Mucho antes del amanecer, el humo del eucalipto comenzó a elevarse sobre el predio y el inconfundible aroma del costillar cocinado lentamente toma cuenta del entorno.
Detrás de ese espectáculo hay horas de trabajo, fuego a leña y una técnica que se transmite con dedicación para ofrecer una carne tierna y llena de sabor.
Amílcar Sanchetin, quien desde hace cinco años coordina la preparación junto a su equipo, relató que la jornada comenzó a la 1:00 de la madrugada, cuando los parrilleros colocaron los costillares en las estacas.
Cerca de las 3:40 se encendió el fuego, alimentado exclusivamente con leña de eucalipto reforestado, combustible que aporta el característico sabor ahumado de la carne.
“Se cocina hasta las 12:15, cuando se inicia a entregar los pedidos. La carne queda bien blanda para que la gente pueda saborearla”, comentó Sanchetin.
Para mantener el fuego durante toda la cocción se utilizan alrededor de 80 metros de leña, que permiten una preparación lenta y uniforme durante casi nueve horas.
Este año se cocinan 175 costillares, todos vendidos anticipadamente, además de 1.300 kilos de carne a la estaca que estarán disponibles para la venta durante la jornada.
Con esa producción, la organización espera recibir entre 7.000 y 7.500 personas, que año tras año convierten al tradicional asado a la estaca en uno de los principales atractivos de la celebración.