Esta es la cantidad que se roba diariamente en el Estado paraguayo. Me cansé de repetirlo por varios años, pero ahora el ministro del Interior, Enrique Riera, lo ha confirmado.
La suma supera los dos mil millones de dólares anuales o el 14% del Presupuesto General de la Nación. Este –dicen los economistas del Gobierno– no alcanza para tener una educación ni una salud decentes. No sirve para pagar las acreencias con las vialeras, las farmacéuticas, los proveedores del Hambre Cero que se levantaron en armas porque los gobernadores son demasiado po pohýi, según lo dijo uno que sabe mucho de esos menesteres, el senador Ovelar.
El problema del Paraguay es el robo. Dejemos de embromarnos. El Estado es una creación del crimen organizado que opera bajo los visos de legalidad y es una compleja y bien aceitada maquinaria que permite ganar elecciones y administrar durante 5 años más de 10 mil millones de dólares luego de haber “invertido” 40 millones en campaña.
Es un grandísimo negocio y los que lo administran lo saben, lo viven y se ufanan. Ni el narcotráfico o el tráfico de armas paga tan bien.
Es también el resultado de la horrorosa impunidad. En cualquier país del mundo si un senador dice que recibe quejas de proveedores de Hambre Cero que deben oblar grandes sumas para ganarse licitaciones o liberar el cheque, algún fiscal debería llamarle a que declaren los denunciantes para procesar a los gobernadores o el senador pasar los nombres.
La mordida entre colorados cartistas ha sorprendido a la de Concepción y al del Alto Paraná que quedaron desconcertados del “fuego amigo”.
El de Guairá zafó por la amistad con Bachi Núñez –según Ovelar– y ya dijo que así no da gusto y que si siguen con eso irá a su estancia a contar sus vacas 350 millones de dólares es el presupuesto del Hambre Cero, un programa estrella que hará millonarios a muchos.
Hay demasiado por repartir en sobres, fiestas de 15 o mansiones en San Bernardino. La piñata es tan atractiva que puede con facilidad financiar la campaña presidencial de cualquiera con sus 40 millones de dólares para administrar después el robo de los seis millones diarios.
Esto es lo que impide que tengamos una salud digna y decente. Por eso, no alcanza el dinero y el Ministerio de Economía le dice a su colega de Salud que cualquier gasto para ser pagado deberá ser aprobado antes por la pesada burocracia. Esa que puede tardar dos semanas en hacer un mero trámite mientras se mueren los pacientes en los hospitales del corazón de niños y adultos. Mientras, el procurador general de la República celebra haber ganado juicios a pacientes que reclamaban ayuda del Estado para enfrentar sus dolencias terminales. Triunfo es ganarle a los ladrones, juzgarlos y condenarlos de manera ejemplar para que nadie nunca más ose tocar el dinero de todos. Por ese sumidero se van nuestros muertos, analfabetos, pacientes y todo un país marginado de la educación y de vivir con dignidad. El robo es el gran problema paraguayo y la impunidad lo estimula, alienta y consiente.
Los gobernadores privados de los fondos se enojan porque alzaron en demasía sus porcentajes al punto que los proveedores ya no tienen margen de ganancia. Los po vevúi quedaron atrás porque son alentados desde la cabeza que nada pasa, aunque te pillen con sobres llenos de dólares en tu casa o no puedas justificar la mansión construida en terreno ajeno. Si ese es el ejemplo de arriba, los de abajo solo buscan parecerse al jefe. Este no se despabila ni con una madre atragantada con langostinos y salvada por una mesera que gana apenas el sueldo mínimo, su padre requiere cirugía cardiaca y carece de casa. Todo lo opuesto al despertar del gigante que sigue dormido y... saqueado.
El ministro del Interior lo dijo con claridad y fuerza. Es el mismo que nos dijo que el crimen organizado llegó al poder y que fue el responsable como intendente de Asunción del incendio del Ykua Bolaños con 400 muertos, ministro de Educación, presidente del Consejo de la Magistratura, diputado y senador. Ya pueden darse cuenta de lo mucho que sabe y la autoridad que tiene para decirlo. Con mucho de cinismo de por medio ni por casualidad le pidan que acabe con el robo ya pueden imaginar el porqué.