunos trabajos en estancias. El empleo formal es escaso, y eso se traduce en que la mayoría de la población no tiene seguro médico. La atención médica en la USF es solo hasta las 15:00. Después, enfermarse es un suplicio distinto a cualquier lugar donde la asistencia sanitaria es una opción.

Si bien es cierto que con la instalación de una planta de celulosa en la zona aledaña se generó expectativas y puestos laborales, hasta el momento la estructura económica de Paso Barreto sigue igual. El problema de fondo está intacto: no hay mercado laboral que absorba a la población, especialmente a los jóvenes.

Ese es uno de los mayores contrastes del distrito: Paso Barreto tiene una población mayoritariamente joven, con estudiantes y profesionales que egresan, pero no encuentran dónde trabajar.

“Muchos jóvenes todavía esperan un espacio importante para trabajar, muchos profesionales todavía están en espera para trabajar; históricamente Paso Barreto siempre fue olvidado por las autoridades del Gobierno Central”, señala el jefe comunal.

Educación. Plato de comida ayuda a la alta escolaridad

Educación. Plato de comida ayuda a la alta escolaridad.

Foto: Ylda Rodríguez.

Agrega que muchos migran. Otros vuelven a la chacra. Aquí ni la macroeconomía ni los discursos grandilocuentes de las autoridades sobre el grado de inversión y otros logros tienen eco. Aquí se clama por lo básico e indispensable.

Falta de presupuesto. Como si esta situación ya no fuera desafiante, el intendente, cuyo partido político es el PLRA, cuenta que este año los recortes presupuestarios en fondos como Fonacide y royalties redujeron significativamente la capacidad de inversión. “Ahora nos quedamos con un presupuesto de G. 350 millones, con lo que prácticamente mucho no vamos a poder lograr hacer. Royalties también. Estábamos manejando un recurso de G. 1.000 millones para construcciones. Hoy nos quedamos con G. 600 millones; invertir mucho va a ser imposible. Hay escuelas sin cocina, comedor, con paredes de madera y techo de chapa”, afirma.

A esto se suma la débil articulación institucional. Arce cuestiona la falta de participación de la Municipalidad en programas sociales, como alimentación escolar (Hambre Cero) y otras asistencias estatales como Tekoporã y Adultos Mayores, lo que limita el acceso a información y seguimiento de los beneficiarios.

“Se instaló también la Mesa de Protección Social; dentro de esa mesa solicitamos muchísimos proyectos para la ejecución, de los cuales todavía no estamos teniendo resultados”, detalla.

Insiste en que, sin infraestructura vial, mayor inversión pública y generación de empleo, será difícil romper el círculo de pobreza que afecta a la población. Pese a este escenario adverso, Arce destaca el potencial de la juventud local y asegura que el distrito “sueña con salir adelante”. producir para subsistir. A unos 120 kilómetros, dentro del mismo distrito, la comunidad indígena Vy’a Renda muestra el rostro más crudo de ese modelo económico cerrado.

El acceso es por caminos dificultosos, en una zona muy distante a cualquier señal de urbanidad. Allí viven unas 200 personas que producen y consumen dentro de la propia comunidad. No hay empresas. No hay comercios. No hay empleo formal.

La economía depende de lo que da la tierra: mandioca, poroto, hortalizas. En algunos casos, iniciativas privadas de enfoque social sustentan la producción de miel intentando generar ingresos, pero aún sin escala suficiente.

En este lugar, Digno Benítez vive con su familia en una casa hecha de madera de cocotero y techo de paja, con agua potable. Por las noches viven en la oscuridad, porque no hay electricidad, una paradoja del país cuyo mayor reconocimiento es la generación de energía limpia.

Comen una o, en ocasiones, dos veces al día. La carne es un lujo. No tienen dónde dormir más que el piso, preparan sus alimentos en un cocina a leña, con dos ollas y casi nada de cubiertos. Los platos no son muy variados, según cuenta don Digno. A veces guisos, a veces arroz blanco.

Escasez. La humilde cocina que representa la pobreza.

Escasez. La humilde cocina que representa la pobreza

Foto: Ylda Rodríguez.

El aislamiento encarece la vida. Comprar alimentos fuera de la comunidad implica pagar más por el traslado. Sin ingresos estables, la dieta depende casi exclusivamente de la producción propia, es decir, mandioca, legumbres y frutas. Según el último informe de Pobreza Monetaria del INE, una persona en el área rural en pobreza total vive con menos de G.19.652 y en pobreza extrema viven con menos de G. 10.295 al día. En el Departamento de Concepción 28,7% vive en pobreza total y 6,75% en pobreza extrema.

“Ápe oî kokue. Roguerrea, po no la amofaltá la che familiape la ho’uva’erã” (aquí tenemos chacra. Guerreamos para que no le falte nada a mi familia en lo que necesita para comer), resume.

La salud también está condicionada por la distancia. La atención médica llega una vez al mes. Para casos graves, hay que salir, pero salir no siempre es posible, para eso se necesita movilidad y recursos.

La dificultad de empezar el colegio. La educación también afronta desafíos. En esta comunidad, como en tantas otras, también se estudia solo hasta donde alcanza.

El profesor Ronald Darío Alonso enseña cinco materias y coordina las clases en la institución que recibe a 95 alumnos, desde Nivel Inicial hasta el Noveno Grado. Para una comunidad indígena, es una alta escolaridad.

“Antes la educación no era prioridad. Ahora, sí”, explica aunque reconoce que parte de la alta escolaridad se debe al plato de comida que se garantiza por medio del programa Hambre Cero.

No obstante, el sistema tiene un límite: El Noveno Grado, porque no hay educación media en la comunidad. Continuar estudiando implica trasladarse. Y trasladarse cuesta. Muchas familias no pueden asumir ese gasto, por lo que los jóvenes dejan de estudiar y la transición es directa: Del aula al campo.

“Los que pueden mandan a sus niños a otra escuela o directamente a la ciudad ya que tenemos la puerta abierta allá en la escuela agrícola de Concepción. Pero si no, ya se quedan a trabajar. Buscan, ya sea acá o salen así en estancia para buscar trabajo”, comenta.

La asistencia estatal llega, pero no cambia la estructura. Programas como Tekoporã, Hambre Cero o pensiones para adultos mayores alcanzan a parte de la población, pero no a todos.

También existen servicios básicos que no llegan a todas las comunidades, como agua potable y electricidad.

“Hambre Cero tenemos. Tenemos acá en la comunidad el programa Tekoporã, ayuda a los adultos mayores también, pero son pocos”, alega.

En Paso Barreto la pobreza no solo se explica por ingresos bajos, sino también a causa de una economía que funciona encerrada. Sin rutas asfaltadas, no hay inversión privada, sin inversión, no hay empleo, sin empleo, no hay formalización. Y sin formalización, no hay acceso pleno a servicios. Este distrito es el ejemplo de que salir adelante no depende solo del esfuerzo de cada uno.

2.230 habitantes, aproximadamente, viven en pobreza en Paso Barreto, según el INE.

“Con esta asistencia integral también se van a ver resultados”

El Gabinete Social de la Presidencia de la República señaló que se fue ampliando la cobertura de distritos priorizados dentro del Sistema de Protección Social, entre ellos Paso Barreto, incorporando progresivamente a territorios con mayores niveles de vulnerabilidad.

“El año pasado incorporamos a Paso Barreto y este año se sumaron Puentesiño y San Alfredo”, explicó el director ejecutivo de la Unidad Técnica del Gabinete Social, Héctor Cárdenas. Paso Barreto, de hecho, encabeza la lista de pobreza según la nueva metodología del Instituto Nacional de Estadística (INE). “Nosotros ya lo habíamos identificado con cálculos internos y luego el INE lo confirmó”, señaló.

Según el director, el enfoque oficial busca ir más allá del ingreso como único indicador. “La pobreza no es solo falta de dinero, también es falta de acceso a servicios básicos como salud, educación, agua o vivienda”, afirmó Cárdenas. En ese marco, el Sistema de Protección Social articula acciones de distintas instituciones del Estado, desde salud y educación hasta obras públicas y desarrollo social.

“No pasa por una sola institución o programa. Es un trabajo conjunto”, insistió. La intervención se organiza a través de mesas de protección social en cada distrito, donde autoridades locales y comunidades definen prioridades. “Cuando todo es prioridad, nada es prioridad”, explicó el funcionario, al justificar la necesidad de concentrar esfuerzos en acciones concretas.

Uno de los puntos más críticos sigue siendo la falta de caminos de todo tiempo, que limita tanto el acceso a servicios como el desarrollo económico. “El acceso es clave. Sin caminos no llegan los servicios ni la inversión”, admitió.

En respuesta, se impulsan proyectos de mejora vial en coordinación con el Ministerio de Obras Públicas y el Comando de Ingeniería del Ejército, con intervenciones previstas en tramos críticos.

Cárdenas aseguró que los indicadores muestran una reducción de la pobreza monetaria en los últimos años y anticipó mejoras en la pobreza multidimensional.

  • “La pobreza no es solo falta de dinero, también es falta de salud, educación, agua o vivienda”.

“La falta de tierra es un factor fundamental en la pobreza”

La pobreza en comunidades indígenas en Paraguay responde a factores estructurales que van más allá del ingreso, entre ellos la falta de acceso a la tierra, a servicios básicos y a políticas públicas efectivas, según explicó la doctora en Procesos Políticos Contemporáneos, Sara Mabel Villalba.

“La falta de tierra es un factor fundamental en esta situación de pobreza y de exclusión”, afirmó, al citar datos del último censo indígena.

Según detalló, existen 557 comunidades indígenas en el país, de las cuales 92 no tienen tierra propia. A esto se suman 40 comunidades que reportan apropiación indebida por parte de agroempresarios o ganaderos y otras 28 con superposición de títulos, lo que refleja la magnitud del problema.

“Si no tienen tierra, no tienen dónde vivir, no tienen cómo acceder a recursos naturales, los niños no tienen forma de ir a las escuelas y las comunidades no tienen posibilidades de acceder a salud”, sostuvo.

Villalba explicó que si bien existen programas de asistencia como Tekoporã, Abrazo o la pensión para adultos mayores, su alcance es incompleto. “Estos programas llegan aproximadamente al 62% de la población indígena, pero hay un 37% que no accede a ninguno”, señaló.

Uno de los principales obstáculos es la falta de documentación. “Todavía hay un 30% más o menos de personas indígenas que no tienen cédula, y ese es el principal requisito para acceder a los programas”, indicó.

El acceso a servicios esenciales también presenta brechas significativas. “Hay más del 70% de las comunidades indígenas que no acceden a agua potable”, afirmó. Estas condiciones impactan directamente en la calidad de vida. “Toda esa falta de servicios básicos dificulta que puedan tener condiciones de vida dignas”, sostuvo.

“Toda esa falta de servicios básicos dificulta que puedan tener condiciones de vida dignas”.

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