‘‘El tajamar de Quyquyhó es fundamental para la vida rural, porque en épocas de sequía es el único lugar que mantiene un caudal adecuado y permite dar agua diariamente a más de 500 animales vacunos”, destacó Antonio Bobadilla, coordinador de este trabajo.
El proyecto tuvo como objetivo central revertir el avanzado estado de degradación del tajamar, un reservorio antrópico con más de cien años de historia y de uso comunitario.
Según explicó, el principal factor de deterioro fue la invasión de la lechuga de agua (Pistia stratiotes), una planta acuática que no formaba parte del ecosistema original del tajamar.
“Esta especie no es autóctona del tajamar y desplazó al jacinto de agua, que durante décadas se mantuvo en equilibrio y cumplía funciones claves como refugio de fauna, regulación de la temperatura y purificación del agua”, indicó.
La rápida reproducción de la lechuga de agua provocó la cobertura total del espejo de agua en menos de un año, generando procesos de eutrofización, disminución del oxígeno disuelto y una fuerte afectación a la vida ictícola.
Ante esta situación, se ejecutaron acciones de mitigación y recuperación ambiental de bajo impacto y alta eficacia. “Optamos por soluciones simples, técnicamente viables y económicamente accesibles, priorizando el trabajo manual y el voluntariado”, explicó.
En ese marco, se realizó la extracción manual de aproximadamente 10 toneladas de lechuga de agua en unos 700 metros cuadrados, utilizando herramientas básicas como tacuara, sogas y redes de arrastre, para luego trasladar el material y reutilizarlo como abono orgánico.
Además de la recuperación del espejo de agua, el proyecto incluyó la remoción de sedimentos, la limpieza de residuos y basuras, y la restauración hidrológica y forestal de las riberas. Se plantaron 20 especies arbóreas nativas y autóctonas, con el objetivo de mejorar el estado fitosanitario de la vegetación de ribera y reducir los riesgos de nuevas degradaciones. “La reforestación es clave para estabilizar las márgenes, mejorar la calidad del agua y devolverle al tajamar su equilibrio natural”, señaló el ambientalista.
En paralelo, se llevaron adelante mingas ambientales para acondicionar áreas de recreación y uso turístico, recuperando espacios que estaban degradados. “No se registraron daños ni mortandad de peces durante la ejecución del proyecto, y la calidad del agua volvió a presentar condiciones adecuadas para la vida acuática”, afirmó Bobadilla, quien remarcó que la recuperación ictícola se dará de manera natural, a medida que el ecosistema se estabilice.
El proyecto fue financiado con aportes voluntarios de pobladores de Quyquyhó y ejecutado por 40 voluntarios, lo que –destacó– refuerza su carácter comunitario.
“La rentabilidad de esta intervención no se mide en términos económicos, sino en bienestar ambiental, social y cultural para la comunidad”, sostuvo.
Como resultado, el tajamar recuperó su caudal ecológico, su valor paisajístico y su función social. “Gracias al trabajo de los voluntarios, el tajamar volvió a ser un espacio de encuentro, recreación, pesca y atractivo turístico, como lo fue durante generaciones”, concluyó Bobadilla.