El Vía Crucis Mayor, una manifestación religiosa profundamente arraigada en la tradición cristiana, invita a los fieles a acompañar espiritualmente a Jesucristo en su camino hacia la crucifixión, participando con esfuerzo y penitencia del misterio de la redención.
Lejos de ser una simple representación, el Vía Crucis se configura como una experiencia colectiva que involucra a toda la ciudad. Cerca de 200 personas forman parte de la organización visible, distribuidas en distintas escuadras que estructuran la procesión.
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Según explicó el coordinador del evento, Javier Brítez, esta manifestación es fruto de un trabajo conjunto que va mucho más allá de quienes encabezan el recorrido, sostenido por el compromiso silencioso de numerosos colaboradores.
La actividad cuenta con el apoyo de la municipalidad, al que se suma el rol activo de las tres parroquias de la ciudad, que año tras año respaldan la organización y fortalecen el sentido comunitario de la celebración.
El recorrido inicia en la parroquia Sagrado Corazón de Jesús del Área 6 y se extiende por aproximadamente dos kilómetros y medio hasta la parroquia Nuestra Señora de la Asunción, donde se representa la última estación del Vía Crucis.
A lo largo del trayecto, la procesión avanza en un orden simbólico que combina tradición, fe y expresión cultural. Niños, sacerdotes, cantores y fieles participan en una secuencia que da vida al camino de Cristo, mientras las matracas evocan con su sonido los momentos de dolor vividos durante la pasión.
Uno de los aspectos más característicos de esta celebración es la participación activa de los asistentes. Lejos de adoptar un rol pasivo, los fieles son invitados a cargar pequeñas cruces durante el recorrido, convirtiendo el acto en una vivencia personal de fe y penitencia. Este gesto refuerza el sentido profundo del Vía Crucis como un camino compartido, donde cada participante se involucra espiritualmente.
El desarrollo incluye también momentos de escenificación acompañados de cantos tradicionales, que representan episodios como el encuentro de Jesús con su madre, el gesto de la Verónica o el consuelo a las mujeres de Jerusalén.
Estas expresiones buscan enriquecer la experiencia espiritual mediante la belleza y el arte, favoreciendo una mayor conexión con el mensaje central de la celebración.
El párroco de la parroquia Nuestra Señora de la Asunción, fray Nelson Arzamendia, destacó que esta iniciativa permite a los fieles encontrar consuelo y esperanza al contemplar el sacrificio de Cristo, al tiempo que valoró la unidad entre la Iglesia, las autoridades y la comunidad como un signo positivo para la sociedad.
La preparación del Vía Crucis implica semanas de trabajo que incluyen ensayos, organización logística y coordinación de cada detalle. Todo ello converge en una noche en la que la ciudad se transforma en un espacio de encuentro espiritual.
El propósito, coinciden sus organizadores, es que quienes participen vivan una experiencia que deje huella, renovando su fe y su compromiso.