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domingo 13 de agosto de 2017, 01:00

El último año de Cartes y el desafío de su proyección

Estela Ruiz Díaz @Estelaruizdiaz
Por Estela Ruíz Díaz

Desde el próximo martes 15 de agosto, el reloj iniciará la cuenta regresiva del último año de Horacio Cartes en la presidencia de la República.

Sin dudas, la gestión del empresario tabacalero tiene impronta propia, a pesar de representar a la agrupación política más tradicional y conservadora como el Partido Colorado, que se entregó totalmente a él estando en la dura y fría llanura.

Su gestión del poder es vertical, excluyente, instintiva, y a pesar de su inexperiencia absoluta en el campo político, supo sortear varias crisis, muchas de ellas sin la participación de la dirigencia colorada tradicional y contra lo considerado políticamente correcto.

Cartes construyó un poder paralelo con los gerentes de sus empresas que actúan en la trastienda con superpoderes. "Cartes instaló una suerte de gabinete en la sombra con la complicidad de ministros sin autoridad y sin poder real y que el Partido Colorado acepta hasta ahora", al decir de la analista Milda Rivarola.

Todo presidente necesita construir poder para tener gobernabilidad, pero ninguno llegó tan lejos como Cartes. Cuando las aguas empezaron a inquietarse en la ANR con candidaturas con proyecciones presidenciales, doblegó a sus adversarios instalando en la Junta de Gobierno a un desconocido. Pedro Alliana fue el primer ensayo exitoso de su visión personalista de la política en la que la dirigencia tradicional que lo apoya tiene rol secundario.

LA DERROTA MÁS SONORA. La ANR tiene la particularidad de ser oficialismo y oposición al mismo tiempo. La virulencia de su interna es el mayor problema de todos los presidentes de la transición. Cartes creó un enemigo cuando impuso a Alliana: Mario Abdo Benítez y sus disidentes, quienes apoyados por un sector de la oposición, le propinaron la peor derrota política: la no reelección.

Si bien logró la alianza más impensada cuando Lugo y su Frente Guasu apoyaron la arremetida para resucitar la enmienda, que terminó con una crisis cuyos costos se pagan hasta hoy, Cartes no tuvo empacho en dejar en ridículo a su partido y a sus aliados que se ensuciaron las manos, y en decisión unilateral, renunció a la reelección.

Fue entonces que tomó otra decisión sorprendente: eligió como delfín a su ministro de Hacienda, al que había afiliado un tiempo atrás. Santiago Peña es la apuesta más arriesgada porque él es la continuidad de un proceso con su sello personal. La dirigencia tradicional colorada tuvo que tragar el sapo. Nuevamente imponía su visión personalista de la política alimentada por la baja estima ciudadana de la clase política sumada a la escasa renovación.

Lo volvió a hacer con la candidatura a gobernador en Central. Humilló dos veces a la dirigencia tradicional. Primero eligiendo al presentador Rubén Rodríguez y cuando este renunció y algunos políticos hicieron fila para ser elegidos, pero posó su dedo sobre otro presentador, Hugo Javier, al que "robó" de otro movimiento.

La lista al Senado es otro misterio. Nadie sabe si está o no en la lista. El arma de Cartes es el secretismo. Lo fue así con la reelección. Lo fue con su delfín presidencial y recientemente con el subsidio a los campesinos.

Sabe jugar al límite.

ESCENARIO LIBRE. Planificado o no, la crisis de la enmienda generó grietas en todos los partidos, pero la consecuencia mayor fue para la oposición que quedó sin candidato de consenso. La historia electoral demuestra que sin alianza, los colorados ganan las elecciones. Este es el escenario que se vive hoy y por ello se dice que el ganador de la interna colorada del 17 de diciembre será el presidente potencial.

No es de buscar diálogos ni consensos. Está a la vista la cuestión campesina. Aprovechó el mal humor social para rechazar el subsidio y como si fuera poco, los maltrata verbalmente. Mató dos pájaros de un tiro: a Lugo lo dejó maltrecho; y Marito Abdo como un incoherente ya que en principio apoyó el plan rural, pero ahora acepta el veto.

Su gran triunfo mediático es haber construido un relato, del que carecen sus oponentes.

Y eso que el crecimiento de la pobreza derrumbó uno de sus ejes.

Le queda un año de gestión y cuatro meses de intensa crispación. La interna colorada aún no inició el tramo más álgido de la campaña.

El 17 de diciembre se sabrá si el cartismo tiene proyección o termina abruptamente.

En tanto, inmune a todo, Cartes sigue siendo Cartes.